Para empezar, el contrato solo lo conocen a detalle ellos, pero aún así, cada uno tiene una interpretación diferente y todo indica que Alajuelense y Cartaginés están encaminados a una disputa legal por Marcel Hernández. Dejando esto de lado y sin importar quién tiene la razón en este caso, por un momento me pregunté a mi mismo: ¿qué haría con Marcel Hernández si fuera Cartaginés?
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Podría escuchar el clamor de la afición brumosa y lanzarme con todo y contra todo para luchar con la Liga. Eso sí, ahí entraríamos en lo pasional y no en lo racional, ya que salvo el presidente Leonardo Vargas y sus asesores, nadie tiene claridad en qué se amparan del convenio de préstamo que firmaron con los erizos por el 2022 para defender que no deben devolverlo, hasta que se termine el año.
Entremos directo a lo que sí es de manejo común y se puede ejecutar sin depender de los rojinegros. Lo primero es que sí o sí renovaría a Hernández por al menos un año más; sería mi objetivo principal y el más importante. A Marcel le restan cinco meses de ligamen con los manudos, así que de querer, ya puede estampar su firma con cualquier otro club, sin que esté de por medio el León; así lo estipula FIFA.
De resolver este aspecto con el jugador, ahí tendría un arma para sentarme ahora sí a negociar con los manudos, ya que podría ponerles sobre la mesa una propuesta en la que acepten un pago (mucho menor a los $200.000 de los que se habla como castigo por incumplir con el préstamo) para que lo liberen de inmediato, o de lo contrario se quedarían sin cobrar nada por esta transacción en enero del 2023.

Un acuerdo entre los blanquiazules y Marcel por todo el 2023, como mínimo, le impediría a los erizos vender al cubano ya e ingresar cualquier monto que pretendan. Es más, los limitaría solo a recibir un pago por un nuevo préstamo en el exterior o una venta por los cinco meses que le quedan de relación contractual, algo que suena ilógico para cualquier institución del extranjero que lo pretenda.
Evidentemente los Vargas necesitaría la voluntad del isleño a prolongar su vínculo, ya que cuenta con ofertas del exterior y también podría irse libre en enero. De igual forma, se puede arreglar con cláusulas que le permitan salir por un monto razonable o hasta sin pago de por medio y que vuelva al finalizar su aventura fuera de Costa Rica; todo es negociable.
De nuevo insisto, sin tener claro lo que estipula el contrato actual entre Cartaginés y Alajuelense, no elegiría el camino del conflicto legal. En dado caso, iniciar una lucha por un jugador que es libre a finales de año no parece tan idóneo y menos aún si el castigo por no desinscribirlo pueden ser esos $200.000 que se mencionan.
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Si logro firmar al isleño por el 2023 y la Liga no cede e insiste en que se lo regrese y no me demuestra que hay una oferta ya para que se marche fuera, ahí sí defendería mis derechos para que no juegue en ningún otro club en Costa Rica que no sea en Cartaginés por el 2022, como recalcan los brumosos que dice el documento firmado y también lo reafirman en la Liga.
Para nadie es un secreto que Marcel es crucial y pesa muchísimo para los de la Vieja Metrópoli, pero a ir a la mala podría traer consecuencias. En el peor de los escenarios, si no pudiera contar con el isleño, tampoco me podría hacer daño en el Apertura 2022 y tampoco arriesgaría dinero.
En fin, tocará esperar el desenlace de un caso que día con día agrega nuevos capítulos y en el que cada quien lee el contrato actual de forma diferente.
