Revista Dominical

Guardaparques patrullan con la muerte al hombro: ‘Cualquier recorrido puede ser el último’

Un país que presume su tesoro verde, pero invierte poco en protegerlo, deja su conservación en los sacrificios de quienes viven sin equipo y sin refuerzos

04/09/2024, San José, Cerro Chirripó, gira de La Teja a la cima del Cerro Chirripó, para explicar como es esa caminada hasta la cima y todo el proceso que hay que hacer para entrar al parque y recibir la atención en el albergue.
Imagen ilustrativa. En cada área protegida, los guardaparques tratan con vientos y temperaturas extremas. Jose Cordero

Hacia arriba, los árboles acarician el cielo, las hojas caen al compás de la lluvia y el viento impregna un bochorno en la piel. Hacia abajo, las botas se empozan, los pantalones revelan nuevos desgarrones y un walkie-talkie tiembla. Sobre los casquillos en el suelo, Mateo piensa que cualquier recorrido podría ser el último.

Con la bandera de Costa Rica bordada en la manga, se dirige a su hamaca: vencida por el tiempo y sostenida unos metros por encima del matorral. Pasa su vecina, la serpiente terciopelo, y desaparece en la lona, único escudo ante la lluvia.

Para un país que presume sus bellezas naturales, los encargados de resguardarlas están descuidados. Mateo -nombre ficticio de un guardaparques en zona montañosa- es prueba de las condiciones de trabajo tremebundas. También lo son Carlos, Alberto y Julián, funcionarios encargados de proteger las riquezas de Costa Rica que conversaron bajo anonimato con Revista Dominical.

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