
Hay figuras costarricenses que ni siquiera necesitan presentación, pues su rostro y su nombre llevan tantos años rondando en la pantalla chica que cuando se escucha su nombre, de inmediato su imagen viene a la cabeza: ese es el caso de la presentadora Keyla Sánchez.
Ella ha entrado en los hogares del país a través de la pantalla, armada con una elocuencia nata, una energía magnética y un carisma capaz de sostener el pulso de los formatos más exigentes de la televisión nacional. A propósito de eso y de varios acontecimientos que sacudieron su vida en los últimos cinco años, recibió a La Nación para conversar sobre su vida; eso sí, advirtiendo de entrada que no es fanática de las entrevistas.
“No me gustan mucho ese tipo de entrevistas porque yo digo que uno es una persona común y corriente, y le huyo a algo así tan personalizado. Pero también es bonito darse la oportunidad de hablar de uno”, dijo como primer punto, antes de entrar de manera profunda en lo que se ve y no en televisión.
La vimos debutar a los 19 años como una estudiante de derecho llena de dudas en un casting juvenil, y la hemos visto consolidarse, paso a paso, como una de las figuras más cotizadas del medio local y las redes sociales, donde solo en Instagram suma más de 843.000 seguidores.
Sin embargo, la televisión y las redes suelen ser un espejismo de perfección. Detrás del maquillaje impecable, los tacones altos y las luces del set, habita una mujer que ha tenido que transitar por los vientos más complejos del escrutinio público, el dolor y la transformación personal.
En los últimos años, su vida dejó de ser solo suya para convertirse en debate de redes sociales, un territorio donde la crueldad y el aplauso se mezclan a golpe de clic.
En esta conversación, Keyla decide despojarse del guion. Sin el skin (piel) de presentadora —como ella misma lo llama— y con la madurez que otorgan los 34 años, repasa las luces y sombras de su historia reciente; una pocas veces contada.

El cambio de ruta de Keyla Sánchez: ¡Todo cambió en ese momento!
Con 20 años, Sánchez tuvo su primera oportunidad en la televisión en Canal 9, con el programa El garaje. Allí no solo aprendió del mundo de las cámaras y las luces, sino que significó un vuelco total para una chica que, para esos días, estudiaba leyes y soñaba con ser mamá.
“Siempre me ha gustado hablar y se me ha dado con facilidad desde la escuela. Empecé a estudiar Derecho porque me gustaba mucho la idea de manejar mi horario, ya que yo siempre quise ser mamá joven. Pensaba en tener mi bufete y mi mamá me aconsejaba: ‘Usted puede litigar, puede pelear, puede resolver’... Pero Dios tenía otros planes de vida”, contó.
Así que el Derecho quedó de lado, convencida de poner en práctica uno de sus principales dichos: “El tren solo pasa una vez; nada más hay que saber cuál es”. La televisión fue ese vagón en el que se subió con todas sus maletas, sin boleto de regreso.
Aunque este trayecto de vida ha tenido diversas estaciones, ella confiesa que unas han sido más difíciles que otras y que, justamente, ese camino forjó la mujer que es hoy.
“En este mundo de los medios a veces las cosas son difíciles, más siendo mujer. Si bien es cierto que uno no le tiene que caer bien a todo el mundo, el público también es muy exigente. Una cosa es llegar y otra es mantenerse a lo largo de los años”, asegura Keyla, quien confiesa que ha tenido “que ser todas las versiones de ella misma” para lograr estabilidad y vigencia.
Eso sí, ese cambio de skills (pieles) le ha costado uno que otro comentario doloroso, sobre todo porque para ella ha sido difícil despojarse de la Keyla presentadora y meterse en su rol de madre.
“Me acuerdo perfectamente de una vez que estaba en el Parque de Diversiones con él (Thiago, su hijo); tenía como cuatro o cinco añitos. Me llegaban a pedir fotos y fotos mientras estábamos almorzando. Ya por la quinta foto me senté y él me dijo: ‘Mamá, ¿puedes dedicarme tiempo?’. Yo ahí reaccioné y dije: ‘Sí, tiene toda la razón’. La gente no lo sabe, pero uno tiene que aprender a separar”, afirmó.
Allí entra la disyuntiva de la doble vida y de cómo la exposición pública puede llegar a consumir la vida personal y su propio ser. Como anécdota relacionada, la presentadora asegura que en algunos momentos, en la calle, le han llegado a decir que “se parece a Keyla”, todo por no ir maquillada o vestida como se ve en televisión.
“Antes tal vez quería estar siempre impecable para una foto; yo quería mostrar la imagen de la chica linda de televisión: sexy, elegante, fashionista, pero la madurez te enseña que la Keyla real anda así; bañadita, desarreglada y no pasa nada”, confiesa.
Eso no la ha eximido de escuchar comentarios relacionados con que en televisión se ve más alta e, incluso, más gruesa, bajo la sorpresa de quienes desean hacer gracia y terminan con un comentario innecesario.

El accidente que tumbó a Keyla
El escrutinio público no perdona y si alguien sabe de eso es Keyla Sánchez.
En la madrugada del 31 de marzo del 2022 sufrió un accidente de tránsito. Los hechos se dieron en la ruta 27, cuando conducía su vehículo.
Sánchez impactó contra un muro en el peaje y, producto de ello, debió ser trasladada al hospital San Juan de Dios. En minutos, la imagen del accidente dio la vuelta a las redes sociales; todos tenían que ver con su auto completamente destrozado, su nombre acaparaba todos los titulares y las especulaciones sobre lo sucedido llovían por doquier.
Aquel aparatoso accidente, que fracturó su fémur, dejó un pozo emocional que la obligó a detenerse por completo.
“Después de todo este episodio quedé mal a nivel mental. Pensaba: ‘¿Cómo voy a salir a la calle? ¿Cómo voy a enfrentar la escuela de mi hijo, mis amistades, mi trabajo?’. Se me vino el mundo encima. Yo no veía salida, sentía que veía la luz y de repente me hundía otra vez en un pozo”, explicó.

Esa situación la llevó a citas semanales con psicólogos y psiquiatras, y a tomar medicamentos para poder dormir y controlar su ánimo, pues, en aquel momento, abandonar el trabajo que tanto amó también pasó por su mente.
“Montones de veces pensé en renunciar; yo decía: ‘¿Qué va a pasar conmigo?’. Pero mi psicóloga me decía: ‘Preocúpese primero por salir de esta, no vaya tan de prisa’. Mi vida siempre había sido muy acelerada (trabajo, casa, embarazo, Thiago...). Tuve un shock postraumático terrible: ansiedad, insomnio, depresión, ataques de pánico a las 2 a. m., todo dándome vuelta”, confesó sobre aquel difícil momento.
También recordó que estuvo tres o cuatro meses sin celular. “No tenía redes sociales, yo no leía nada. Estaba enfocándome en mi recuperación. La verdad es que no era necesario leer, porque yo decía: ‘Dios mío, ahí el mundo es un caos’”, contó.
Su mayor impulso siempre ha sido su hijo; ese fue el motivo para salir del lugar tan oscuro, con una recuperación física satisfactoria y emocionalmente saliendo adelante. El último reto fue el señalamiento social, del que aún cuatro años después no se libra.
“En redes la gente era muy cruel y todavía lo sigue siendo, aunque ahora mucho menos. Ya son solo los necios de siempre que no tienen más que hacer… Todos tenemos derecho a caernos, levantarnos. Parece que a la gente le molesta; yo decía: “¿Cuál es el afán de querer el mal ajeno?”, confesó.
Sin embargo, menciona que esas críticas se quedan tras una pantalla, pues en persona las situaciones son diferentes. “Yo soy una mujer fuerte y, si no pudieron conmigo hace 5 años, ya ahora soy imparable; un mensaje no me va a dañar. Pero a una persona con depresión o ansiedad, ese tipo de comentarios la pueden destruir. Fue complicado lograr ese equilibrio, pero el tiempo y Dios lo acomodaron”.
Entendiendo todo el camino, con ayuda profesional, Sánchez dejó los medicamentos al volver a pisar un canal de televisión, se sacudió las críticas y volvió con más fuerza que nunca. Aunque la “cizaña” continuará, Keyla considera que su trabajo siempre ha hablado por ella y tiene una importante razón para continuar: su hijo.
El verdadero motor: Madre 24/7
Fuera del set, si hay un rol que define a Sánchez es el de ser madre. Su hijo Thiago, quien recientemente cumplió 12 años, ha sido su mayor ancla para mantener los pies en la tierra.
Haber vivido la maternidad a los 22 años la enfrentó a un mar de dudas, pero también la obligó a reevaluar sus prioridades. Hubo un momento en su carrera en el que el ritmo de la radio y la televisión le hicieron sentir que la vida se le escapaba de las manos.
“Llegó un punto, mucho antes del accidente, donde yo dije: ‘No estoy disfrutando a mi hijo’. Llevaba un ritmo de vida donde mi hijo estaba creciendo, y el dinero puede comprar muchas cosas, nos puede dar muchas facilidades, pero el tiempo nada te lo devuelve. Tuve que decir: ‘Bueno, yo quiero ser mamá presente’ y acomodé todo para ser una mamá presente”, relató.
Hoy, navegando por las aguas de la preadolescencia de un niño al que describe como noble e inocente, enfrenta otro de los grandes retos de su vida madura: la crianza compartida.
Lejos de ocultar las dificultades, la presentadora abre su corazón, admitiendo con total sinceridad que la excelente relación que mantiene hoy con su expareja, Carlos Hernández —con quien incluso ha realizado viajes familiares—, no nació de la noche a la mañana.
“La relación de padres nunca se termina. Uno termina con su pareja, uno acaba un matrimonio, pero la relación de papá no. Y ahora, abriendo así mi corazón, no ha sido fácil”, comentó.
“No fue que: ‘Ay, bueno, vamos a levantarnos y hoy somos amigos’. Ha sido un proceso, ha sido el tiempo... Y antes fue seguro perros y gatos, porque imagínate, no nos llevamos como pareja, ¿cómo nos ponemos de acuerdo como papás?”, agregó Sánchez.
Para Keyla, la clave fue deponer las armas del ego y entender que las diferencias adultas no podían pagarlas su hijo.
“Nosotros hemos dejado de lado muchas cosas y, hoy por hoy, vivimos una relación que muy pocos pueden tener... se logra con el tiempo, con la madurez... Cualquier relación interpersonal, si no hay comunicación, estamos jodidos. Tiene que dejar de lado el ego, el orgullo... para así poder ser los papás que ustedes sueñan ser”.
Esto la ha llevado también a tener “conversaciones incómodas” con su hijo. “Es muy complicado, porque llega un momento donde Thiago quiere hermanos, quiere que sus papás estén juntos y pregunta: ‘¿Por qué mis papás no están juntos si todos los demás sí?’... Existen y van a existir esas conversaciones. Yo le digo: ‘Mi amor, mamá y papá se tuvieron que separar, pero te aman y eso es lo más importante’“.
Sánchez asegura que, a nivel individual, cada uno desea darle lo mejor que puede, y en conjunto han logrado llegar a acuerdos mediante el diálogo.

La versión actual: En busca de la paz absoluta
La metamorfosis de Keyla Sánchez, forjada entre el dolor de las pruebas físicas y la madurez de la maternidad, presenta a una mujer muy distinta a la joven de 19 años que, llena de nervios, audicionó por primera vez para la tele. A sus 34 años, se define en una etapa de plenitud absoluta, libre del peso de las opiniones ajenas y con una coraza que define como impenetrable.
“La Keyla de ahora es la mujer plena, que valora cada momento, cada oportunidad, cada persona que está conmigo... Creo que uno ya, a los 34 años, dice: ‘Yo nada más quiero ser feliz y tener paz’. Si eso a mí no me da paz y no me da felicidad, no lo quiero en mi vida,” sentenció.
Sabiendo que las vidas perfectas no existen y que el camino nunca es lineal, Keyla hace una pausa agradeciendo a su red de apoyo, con la certeza de que su brújula ya no apunta al aplauso masivo, sino a su propia tranquilidad.
“Tengo que aprender lo que tenga que aprender, que tenga que sufrir, que tenga que caer las veces que sean, pero me voy a levantar igual. Esa es la Keyla real, la que disfruta la vida ahora, la que busca paz, la que cada momento lo valora y lo atesora”, finalizó.
