Revista Dominical

Los huesos no mienten: radiografías muestran dolor de la fauna silvestre

Las secuelas de atropellos, electrocuciones y machetazos sufridos por pelícanos, boas y monos se revelan en ‘El interior de la conservación’, una colección expuesta en el santuario Alturas

Un oso hormiguero (Tamandu mexicana) ingresó al santuario con una parálisis del tren posterior.
Un oso hormiguero (Tamandu mexicana) ingresó al santuario con una parálisis del tren posterior. Cortesía Sandy Quiros

En Costa Rica no resulta surreal encariñarse con algún tepezcuintle cruzando la calle, un mono acechando comida en o una ballena asomándose entre las olas frente a una lancha. La fauna silvestre despierta orgullo y alegría, sin duda, pero rara vez se discute el peso del daño que arrastra en silencio; las huellas del sufrimiento provocadas por la imprudencia humana.

En la clínica veterinaria del Centro de Rescate y Rehabilitación de Vida Silvestre Alturas, ubicada en la Península de Osa, la medicina encontró una forma de dar voz a esa nebulosa con la colección de radiografías El interior de la conservación.

El enfoque de las postales, coloradas en blanco y negro, evitan la crudeza visual, pero no omiten el dolor: evocan el malestar de un pelícano con un anzuelo incrustado en una de sus patas, o uno de los tantos monos fracturados tras caer al asfalto electrocutados.

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