La vida de Yendry Vásquez cambió para siempre hace seis años, cuando, el 4 de marzo del 2020, su única hija, Allison Bonilla, de 18 años, desapareció mientras se dirigía a su casa en Ujarrás de Paraíso, en Cartago.
Durante seis meses, la familia de Allison la buscó incansablemente. Todos los días, brigadas de rescate y voluntarios peinaban las zonas donde podría estar la joven, hasta que Nelson Sánchez, su asesino, confesó lo que había hecho con ella.
Entre el 27 y el 28 de setiembre del 2020 se hallaron restos óseos, prendas de ropa y calzado en un botadero en San Jerónimo de Cachí; posteriormente se confirmó que pertenecían a Bonilla. Sánchez cumple hoy una condena de 35 años de prisión por este crimen.
Seis años después de ese amargo capítulo, Vásquez accedió a conversar para el videopodcast de La Nación, En confianza, donde relató cómo ha sido su vida en este tiempo sin Allison, quien, según dice, era su “vida entera”.
“Aprendí a ser fuerte; en algún momento pensé que no lo era, pero al final tienes que sacar fuerzas de donde no las hay”, comentó Vásquez, quien se define como una mujer luchadora y trabajadora.
Su motivación para seguir adelante, tras un proceso judicial largo y desgastante, la encuentra en las personas que ama y que aún la acompañan. Sin embargo, reconoce que su principal razón para vivir le fue arrebatada hace seis años.
“Vivo el día, esperando el día de mañana encontrarme con ella”, expresó. “Es muy duro, no porque sean seis años puedo decir que ya pasó; para mí es como si fuera ayer”, añadió.
Vásquez, de 44 años, contó que hay quienes le dicen que “todo en la vida pasa”, pero siente que, en su caso, eso no se cumple. Para ella, los recuerdos de su hija están presentes todos los días, entrelazados con la rabia y la impotencia de no tenerla cerca porque alguien decidió terminar con su vida.
“Todos los días lloro, tal vez la gente me dice que me ven bien, y que en mi lugar se ‘habrían muerto’, y eso es lo que uno desea, pero hay un Dios y Él es quien decide cuándo es el día”, manifestó.
‘Me encerraban en un cuarto’
El caso de Bonilla fue muy mediático y esa exposición constante también hizo más pesada la carga para Yendry. En los periódicos, en los noticieros y en las redes sociales, el rostro de su hija aparecía una y otra vez.
Ese mismo rostro era el que ella, con todas sus fuerzas, quería volver a ver en su hogar, pero que en cambio solo se había vuelto una imagen habitual de titulares y transmisiones en vivo.
Recordó que, en los primeros días después de la desaparición, su familia tomó la decisión de mantenerla “encerrada” en una habitación, para evitar que viera noticias sobre su hija, pues ninguna aportaba esperanza.
Aun así, con el tiempo, Yendry reunió fuerzas donde sentía que ya no quedaban y decidió salir con su familia a luchar, a buscar y a exigir respuestas por Allison.
“Muchas veces el OIJ nos decía ‘no salgan en las redes, no den declaraciones’, pero nosotros decíamos ‘tenemos que seguir luchando porque Allison tenía que aparecer’. Decíamos: entre más nos pongamos la camiseta, va a aparecer. Gracias a Dios apareció, no de la manera en la que queríamos, pero apareció”, recordó.

Las críticas y la presión mediática
En medio del dolor, Vásquez también conoció la otra cara de la exposición pública. Contó que, a lo largo de su proceso, se cruzó con personas muy buenas que le ofrecieron consuelo y apoyo en uno de los momentos más duros de su vida, pero también con otras que opinaron sin conocer su realidad.
La madre de Allison fue blanco de numerosas críticas por alzar la voz, por hablar del caso en los medios e incluso por emprender un negocio propio: una tienda de ropa.
“Fue frustrante, siempre he dicho que esas personas que hablan es porque no tienen sentimientos, porque no saben cómo está la situación en sí, o porque no les ha pasado una situación de estas y tener que luchar, que fue lo que yo hice”, comentó.
“Cuando abrí mi tienda de ropa me criticaron mucho, dijeron que ese dinero quién sabe de dónde lo había agarrado, cuando era de la liquidación que me dieron de mi anterior trabajo”, recordó.
A su tienda llegaban buenos clientes, pero también personas que murmuraban o que, sin disimulo, le decían cosas hirientes de su hija, además de comentarios fuera de lugar relacionados con el femicidio.
Con el tiempo, y por el peso emocional de esos señalamientos, decidió cerrar el negocio y buscar otro empleo.
“En un momento sí me sentí mal, pero traté de seguir adelante. Me he dado cuenta de que soy fuerte porque aquí estoy, con mi dolor y todo, aquí estoy. Trato siempre de poner mi mejor cara, así tenga mi corazón partido en dos. Pero trato siempre de salir adelante, de luchar y dar amor por los que quedan”, expresó.
Después de que pasó todo, Yendry prefería pagar taxi para ir a su trabajo, con tal de evitar miradas y comentarios. Sin embargo, con el tiempo tomó la decisión de volver a viajar en bus y exponerse nuevamente a los espacios públicos. “Yo no le hice daño a nadie, el daño me lo hicieron a mí”, reflexionó.
Otro femicidio que la marcó
Cuatro años después de perder a su hija, otro femicidio volvió a sacudir la vida de Yendry. Su amiga, Rebeca Castillo, fue asesinada por su esposo, Christopher Johnson Castillo, en octubre del 2024, en un hecho que también dejó herida a la suegra del agresor y a los hijos de la pareja en total desamparo durante los ataques.
Sobre este caso, la Fiscalía Adjunta de Cartago informó que Johnson fue sentenciado en julio del 2025 a 45 años y seis meses de prisión, por un delito de femicidio, uno de tentativa de femicidio y otro de abandono de incapaz. La sentencia se impuso sin ir a juicio, ya que el hombre aceptó someterse a un procedimiento abreviado y reconoció todos los cargos planteados por la Fiscalía.
Para Yendry, además de la tristeza de perder a una gran amiga, este crimen reavivó sentimientos de rabia muy similares a los que vivió con la muerte de Allison.
También se sintió, en parte, traicionada por Christopher, quien conocía de cerca el impacto que un femicidio puede tener en una familia. “Me dolió porque él (Christopher) vivió de cerca mi caso con Allison. E igual hizo algo así”, comentó.
Agregó que mantiene comunicación constante con la madre de Rebeca, quien suele preguntarle cómo se sale adelante después de perder a una hija de esta manera.
Entre los recuerdos que atesora, Yendry guarda un mensaje muy especial que recibió de su amiga Rebeca: “Me puso: ‘Lograste alzar la voz por esas mujeres asesinadas, lo lograste’”, evocó conmovida.
Vásquez reconoce que su lucha y la de su familia por encontrar a Allison marcó un precedente entre las familias de víctimas de femicidios. Muchas vieron en su historia un ejemplo de la movilización y la resistencia que una familia puede emprender en busca de respuestas y justicia.
“Uno, si ama tanto a una persona, tiene que luchar hasta el final, y eso fue lo que hice yo”, afirmó.

Mensaje para otras madres
Consultada sobre qué les diría a las madres que atraviesan un dolor similar al suyo, Vásquez insistió en la importancia de aferrarse a la fe. Para ella, Dios ha sido un pilar en medio del sufrimiento.
“Dios es el único que nos da la fuerza y, si les pasa lo mismo que a mí, luchen incansablemente. Agárrense de Dios porque solo Él da esa fortaleza. Hay días superterribles, que uno desea que el mundo le caiga encima. Hay días en los que te sentís un poquito mejor, hay días que sonríes, otros en los que no”, comentó.
Recordó que, durante mucho tiempo, le incomodaba ver a miembros de su familia felices o sonriendo, como si la alegría ajena chocara con su propio dolor. Con los años, comprendió que también eso forma parte del duelo. “Es algo que siempre lo vas a llevar en tu corazón”, mencionó.
A veces se pregunta qué habría pasado si Allison le hubiera dejado algún bebé, una parte física de su hija que la acompañara hoy. “Sería mucho más difícil... Son preguntas sin respuestas, pero el dolor siempre está; es algo con lo que tenemos que vivir todos los días”, reconoció.
A las mujeres que detectan señales de violencia o sufren abusos por parte de sus parejas u otra persona que ponga en riesgo su vida, les recomendó hablar, no quedarse calladas y buscar ayuda.
El consuelo y la esperanza, en medio de la ausencia, también los encuentra en saber que la gente no olvida a Allison. Su nombre y su rostro aún se hacen presentes en marchas feministas y manifestaciones contra la violencia de género.
“Mi corazón se llena de alegría porque no la han olvidado. Yo no participo (en las marchas), pero es bueno que no dejen de luchar por esas mujeres y por las que estamos también. Me siento superorgullosa de ver que Allison siempre está presente para mucha gente”, concluyó.
En medio del dolor, Vásquez también encontró consuelo en el amor. Conoció a un hombre muy bueno, con quien mantiene una relación desde hace cuatro años y que se convirtió en un apoyo fundamental en su vida.
Al mismo tiempo, su círculo seguro lo integra su madre, quien también carga con el luto por la pérdida de su nieta y, más recientemente, su esposo. Ambas mujeres viven un día a la vez, con cicatrices en el corazón, pero con una fuerza que, pese a todo, se mantiene en pie.
