Por: David Vargas.   31 mayo
Foto: Shutterstock.
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La inteligencia artificial, un concepto que no hace muchos años sonaba como a historia de ciencia ficción, es hoy una realidad alcanzable. Científicos e ingenieros han logrado que las computadoras puedan analizar cantidades enormes de datos y detectar patrones, y han construido redes neurales artificiales que emulan el proceso de pensamiento humano.

Esta emulación se define como deep learning (pensamiendo profundo) y es lo que actualmente impulsa una vertiente del avance de la inteligencia artificial para que sea cada vez más útil. Hoy tenemos un poder computacional suficientemente poderoso junto con una enorme cantidad de datos para poder entrenar a estas redes neurales a pensar.

Las computadoras usan esos datos y aprenden de ellos, esto genera más datos y el ciclo se repite para que exista un aprendizaje continuo.

Así es como el reconocimiento de voz en los asistentes digitales como Google Assistant, Siri, Cortana y Alexa mejoran cuanto más interactuamos con ellos.

¿Qué podemos esperar de esto? ¿Hasta dónde vamos a llegar? No hay peligro de que las máquinas nos sustituyan, pero sí hay una serie de tareas en las que nos pueden auxiliar en un futuro cercano.

La publicación Big Data Made Simple enumera algunas de las opciones donde podemos ver los procesos de inteligencia artificial apoyándonos en la vida cotidiana. El transporte automatizado está hoy en sus primeras etapas. Ya existen vehículos autónomos, pero todavía requieren supervisión humana para evitar accidentes. Estamos más cerca de lo que creemos para ver un transporte público totalmente autónomo.

La tecnología Cyborg puede auxiliar las limitaciones propias de nuestro cuerpo. Personas que hayan sufrido amputaciones podrían tener extremidades inteligentes que sean capaces de comunicarse con nuestro cerebro y aprender movimientos cada vez más precisos y naturales.

Robots inteligentes podrán encargarse de trabajos en ambientes peligrosos. No estamos lejos de ver a estas máquinas desactivar una bomba sin la ayuda de los humanos o de que puedan hacer trabajos de soldadura y evitar que las personas se expongan a humos tóxicos, daños en la vista o ambientes extremadamente ruidosos.

Las máquinas son infinitamente más capaces de analizar cantidades enormes de datos que los humanos. Las computadoras podrían ser asistentes incansables de científicos que estudian la incidencia de cierto tipo de tumores o el impacto de ciertas actividades en el clima.

El cuidado de enfermos y personas de la tercera edad es un campo donde la robótica y la inteligencia artificial pueden mejorar la calidad de vida de estas personas. Estas máquinas podrían auxiliarlos y darles un nivel alto de independencia y hasta hacerles compañía, ayudándoles así con su estado de ánimo.

En Costa Rica, investigadores del Tecnológico de Costa Rica (TEC) trabajan en el aprendizaje automático con una iniciativa llamada Parma (Pattern Recognition and Machine Learning). José Carranza, cofundador e investigador del grupo, destaca que Parma trabaja en analizar tejidos con cáncer, predecir la edad de un paciente utilizando rayos X, y la detección automatizada de plantas por medio de imágenes.

"El enfoque que tenemos en el grupo Parma es hacia la vida; combinando elementos de biodiversidad con la inteligencia artificial, lo cual no es tan común", apunta Carranza. Juan Luis Crespo, docente e investigador del TEC, cree que no hay un área o actividad que no se pueda ver beneficiada por la inteligencia artificial.

El Laboratorio de Inteligencia Artificial para las Ciencias Naturales (Liana) es una iniciativa del TEC que trabaja en conjunto con la Universidad de Costa Rica en proyectos como la investigación con modelos matemáticos de cómo responden determinados cultivos celulares ante determinados fármacos y poder evaluar su utilización como opciones de quimioterapia. También utilizan redes neuronales para estudiar problemas agrícolas.

Crespo cree que el futuro de la inteligencia artificial está en una interacción cada vez más natural entre máquinas y humanos, así como un crecimiento de flexibilidad en el desarrollo de la información.