
El Partido Unidad Social Cristiana pasó de ser pilar del bipartidismo costarricense a quedar reducido a su mínima expresión legislativa. Con una fracción unipersonal y tras su peor resultado en urnas, la agrupación socialcristiana enfrenta un desafío existencial: seguir siendo relevante en una era dominada por nuevas fuerzas políticas.
Luego de su fundación en 1983 al reunir fuerzas opositoras, el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) se consolidó como uno de los dos representantes de la era bipartidista, junto al Partido Liberación Nacional (PLN). Gobernó por última vez en el periodo 2002-2006 con Abel Pacheco, y tras revelarse los escándalos de corrupción que involucraron a sus otros expresidentes, Rafael Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez, el partido pasó de una fracción de 19 curules a solo cinco en el cuatrienio 2006-2010.
Hoy el PUSC enfrenta el reto de mantenerse relevante en el escenario político con una fracción unipersonal, compuesta por Abril Gordienko.
La irrupción del movimiento encabezado por Rodrigo Chaves, ahora encuadrado dentro del Partido Pueblo Soberano (PPSO), aglutinó en sus filas a grupos empresariales, conservadores y religiosos tradicionalmente asociados a la derecha del espectro, que solían dispersarse en diferentes partidos.
Esta reorganización de las fuerzas políticas afectó al PUSC, pero no tanto como a agrupaciones del centro a la derecha que desaparecieron de la Asamblea Legislativa para el periodo 2026-2030: el Partido Nueva República (NR), Partido Liberal Progresista (PLP) y el expartido del oficialismo, Progreso Social Democrático (PPSD).
No obstante, el golpe a los socialcristianos fue considerable, al perder ocho curules legislativas y obtener solo un 2,79% de los votos con su candidato presidencial Juan Carlos Hidalgo, quien fue tajante en su intención de alejar a su partido del oficialismo.
El cisma fue evidente en la votación del levantamiento de inmunidad del presidente Rodrigo Chaves por el caso BCIE-Cariñitos, en setiembre pasado.
A pesar del llamado de la Asamblea Nacional del partido y de Hidalgo, cinco de los nueve diputados se separaron de la línea rojiazul y votaron en contra de levantar el fuero. Como resultado, Hidalgo los separó de su campaña presidencial y marcó el nuevo rumbo del PUSC.
Dos de esos cinco legisladores, Leslye Bojorges y María Marta Carballo, dieron luego su adhesión a la candidata oficialista y ahora presidenta electa, Laura Fernández.
Para la analista política Kattia Benavides, este movimiento de Hidalgo fue un arma de doble filo.
Por un lado, estableció al PUSC como agrupación opositora de cara a las elecciones del 2026. Por el otro, alejó del partido a una base numerosa, especialmente establecida en la periferia del país, pues el bloque que votó en contra de la inmunidad incluía sus tres diputados de Guanacaste, Puntarenas y Limón: Melina Ajoy, Carlos Andrés Robles y Carballo, respectivamente.
A nivel municipal también hubo cuatro deserciones socialcristianas al bando chavista: la alcaldesa de San Ramón, María Gabriela Jiménez; el alcalde de Coto Brus, Rafael Ángel Navarro; el alcalde de Guatuso, Carlos Sequiera Orozco; y la alcaldesa de Quepos, Patricia Bolaños.
“Esas decisiones que para Hidalgo eran correctas y eran mensajes correctos hacia el electorado, le generaron un desgaste importante a nivel territorial”, detalló Benavides a La Nación.
Sin embargo, de no trazar esa separación del oficialismo la cúpula socialcristiana se arriesgaba a correr la misma suerte que el PLP y NR, al no presentarse como una opción opositora ante la ciudadanía.
Ante consulta de La Nación, el presidente del PUSC Mario Loría (quien dejará el cargo el 27 de febrero), afirmó que a finales de este 2026 o a inicios del 2027 el partido celebrará un congreso ideológico, y agregó que luego del resultado del 1.° de febrero “toca replantear muchas cosas, pero también nos da una luz de que nos sigue queriendo en la Asamblea Legislativa, hay muchos partidos que no corrieron con la suerte del PUSC”.
El rol de Gordienko
A las puertas del continuismo oficialista y ahora con mayoría absoluta de 31 diputados en el Congreso, Abril Gordienko y el PUSC deben encontrar la forma de posicionarse como una alternativa para aquellos descontentos con el accionar de esta administración y que busquen un partido de tendencia económica liberal.
De igual forma, aunque Gordienko conforme una fracción unipersonal, el PUSC no está condenado a la irrelevancia. La politóloga Ilka Treminio afirmó que en el pasado ha habido bancadas unipersonales que destacan por la presentación de proyectos de ley relevantes.
“La productividad y la capacidad de iniciativa de una fracción no está en relación con su número de diputados, pero sí con la disciplina y la capacidad que tienen para lograr articular agendas conjuntas y una orientación clara de política pública que les permita producir suficientes proyectos de ley”, dijo Treminio.
El partido también podría capitalizar su oposición a las propuestas de Laura Fernández de levantamiento de garantías individuales, así como las intenciones de permitir la reelección presidencial continua y otros planes del oficialismo que requerirían la mayoría calificada de 38 diputados.
El analista Daniel Calvo consideró que, si bien Hidalgo y Gordienko tienen un pasado en el Movimiento Libertario y sus ideas tienden hacia el liberalismo, el partido no dejará de lado algunos bastiones socialcristianos, como una “política social fuerte”. Rescató que Gordienko podría destacar por sus iniciativas en materia educativa, lo que ha caracterizado su carrera política.
La tendencia actual, además, cuenta con el beneplácito del expresidente Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002), quien anunció su respaldo a Hidalgo en las elecciones.
La Nación solicitó una declaración a Hidalgo, pero su encargada de prensa indicó que él no está atendiendo a los medios.
