
Similar a como lo ha hecho en el último lustro, el periodista Ismael Cala está de visita en Costa Rica para su tradicional retiro Secretos del Bambú, que se desarrollará esta semana en Montaña Azul de Pérez Zeledón.
El reconocido comunicador, quien pausó su carrera televisiva en el 2016 tras renunciar a su trabajo en CNN en Español, aprovechó su tiempo antes de viajar a la zona sur del país para encontrarse con reclusos de la cárcel Reynaldo Villalobos Zúñiga, en San Rafael de Alajuela, donde les dictó una charla motivacional el lunes anterior.
Un día después del particular encuentro con una parte de esa población carcelaria, Cala conversó con Viva. Habló de ambas citas, de los años que lleva alejado de las cámaras, y de si tiene apertura a aceptar una oferta que lo devuelva a las luces, cámaras y estudios de televisión.
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—Usted se ha convertido en un visitante frecuente de nuestro país. ¿Qué significa para usted retornar a Costa Rica cada año?
—En mi visita del año pasado sentí un cambio en la percepción del ‘pura vida’ y de la cultura de paz de Costa Rica. Sentí al tico con los nervios crispados porque la división política que dejó las elecciones presidenciales hicieron como una brecha ideológica. Este año percibo que eso ya pasó, que hay más normalidad y que se volvió a la coexistencia pacífica del país, porque Costa Rica ha dado una lección al mundo y sobre todo a América Latina, al no tener Ejército y eso no ocurre por decreto de nadie, ocurre porque la conciencia colectiva del país y los ciudadanos ticos han asumido la no violencia como la cultura de paz. Es preocupante cuando uno ve que algo puede entorpecer ese designio del tico de ser alguien que dice ‘pura vida’ y tenga paz; eso me encanta de ustedes.
"Disfruto mucho venir a este país porque siento la energía donde la naturaleza es la protagonista, aún en una ciudad como San José, en la que sigues viendo los árboles, sintiendo el verde, viendo las montañas. Esa conexión con lo esencial y la naturaleza es lo que busco, porque lo que hace vibrar a este país es la energía de los ticos en consonancia con el cuidado, casi sagrado, que han tenido por conservar la biodiversidad que tienen y por eso lo han convertido en marca país”.
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—Este año su visita tuvo una agenda más cargada de actividades: además de Secretos del bambú dio una charla en una cárcel...
—Hemos hecho un uso maravilloso de esta semana en Costa Rica porque sí, originalmente lo que nos trae cada marzo al país es nuestro retiro Secretos del Bambú, pero siempre realizamos alrededor de ese viaje otros propósitos. El año pasado comenzamos a colaborar en un programa de disminución de la violencia que desarrollan en convenio instituciones y asociaciones del país, y ayer (el lunes) tuve una jornada de una tarde inolvidable al compartir una charla, una sesión de preguntas y respuestas, además de una corta meditación con privados de la libertad o movilidad de una cárcel de Alajuela. En setiembre estaré de vuelta para desarrollar la misma actividad en La Reforma y la cárcel de mujeres.
—¿Ya había tenido la oportunidad de desarrollar este programa en otros centros penitenciarios de otras partes del mundo?
—No. Había estado en prisión para entrevistar a un narcotraficante, pero nunca había tenido la oportunidad de ir a transformar, de ir a poner un granito de arena en el despertar y la elevación de la conciencia de esas personas. La verdad me identifico mucho, porque quizás no todos en nuestras familias hemos tenido a alguien que perdió su libertad, pero en mi caso, mi abuelo materno estuvo preso y yo recuerdo las historias de mi madre de ir a visitar a mi abuelo, la requisa personal muy íntima que le hacían para entrar a la cárcel. Y mi abuelo estuvo preso, ni siquiera por un delito común, sino por ser preso político, por oponerse a Fidel Castro y la revolución.
"Entonces en mi memoria, el yo entrar a los centros penitenciarios es no juzgar porque dentro de un centro penitenciario vivió mi abuelo, hasta que años después logró una amnistía que lo sacó a New Jersey, Estados Unidos. Él estuvo en la cárcel con presos comunes por otros delitos, entonces es parte de la historia, siento que estoy honrando también la memoria de mi abuelo visitando estos centros penitenciarios”.
—¿Le resulta más enriquecedor presentar este programa en instituciones con esas características?
—Por supuesto, porque sientes que ellos lo aprecian más. Uno pensaría que no son capaces de abrir tanto su corazón y es todo lo contrario. Hay gente que está afuera, que no está presa en un centro penitenciario, pero está presa de sus rutinas, sus creencias y ellos (los prisioneros) como han tenido tiempo de reflexionar en soledad y aislamiento, tienen su corazón mucho más dispuesto y disponible a sensibilizarse, abrirse y a cambiar. Es mucho más fácil que cuando te sientas en una empresa con ejecutivos, gerentes y gente que no está privada de movilidad, pero que está presa de su estrechez mental y de sus egos.
—De la mano con eso, también desarrollará estos retiros en Pérez Zeledón. ¿De qué tratan estos encuentros?
—Puede asistir cualquier persona; sin embargo, digo que el mensaje llega cuando uno está listo para escucharlo, porque uno le habla a una persona de un retiro en una montaña y le dicen que no es para ellos, que eso es para monjes tibetanos; pero no. Todo ser humano necesita hacer una pausa, salir de su cadena de producción interminable y dedicarse un tiempo para la curación, el crecimiento y la exploración más allá de quién soy yo, más allá de lo que hago y de lo que tengo. Todo lo que ahí hacemos, practicamos y hablamos está basado en investigaciones científicas.
—Me da la impresión de que todo esto vino a ponerle cerrojo a cualquier intención de volver a la pantalla...
—Siempre sentí que el alejarme de las pantallas era una pausa estratégica porque tenía que encontrarme más adentro. Me sentí un poco medio perdido entre las luces, el aplauso, el gran reconocimiento que ese programa me dio, y la gran exposición mediática. Cuando tu ego se siente perdido y es el dictador que domina los ejes de tu vida, ahí hay una señal de alarma donde tienes que tener la voluntad de decir ‘pausa’ porque hay algo qué trabajar.
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"Y yo sentí y honré ese llamado. Un regreso a la pantalla ya no depende de mí, obviamente lo intenciono y le digo a Dios que si siente que Ismael Cala es un vehículo para Él en un medio masivo de comunicación, que me regrese a la pantalla porque estoy abierto para hacerlo, pero eso depende de los ejecutivos de las televisoras. Ojalá ocurra (un regreso), no está en mis manos, pero sí en mi disposición decir que con todo lo que he aprendido más allá del momento del 2016 cuando salí, el Ismael que regresará será más sabio y fuerte espiritualmente. Creo que haría un mejor periodismo”.
—¿Ha habido acercamientos con televisoras?
—Pero acercamientos tímidos, informales, no con CNN, nunca hubo un acercamiento, no por mi parte, sino por la de ellos, porque será cuando ellos decidan; y si no es con CNN hay otros medios. Pero no ha habido un acercamiento formal.
—Tuvo un programa propio de entrevistas, digital, pero le dio exposición...
—Sí, de hecho se pasó en Costa Rica unas semanas. Es un programa que, inicialmente, fue hecho para YouTube, pero la exploración de que funciona o no en TV es una lotería, porque no surgió para ser puesto ahí.
—¿La entrevista es el formato en el que se siente más cómodo?
—Es que las entrevistas para mí no las veo como trabajo, yo siento que se me da fácil porque tengo la inmensa curiosidad por conectar con los seres humanos, qué hacen, cómo ven el mundo… Es el escenario ideal de un formato en el que yo querría regresar, pero no descarto un programa que tenga más que entrevistas: variedades, música, nutrición, cocina.

