Irene Rodríguez. 22 octubre, 2018
En este momento hay una media docena de ensayos clínicos buscando una vacuna contra el VIH.

“El VIH es un virus sumamente hábil, logra mutar y cambiar su estructura genética constantemente para huir de posibles vacunas o fármacos que busquen acabar con él. Por eso mismo, debemos unirnos para acabar con él”.

Las palabras de Georgia Tomaras, investigadora de la Universidad de Duke, Estados Unidos, sobre la necesidad de una vacuna contra el VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida) tuvieron eco este lunes al comenzar el Congreso de Investigación para la Prevención del VIH (HIVR4P, por sus siglas en inglés), que se desarrollará esta semana en Madrid, España.

En el marco del primer día del congreso, científicos y autoridades de salud de todo el mundo dieron vida a la Estrategia Global para la Vacuna contra el VIH. En ella se comprometieron a unir esfuerzos durante cinco años para la obtención de una vacuna contra este virus, que hasta el momento ha sido culpable de la muerte de más de 35 millones de personas desde 1982.

De momento, no existe cura para esta enfermedad. Los esfuerzos, con los recursos existentes, se enfocan hacia prevenir la transmisión manteniendo la fidelidad en pareja y utilizando un preservativo en las relaciones sexuales. En algunos países también se practica darles parte de algunos medicamentos antirretrovirales a las poblaciones de mayor riesgo de contagio (parejas de personas portadoras y algunos trabajadores sexuales), lo que se conoce como profilaxis pre exposición (o Prep).

Por su parte, en quienes ya portan el virus, el tratamiento va dirigido hacia potenciar las defensas, controlar los síntomas y evitar que el VIH se reproduzca dentro de las células del sistema inmunitario, para así mantener la carga viral (número de copias del virus) lo más baja posible.

“Necesitamos más colaboración entre distintos actores, incrementar y diversificar la financiación y fortalecer el compromiso político, además de identificar de manera clara las vías de acceso a la vacuna para el futuro”, señaló Linda-Gail Bekker, quien presentó la estrategia en el Congreso. Esta investigadora fue galardonada este lunes con el premio Desmond Tutu 2018 a la Investigación para la Prevención del VIH y los Derechos Humanos.

En su discurso añadió: “no esperamos una varita mágica ni un prototipo capaz de superar todos los obstáculos, pero sí mayores avances para algo que muchas personas necesitan. En este momento hay más de 37 millones de personas portadoras de VIH en el mundo y no queremos más”.

Virus ‘inteligente’
Esta imagen muestra al virus del VIH tratando de engañar al sistema inmunitario para ingresar. Fotografía: Comunicación Científica Nexu y Trinity College Dublin
Esta imagen muestra al virus del VIH tratando de engañar al sistema inmunitario para ingresar. Fotografía: Comunicación Científica Nexu y Trinity College Dublin

El VIH es un virus mayoritariamente de transmisión sexual, viaja en los fluidos que se intercambian durante las prácticas sexuales y así ingresa al cuerpo humano. Hay otras formas de transmisión menos frecuentes, como transfusiones con sangre infectada y el uso de agujas contaminadas con el virus.

Este microorganismo requiere un organismo humano para subsistir y reproducirse. Con ese fin, el material genético del virus se inyecta en las células inmunitarias y las destruye. En otras palabras, poco a poco “coloniza” las diferentes células de las defensas del cuerpo.

Si este virus no se controla con el tratamiento antirretroviral, puede desencadenar en sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), que se da cuando ya las defensas están muy bajas, y cualquier infección causa daños graves a la salud, incluso la muerte.

A esto también se le une la genética del paciente, pues algunas mutaciones propias de la persona que porta el virus hacen que no toleren de la misma forma los medicamentos, o que su eficacia no sea tan alta.

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Esfuerzos sin resultados contundentes

Precisamente, uno de los principales obstáculos que ha tenido la ciencia para obtener una vacuna contra el VIH es la rápida velocidad con la que este virus muta. En su lucha por persistir en el cuerpo humano y fortalecerse, el microorganismo cambia constantemente su genética y esto hace que sea más difícil obtener una vacuna o cura.

A esto se le agrega la gran variabilidad del virus. Hay dos tipos de VIH: el VIH-1 y el VIH-2, de ellos, la ciencia estudia más el primero porque es el más común y el que afecta a la gran mayoría de pacientes. Además, hay un cantidad de subtipos, cada uno con su identidad genética. Los científicos se concentran principalmente en los subtipos A, B y C del tipo de VIH-1, pues son los que más golpea a la población mundial.

En la actualidad se están haciendo varias investigaciones para obtener la inoculación o encontrar anticuerpos que puedan ser clave. Durante el congreso HIVR4P se presentaron diferentes estudios preclínicos realizados en macacos y otros simios y se habló de los ensayos en humanos.

Una de las líneas está en potenciar las células en el sistema inmunitario para que ataquen directamente a este microorganismo de transmisión sexual.

“Revisamos las respuestas en los sistemas de defensas de macacos y los comparamos con los que hemos visto en el ensayo con seres humanos (de la vacuna experimental que se prueba en personas en Estados Unidos, Tailandia y el este de África). Encontramos una vía en las células B (un tipo de células del sistema inmunitario) para una mayor protección contra el virus. Esta respuesta también se vio en la vacunación contra la fiebre amarilla, lo cual nos da una señal de que potenciar esta respuesta podría funcionar", recalcó Rasmi Thomas, quien participa de los esfuerzos del programa MHRP, que tiene el ejército de Estados Unidos para conseguir una vacuna contra el VIH.

"Es decir, la vacuna tendió a potenciar estas células. Esto podría significar que si reforzamos la acción en estas células podríamos obtener más anticuerpos que protejan contra el virus”, agregó la investigadora.

Durante el congreso, de igual manera, se presentaron nuevos resultados de la iniciativa Traverse, que se aplica a unas 200 personas en Uganda y Estados Unidos. La compañía Johnson & Johnson es la encargada del desarrollo de este ensayo clínico de Fase II (donde se prueba la seguridad de la vacuna y sus efectos secundarios).

Los resultados comparan a una vacuna trivalente (que protege contra tres subtipos de virus) y a una vacuna una tetravalente (que protege contra cuatro subtipos).

“Vimos que ambas vacunas tienen buena aceptación en el cuerpo humano, los efectos adversos son leves o moderados. En cuanto a la protección contra el virus, observamos que ambas vacunas potenciaron el sistema inmunitario, pero la respuesta de mayores anticuerpos fue mejor en la vacuna tetravalente. Falta aún mucho por estudiar en una población mayor, esperamos tener nuevos resultados en el 2021”, resaltó Daniel Stieh, coordinador de la investigación Traverse.

Además, otro esfuerzo para conseguir una vacuna, liderado por los Institutos de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés), lo que hace es indagar cómo los anticuerpos, aminoácidos y proteínas podrían ser una opción de inoculación. De momento, solo se ha probado en monos Rhesus.

En este caso, los científicos probaron ocho aminoácidos en una región crítica para la entrada del virus en las células del sistema inmunitario. Con base en esto, se creo una vacuna y se les inyectó a los animales. Luego de ocho dosis de la vacuna experimental el 72% de los simios tenían niveles de protección suficientes contra el virus.

A la lista de esfuerzos se unen otros cuatro estudios con vacunas experimentales que se efectúan en diferentes partes del mundo, pero aún no generan resultados.

Estudiar anticuerpos para entender al enemigo
Esta imagen muestra cómo el VIH ataca las células del sistema inmunitario. Fotografía: Cynthia Goldsmith/CDC

Este lunes también se presentaron nuevos descubrimientos relacionados con anticuerpos. Estos permiten entender mejor al virus y podrían ser clave en nuevos intentos de vacuna, cura o medicamentos para el control del virus que produzcan menos efectos secundarios.

Dentro de estos logros están tres anticuerpos que podrían neutralizar la acción de reproducción del virus.

Los investigadores de este estudio analizaron pacientes con VIH y les tomaron muestras de la médula espinal y compararon sus anticuerpos con un panel de 117 células virales. Los científicos se concentraron en anticuerpos que actúan justamente hacia el “sobre” del virus, que es su capa más externa y que codifica al microorganismo.

Con eso identificaron tres anticuerpos que podían neutralizar la acción de todo el panel. Estas sustancias se llaman N49P6, N49P7 y N49P11.

Luego, compararon esta acción con la de anticuerpos descubiertos anteriormente y vieron que los tres nuevos tenían una acción más eficaz. El más poderoso resultó ser el N49P7.

“Estudiamos en detalle N49P6 y N449P7 y vimos cómo interactúan con el VIH. Lo que notamos es que llegan más allá y se internan en el virus, por esta razón pueden ser clave para mantener controlado el virus. De momento, esto solo lo hemos visto en un tubo de ensayo en un laboratorio. Todavía falta estudiarlo mucho más en células vivas, primero en animales y luego en seres humanos”, explicó Mohammad Sajadi, del Insituto de Virología Humana de la Universidad de Maryland, EE. UU., uno de los investigadores.

Otra investigación presentada este lunes, tuvo e que ver con formas de conocer al virus y su manera de mutar. Si eso se logra, sería más fácil buscar armas para atacarlo. Bajo esa premisa, los investigadores se dieron a la tarea de analizar la estructura del microorganismo; ellos fueron liderados por Gaurav Gaiha, del Instituto Ragon, ente conjunto con el Hospital General de Massachusetts y de las Universidades MIT y Harvard.

“Tomamos la estructura tridimensional del virus con sus proteínas y aminoácidos y lo transformamos en una estructura de dos dimensiones, como si fuera un dibujo, para ver cómo interactuaban los diferentes componentes. El objetivo era descubrir zonas clave del virus”, destacó Gaiha.

“Vimos que el virus, cuando se le mutaba in vitro (en el laboratorio) perdía su capacidad de replicarse. Sin embargo, había una serie muy extraña de regiones virales que se resistían y que más bien respondían hacia las células T (tipo de célula del sistema inmunitario). La vimos en detalle y pensamos que encontramos regiones clave del virus. Esto podría tener utilidad para hacer, eventualmente, una vacuna que funcione al potenciar las células T”, agregó.

Con cautela

Todos los investigadores son enfáticos en un punto: estas posibles soluciones están aún a un nivel experimental y es posible que no pasen todas las pruebas que se requieren antes de convertirse en una opción para los pacientes.

Los especialistas aprovecharon para recalcar que no hay registro de curas para este virus y la única solución de momento es mantener la carga viral lo más baja posible.

En este sentido, los expertos aclararon durante el congreso que no se produjo una cura en seis pacientes tratados con células madre como algunos medios de prensa lo hicieron ver la semana pasada. Lo que ocurrió con ellos fue que los niveles de carga viral resultaron indetectables por la prueba, pero eso no quiere decir que las personas no tengan virus del todo. Tampoco implica que estas personas no vuelvan a presentar nuevamente niveles más altos del virus en su sangre.