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La ausencia del Festival de la Luz es un huracán de nostalgia

Tras dos años sin el brillo del evento y muchas ilusiones apagadas, el futuro del Festival de la Luz pareciera ser alentador. El 17 de diciembre del 2022 es la fecha anhelada, ¿lograremos vivirlo de nuevo?

“En verdad hace falta, mucha falta”, dice contundentemente don Alberto, mientras maneja en la oscuridad de la noche. Es la primera semana de diciembre y, hace un par de años, no estaría ofreciendo servicios de conducción, sino que llevaría más de 18 horas en Paseo Colón con una sonrisa bien puesta, esperando a su hijo integrante de una de las más reconocidas bandas de Alajuela.

“Suena a que es mucho tiempo estando ahí, pero para mi familia siempre ha sido una fiesta llegar desde la noche anterior, hacer nuestro propio campamento, vacilar, comer algo rico y hablarnos entre nosotros”, recordó don Alberto.

“Yo siempre era el que llegaba temprano y los esperaba al día siguiente. Dejaba mi carro en un parqueo un poco largo y me tiraba acá, en la noche, sin miedo a que me pasara nada. Nunca me hicieron ningún daño. Al día siguiente despertaba con toda la emoción de ver a mi hijo pasando acá al lado. Es un orgullo muy grande”, agregó.

Don Alberto termina de conversar y mantiene su sonrisa, posiblemente porque su nostalgia viene acompañada de cierta esperanza. Los pasos en firmes para combatir la pandemia por la covid-19 han permitido que muchos se ilusionen con un 2022 con mayores posibilidades de volver a vivir experiencias colectivas.

No es para menos: diversos espectáculos públicos ya han sido confirmados, por lo que soñar con el regreso del Festival de la Luz no es ninguna locura.

Un mundo aparte

El Festival de la Luz es un pequeño mundo de alegría, en el que un pelotón de niños pequeños, sonriendo en la televisión, esconden historias profundas.

Para la edición del 2019, recuerdo a una familia que vivió con un entusiasmo único la fiesta. Se trataba de Yerlin, una niña de 9 años que vino a San José con su familia desde la lejana Ciudad Neilly (que se encuentra a 18 kilómetros de la frontera con Panamá, en un viaje de no menos de seis horas).

En aquella oportunidad Yerlin saltaba desde la tarima, eufórica, al ver a la familia de las atletas Vargas como mariscalas del festival. Ella estaba pegada a la barra que separaba la tarima de la calle principal, mientras su familia se enternecía con la imagen.

Su hermana Esmeralda, de 4 años, su padre José Arturo Duarte, de 39, y su madre Cristina, de 34, habían olvidado por completo el largo viaje y solo disfrutaban su momento y la alegría de la pequeña.

El progenitor veía en el evento un tiempo desahogo. Me contó que cuatro años antes un carro lo arrolló y el conductor se dio a la fuga. El señor trabaja como constructor y quedó severamente afectado para laborar. La situación en la casa era aún más compleja porque su esposa Cristina padecía de desmayos y el cuidado es complejo para las dos pequeñas.

Aún así, parecía que ese momento de luces, carrozas y música detenían al mundo por un momento. “Al momento de avisarnos que veníamos (al festival) fue como si todo cambiara por un rato. Es una emoción muy fuerte, sobre todo para mis niñas”, contaba con su hija más pequeña en brazos.

Poder rescatar estas viñetas parece una posibilidad. Con la fe de reactivar el festival para el próximo año, la organización del tradicional evento realizó una competencia llamada Band Fest, un concurso que recorrió diferentes lugares del país para reclutar agrupaciones para la posible fiesta del 2022. El concurso, por cierto, lo ganó la Banda Municipal de Acosta.

Jorge Villalobos es el coordinador del Festival de la Luz y, al conversar sobre el Band Fest y el chance de reanimar el festejo, su voz se entusiasma. “Ahora que estuvimos con el proceso del Band Fest hemos comprobado cuánto quiere la gente al Festival de la Luz en todo el país; nos han hecho saber que lo extrañan, al igual que nosotros”, cuenta.

“En la municipalidad nos hace muchísima falta vivir el festival. La verdad es que es un evento complejo de organizar, hay mucho estrés en las horas previas, pero todo vale por ver el día en que se realiza: esto se hace por las familias y por los niños. estar ahí y ver ese montón de sonrisas hace que se le quite a uno todo el estrés acumulado. Uno se siente muy satisfecho”, dice Villalobos.

“Tenemos mucha esperanza de regresar y de regresar bien porque es un espacio muy querido que significa mucho para la ciudad y las personas. Son muchísimas las personas que son parte. Esperemos que la situación del país nos lo permita”, agrega entusiasmado. Por ahora, se estima que el 17 de diciembre del 2022 sería la fecha del esperado encuentro.

¿Será que en el 2022 San José se iluminará de nuevo? Ya lo veremos. Lo que sí es cierto es que el chance de desvelarse, manejar kilómetros y pasar horas esperando una fiesta es algo que tras dos años de encierro suena como a otro mundo, pero un mundo necesario, un universo altamente añorado.

Jorge Arturo Mora

Jorge Arturo Mora

Periodista de cultura y sociedad para Viva, Áncora y Revista Dominical.

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