La falta de pericia e incluso sigilo de algunos cuerpos policiales pudieron haber alertado a los objetivos de un megaoperativo en Limón con el que se pretendía detener a 63 personas durante la madrugada de este martes.
Las diligencias buscaban impactar a los presuntos responsables operativos del tráfico de drogas hacia Europa y Estados Unidos, por medio de la Terminal de Contenedores de Moín, administrada por la firma APM Terminals.
En aproximadamente tres años, las autoridades decomisaron a este grupo 14,5 toneladas de droga. Además, los sospechosos lograron contaminar con estupefacientes contenedores con destino a Inglaterra, Bélgica, Noruega, Países Bajos, España y Estados Unidos.
Aunque a las 6 a. m. se confirmó la detención de 52 de los 63 objetivos previstos, desde la 1 a. m., cuando se pusieron en marcha los operativos, las autoridades judiciales reportaron que, en uno de los principales puntos intervenidos, en el barrio Los Cocos, en Limón, el presunto cabecilla y su esposa habían logrado darse a la fuga.
Se trata de un hombre de apellido Casanova y una mujer de apellidos Bell Ramírez, hija del extraditable Macho Coca. A la sospechosa se le investiga por presunta legitimación de capitales.
Frente a la fachada de su vivienda, la pareja tenía al menos diez cámaras de vigilancia. En apariencia, los investigados habrían recibido información anticipada sobre la llegada de la policía y, de acuerdo con fuentes cercanas al caso, los sistemas tecnológicos les permitían monitorear el despliegue policial a la distancia.
Las cámaras permanecían encendidas y se movían de un lado a otro.
Además, durante la madrugada de este martes, poco antes de que iniciaran los allanamientos, un contingente policial transitó en sentido San José-Limón con las sirenas de sus vehículos oficiales encendidas.
Así lo confirmó otra fuente allegada al caso, quien agregó que, en grupos de mensajería de camioneros, comenzó a circular información sobre la alta afluencia de patrullas que se dirigía hacia el Caribe, posiblemente a un operativo.
Inusual presencia policial
Las incursiones durante operativos policiales suelen ser sorpresivas, rápidas, precisas y contundentes. En cuestión de segundos, los agentes ingresan a un barrio, derriban el portón de una vivienda y toman el control de la escena.
Esta mañana, sin embargo, al menos en uno de los ingresos en el barrio Limoncito, la situación fue distinta. Justo en la entrada de este suburbio, una policía administrativa mantenía un fuerte operativo, en el que incluso se detuvo por algunos segundos a al menos dos vehículos que intentaron ingresar.
Aunque los retuvieron para revisar documentos, poco antes de que iniciaran los allanamientos les permitieron continuar su camino.
Una vez que la caravana de patrullas ingresó al barrio, se detuvo durante al menos cinco minutos más en una de sus calles, al lado de otro vehículo policial que mantenía las luces de emergencia encendidas.
Una fuente allegada a la investigación confirmó a este diario que todos los movimientos durante este operativo fueron atípicos, pues alertaban de inmediato sobre una inusual presencia de las autoridades.
Mientras los vehículos esperaban en fila, algunos de los carros cuyos ocupantes habían sido sometidos minutos antes a una revisión documental, transitaban por las cercanías e, incluso, reducían la velocidad. Lo mismo ocurrió con dos jóvenes que caminaban a escasos metros de las patrullas, antes de desaparecer por las calles de la barriada.
Más de dos minutos para abrir un portón
Una vez frente al inmueble, al menos nueve oficiales de una policía municipal descendieron de una buseta y de un vehículo tipo pick-up blanco. Entonces comenzó una maniobra que se prolongó por más de dos minutos para poder derribar el portón.
Los oficiales tuvieron dificultades para amarrar una linga entre el carro policial y el portón metálico, y posteriormente, para arrancar el pick-up y botar la estructura. Durante algunos segundos, como lo dicta el protocolo, gritaron “¡Es la Policía!”, pero pronto guardaron silencio mientras intentaban abrirse el paso.
Finalmente, varios agentes optaron por levantar el portón con sus propias manos para que sus compañeros pudieran pasar por debajo.
Consultadas por este medio, fuentes cercanas a la pesquisa, con amplia experiencia en este tipo de intervenciones, explicaron que la maniobra evidenció un alto grado de inexperiencia, lo que incluso puede representar un riesgo durante un operativo contra estructuras de crimen organizado.

