
El cine perdió a uno de sus rostros más sobrios y magnéticos. Robert Duvall, actor de mirada contenida y presencia imponente, falleció este 16 de febrero a los 95 años, dejando tras de sí una galería de personajes que marcaron generaciones.
Ganador del Óscar y figura esencial de El Padrino, su legado quedó impregnado en algunas de las escenas más memorables de la gran pantalla, donde el silencio, un gesto mínimo o una frase dicha en voz baja bastaban para dominarlo todo. Más de 70 años de destacada trayectoria son la prueba irrefutable de su talento.
La noticia de su deceso fue confirmada por su esposa, Luciana Duvall, a través de la página oficial del actor en Facebook.
“Ayer nos despedimos de mi amado esposo, querido amigo y uno de los mejores actores de nuestro tiempo. Bob falleció en paz en casa, rodeado de amor y consuelo”, comentó su esposa.
“Para el mundo, era un actor ganador del Óscar, un director, un narrador. Para mí, lo era todo”, agregó.
Luciana agradeció el cariño del público y el respeto a su intimidad en este momento de duelo. Además, destacó la profunda pasión que sentía por su oficio: “Solo era comparable a su profundo amor por los personajes y una comida exquisita....en sus papeles siempre dejaba algo duradero e inolvidable”.
Los papeles que lo hicieron leyenda
Ganador del premio Óscar al mejor actor por Tender Mercies (1983), Duvall fue reconocido por su versatilidad y talento en icónicas producciones como El Padrino, Apocalipsis ahora y Matar a un ruiseñor, entre muchas otras.
Su carrera abarcó siete décadas, en las que brilló tanto en roles protagónicos como secundarios, y continuó actuando incluso después de los 90 años.
Entre sus personajes más memorables figuran Tom Hagen, el abogado leal y de voz serena de las dos primeras entregas de El Padrino, y el teniente general William Kilgore, fanático del surf, en la épica sobre la guerra de Vietnam Apocalipsis ahora (1979).
Este último personaje le valió una nominación al premio Óscar y la fama internacional, gracias a su icónica línea: “Me encanta el olor del napalm por la mañana”.
El papel, originalmente concebido para ser más exagerado —se iba a llamar Coronel Carnage—, fue refinado por Duvall, quien suavizó su interpretación para darle un matiz más humano.
Duvall llegó tarde a la fama: tenía 31 años cuando interpretó al misterioso Boo Radley en la adaptación de 1962 de Matar a un ruiseñor, basada en la novela de Harper Lee.
Luego, construyó una filmografía extensa con papeles tan variados como el ejecutivo corporativo autoritario de Network (1976), el severo oficial de la Marina en The Great Santini (1979) y el cantante de country en decadencia de Tender Mercies (1983), por el cual ganó su único Óscar tras siete nominaciones.
Aun así, Duvall solía decir que su papel favorito era el del entrañable vaquero Augustus McCrae, en la miniserie Lonesome Dove (1989), basada en la novela de Larry McMurtry. “Ese es mi ‘Hamlet’”, confesó al New York Times en 2014.
“Los ingleses tienen a Shakespeare; los franceses, a Molière. En Argentina, tienen a Borges, pero el western es nuestro. Me gusta eso”, agregó.
La crítica de cine Elaine Mancini lo describió una vez como “el actor más competente técnicamente, el más versátil y el más convincente de la pantalla en los Estados Unidos”.

Raíces y vida personal
Nacido en 1931, hijo de un oficial de la Marina y de una actriz aficionada, Duvall estudió teatro antes de servir dos años en el Ejército de los Estados Unidos. Más tarde se mudó a Nueva York, donde compartió apartamento con Dustin Hoffman y era amigo de Gene Hackman: tres jóvenes soñadores que buscaban abrirse paso en la actuación.
El actor aseguró que en su vida profesional tuvo pocos arrepentimientos, aunque admitió haber rechazado el papel principal en Tiburón —que finalmente obtuvo Roy Scheider— porque prefería interpretar al pescador, rol que terminó en manos de Robert Shaw. Según contó, Steven Spielberg le dijo que era demasiado joven para el personaje.
También reconoció haber aceptado algunos trabajos solo por dinero. “Hice un montón de tonterías (...). Cosas de televisión. Pero tenía que ganarme la vida”, admitió a The Wall Street Journal en 2017.
Lejos de los reflectores, Duvall vivió en una casa de campo de casi 300 años en la Virginia rural junto a su cuarta esposa, la argentina Luciana, 40 años menor que él.
Duvall nunca tuvo hijos, pero dejó una huella imborrable en la historia del cine con su talento, su disciplina y su amor absoluto por la interpretación.


