Juan Carlos Hidalgo, excandidato presidencial y expresidente del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), atribuyó la peor derrota electoral en la historia de la agrupación —al pasar de nueve diputados a solo uno— a la acción de una “quinta columna” interna que, según afirma, operó para alinear al partido con el chavismo y terminó saboteándolo desde adentro.
El término, de origen militar, se utiliza para describir a grupos que actúan a lo interno de una organización en favor de intereses externos, socavando su funcionamiento. Bajo esa lógica, Hidalgo sostuvo que sectores del propio partido operaron en beneficio del proyecto político de Rodrigo Chaves y en detrimento de las aspiraciones socialcristianas.
“Desde el inicio de este ciclo electoral, especialmente a raíz de la presencia evidente de una quinta columna dentro del partido, que pretendía convertir al Partido Unidad Social Cristiana en un partido tureca del chavismo, al no lograrlo, se dedicó entonces a sabotear al partido desde adentro”, denunció en entrevista con La Nación.
Según su relato, no se trataba de un actor marginal, sino de una red con poder real en la toma de decisiones. “Elementos dentro del Comité Ejecutivo Nacional, nada más y nada menos; elementos dentro de la fracción, cinco de nueve diputados; a nivel de alcaldías; a nivel de los otros órganos internos del PUSC, o sea, era una quinta columna con mucho poder”, afirmó.
Esa presencia, aseguró, terminó desdibujando la identidad del partido frente al electorado y generando una confusión —incluso “justificada”— sobre su posición respecto al chavismo, lo que impactó directamente en la campaña. A su juicio, ese factor se combinó con un contexto de polarización y voto útil que también incidió en el resultado, aunque insiste en que el deterioro interno fue determinante.
“No podemos tapar eso con un dedo, tuvimos el peor resultado en la historia, punto”, afirmó. Hidalgo ocupó la presidencia del PUSC desde agosto del 2022 y hasta enero del 2025.
Acciones inmediatas
Hidalgo sostuvo que el PUSC debe emprender cambios profundos para evitar repetir los errores que, a su juicio, marcaron el rumbo del partido en los últimos cuatro años. En ese proceso, planteó la necesidad de depurar la agrupación y enviar una señal clara al electorado sobre su posición política.
“Tenemos que barrer hacia fuera a todos estos elementos chavistas que todavía siguen en el Partido Unidad Social Cristiana. Tenemos que mandar un mensaje contundente a los costarricenses, en ese sentido”, destacó.
Igualmente, mencionó la necesidad de impulsar reformas internas como ajustes a los estatutos, cambios en los mecanismos de selección de candidaturas a diputaciones y un fortalecimiento de la militancia como eje central de la organización.
El político socialcristiano advirtió que estas transformaciones no pueden postergarse. Señaló que deben concretarse en los próximos meses. “No podemos esperar a los últimos dos años, porque también tenemos las elecciones municipales en medio, por lo tanto se vienen meses de amplia discusión a lo interno del partido”, añadió.
Punto de quiebre
Alegó que, al asumir la presidencia del partido, optó por intentar contener esas diferencias en lugar de confrontarlas directamente, pese a advertencias internas.
“Algunas personas en el partido me advertían de que había que cortar por lo sano mientras que yo trataba de mantener la unión dentro del partido; sin embargo, llegó un punto de quiebre que fue el levantamiento de la inmunidad del presidente”, argumentó.
Cinco de los nueve diputados socialcristianos votaron en contra de retirar el fuero al mandatario en diciembre, lo que habría permitido al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) avanzar en una investigación por presunta beligerancia política.
Oportunismo político

Para Hidalgo, ese comportamiento responde a un problema más profundo. “Dentro del Partido Unidad Social Cristiana hay, había y siguen habiendo personas que están por oportunismo político, que no tienen ningún compromiso con la ideología, con la historia, con la tradición del Partido Unidad Social Cristiana, y están dispuestos a venderno al mejor postor”, afirmó.
Ese oportunismo, sostuvo, se consolidó a partir de una lectura interesada de decisiones políticas tomadas en el pasado. Como antecedente, menciona el proceso electoral de 2018, cuando el entonces candidato Rodolfo Piza negoció con los aspirantes que llegaron a la segunda ronda, el evangélico Fabricio Alvarado y Carlos Alvarado, del Partido Acción Ciudadana (PAC), con el objetivo de impulsar una agenda de gobernabilidad, en un contexto en el que el país enfrentaba una situación económica compleja.
El rojiazul declaró que el objetivo era evitar la continuidad de políticas similares a las del gobierno de Guillermo Solís, también del PAC.
Ese proceso derivó en un acuerdo con la administración de Carlos Alvarado, que permitió la incorporación de figuras del PUSC en el gobierno y la aprobación de reformas como la reforma fiscal y la regla fiscal, una iniciativa que, asegura, es de origen socialcristiano.
Hidalgo defendió ese episodio como un ejercicio de responsabilidad política. Sin embargo, reconoció que dentro del partido algunos sectores lo reinterpretaron con otros fines.
Según explicó, esa lectura se trasladó al siguiente ciclo electoral y derivó en una práctica distinta.
“En ese caso no fue la candidata, no fue doña Lineth Saborío, sino que fueron elementos dentro del Partido Unidad Social Cristiana, exdiputados, expresidentes del partido, que individualmente negocian con Rodrigo Chaves, no una agenda de gobernabilidad, sino la repartición de puestos. Y como que se consolidó un modelo de negocios que mucha gente dijo, bueno, aquí está la jugada futura del Partido Unidad Social Cristiana”, expresó.
Vender votos a cambio de puestos
A partir de ahí, dijo, se produjo un cambio en la dirección del partido.
“No ser un partido de gobierno, un partido que aspira a gobernar, sino ser una plataforma para vender conciencia, para vender votos al gobierno de turno a cambio de huesos, a cambio de puestos. Y bueno, precisamente eso es lo que entonces yo encuentro como presidente del Partido Unidad Social Cristiana”, agregó.
Esa lógica, mencionó, sigue operando. Como muestra, señaló a uno de los cinco diputados socialcristianos que votó contra el levantamiento de la inmunidad de Chaves y que incluso ha admitido ser amigo del mandatario.
“Un diputado de estos mandó su currículum a Rodrigo Chaves, porque eso es lo que están buscando, cómo acomodarse. Entonces, ese oportunismo es lo que nosotros tenemos que eliminar, eso es lo que tenemos que desarraigar de la Unidad porque nosotros no podemos ser un partido que sea simplemente una plataforma para oportunistas”, manifestó.
Las declaraciones se dan luego de que el diputado socialcristiano Carlos Andrés Robles confirmara a La Nación que envió su currículum a la presidenta electa y futura ministra de la Presidencia, Laura Fernández, para ser considerado para un cargo en el próximo gobierno.
El PUSC se juega su propia existencia
En medio de este escenario, Hidalgo insistió en que el reto del PUSC no es solo entender las causas de la derrota, sino corregir las prácticas que —según su diagnóstico— lo llevaron a su peor resultado histórico, pese a que, como señala, el partido logró sobrevivir —aunque “muy disminuido”— al “tsunami” electoral que afectó a las fuerzas de centro derecha.
“Yo creo que obviamente hay responsabilidades compartidas, la campaña cometió errores, es imposible hacer una campaña perfecta, somos seres humanos, obviamente yo también cometí errores como candidato y también el partido venía arrastrando serios problemas”, señaló.
De cara al futuro, Hidalgo reconoció que el partido se juega su supervivencia en los próximos años. “Sí, claramente. No queda la menor duda. Muy fácil pasar de 1 a 0 (diputados); mucho más fácil que pasar de 9 a 1”, advirtió.
Bajo este escenario, mucho pesa sobre los hombros de su única diputada, Abril Gordienko. El PUSC gobernó por última vez en el periodo 2002-2006 con Abel Pacheco.
