Revista Dominical

Así los dejamos morir: Centros de rescate luchan por atender desmesurada violencia contra fauna silvestre

En Costa Rica, los veterinarios y biólogos cargan con el bagaje emocional de ver a la fauna ‘apagarse’, mientras asumen los gastos de miles de atropellos, electrocutaciones, enfermedades infecciosas y las crueles agresiones humanas

Una de las especies silvestres del Centro de Rescate Las Pumas es el manigordo u ocelote. Imagen con fines ilustrativos. Foto: Emi Kondo, Protección Animal Mundial.
Una de las especies silvestres del Centro de Rescate Las Pumas es el manigordo u ocelote. Imagen con fines ilustrativos. Foto: Emi Kondo, Protección Animal Mundial. Emi Kondo/Protección Animal Mundial

Cuando Sandy Quirós escuchó que una danta había sido arrastrada por el río, se apresuró. Salió hacia la jungla, con la frente acariciada por el sol, buscando un sitio solo accesible a pie. La avistaron con vida, por fortuna, y para rescatarla debieron sedarla; timonearon montados en una chinga, a paso lento, mientras se apagaba el cielo.

Ingresaron al centro de rescate Las Alturas, con la danta de unos 300 kilos. La colocaron sobre la camilla, esa fría y metálica acostumbrada a sostener a tanto animal herido, pero no alcanzó a completar el protocolo de atención. Falleció. Y sin tiempo, ni ganas, para quejarse o asimilar su dolor, la veterinaria buscó la pala. Ella misma la enterró.

Al igual que sus colegas, Sandy ha rescatado preciadas especies en travesías costeadas de su bolsillo, durmiendo en viveros o cuáles posadas encuentren. Poco probable sería un hotel. Y no se trata de una excepción: en un país que proclama orgullo por su biodiversidad, el personal de los centros de rescate de vida silvestre hace malabares para atender miles de víctimas de atropellos, electrocuciones, enfermedades infecciosas, crías huérfanas, y las atroces agresiones infligidas por los humanos.

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