
El público que asiste a ver las corridas de toros sin duda está esperando a que suceda un levantín. Compran la entrada al redondel con la expectativa de ver a algún improvisado salir volando por los aires tras una cornada. Ahí hay espectáculo, riesgo y un deseo tácito de atestiguar el desastre ajeno.
Parte de la audiencia de los debates comparte una expectativa parecida. Sueña con que algún candidato golpee anímicamente a su contendiente para verlo caer estrepitosamente. Espera un momento viral: que alguien saque un Listerine o que le diga a otro una frase lapidaria como “Toño, usted ha sido un oportunista y siempre lo será”.
Sin embargo, los levantines no son garantía en los debates. Cuando faltan, no necesariamente es señal de aburrimiento, sino un signo de que la conversación tomó un camino más diplomático, menos propenso a la frase incendiaria y a los artificios de campaña que suelen disfrazar la ausencia de ideas.
Algo así fue el debate presidencial en la Universidad de Costa Rica (UCR). Se alejó de los enfrentamientos candentes y apostó por un formato orientado a la pugna de ideas, un terreno que a algunos candidatos les resulta incómodo y por eso le huyen.
En esta ocasión, la cita fue en el Aula Magna de la Ciudad de la Investigación y contó con la participación de 16 de los 20 aspirantes a la Presidencia de la República. Eliécer Feinzaig fue el último en anunciar su retirada, cuando, al mediodía de este lunes informó de que no asistiría por “motivos de fuerza mayor”. Otros tres candidatos más —de nombre y apellido previsible— ya habían anticipado su ausencia días atrás.
Gracias a la inclusión casi total de invitados, entre los presentes apareció una nutrida colección de personajes secundarios del elenco electoral. Fue un reencuentro de la audiencia con figuras cuya existencia había olvidado durante varios días, hasta que un debate como este les concedió un minuto y medio de micrófono a lo largo de varios bloques.
Con la apropiada moderación de la periodista Yanancy Noguera y la intervención de estudiantes y personal administrativo en la formulación de preguntas, el debate se estructuró en torno a tres ejes: educación pública y equidad, así como seguridad social y la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS). El tercer tema fue seguridad ciudadana y convivencia democrática.
La exposición individual de los temas asignados a cada candidatura transcurrió sin brincos ni sobresaltos. No fueron los minutos más emocionantes ni movidos de este lunes de enero, pero al menos permitieron escuchar presentaciones que, en su mayoría, resultaron cuerdas y libres de pirotecnia verbal.

Microdebates
El segundo bloque, denominado “microdebates”, logró despertar algo más de atención. Manteniendo los mismos ejes temáticos, un candidato cuestionó a otro según la rifa de duplas definida con antelación, lo que introdujo una dosis controlada de tensión. Me detendré no en todos los intercambios, sino en los significativos.
Aprovechando que entre las siglas PAC y CAC solo hay una letra de diferencia, Ronny Castillo de Aquí Costa Rica Manda cuestionó a la candidata de la Coalición Agenda Ciudadana, Claudia Dobles, por la gestión en materia de seguridad de los dos gobiernos rojiamarillos. Ella, posteriormente, lo mandó a estudiar Derecho.

En una coincidencia digna de mención, subieron luego a tarima los dos candidatos más jóvenes de la contienda: Ariel Robles, del Frente Amplio, y David Hernández, del Partido de la Clase Trabajadora. Este último se esforzó por demostrar que su propuesta habita en un punto aún más a la izquierda del espectro ideológico que la de su colega. Robles, por su parte, dedicó parte de su intervención a recordarle a Claudia Dobles (ya fuera de tarima) la importancia de reconocer los errores del pasado, en alusión directa a lo que hicieron y no hicieron los dos gobiernos del PAC.

Cuando subieron Marco Rodríguez (Esperanza y Libertad) y Álvaro Ramos (PLN) hablaron sobre la bola de nieve de las deudas, el congelamiento salarial y el congelamiento de pensiones. Fue una conversación que se mantuvo fría.

En otra de las tandas, Ana Virginia Calzada, de Centro Democrático y Social, comprometió a la candidata Natalia Díaz, de Unidos Podemos, por declaraciones que ha hecho en contra de la atención a migrantes en la CCSS. “Han tergiversado mis palabras” respondió Díaz quien, con aquella argumentación tan pobre, no debe haber pasado uno de sus mejores días. A la bully del grupo, cada vez la tratan con menos amabilidad.

En el siguiente bloque, hubo otra intervención que no se puede pasar por alto. Claudio Alpízar, de Esperanza Nacional, decidió sacar provecho de la fama recientemente adquirida por José Aguilar (Avanza) como escéptico del cambio climático y crítico de la vacunación. Se permitió mofarse de ello sin demasiados rodeos. Acto seguido, le pidió su opinión sobre la intervención del mandatario Nayib Bukele en procesos electorales nacionales.
Aguilar optó por no responder sobre lo último ni en la pregunta inicial ni en la réplica. La omisión fue tan deliberada que me llevó a preguntarme si algunos candidatos deberían llevar una pala a los debates que les permita cavar un hoyo para esconderse a conveniencia.

El encuentro siguiente, entre Walter Hernández, de Justicia Social Costarricense, y Juan Carlos Hidalgo (PUSC), fue uno de los intercambios de mayor altura de la noche. Ambos abordaron con seriedad temas como las listas de espera en la CCSS y el papel cada vez más protagónico de Costa Rica en la ruta del narcotráfico. Conversaron con propuestas y quedaron parados como excelentes oradores, sin la necesidad de despeinarse, especialmente don Walter, quien ya se despidió de su cabellera.

La despedida
En el último bloque, de mensajes finales no hubo mayor, quizá con excepción de las palabras que compartió el señor Hernández. Apelando a su historia personal, relató cómo le tocó sufrir dos dictaduras en otros países, y en una frase cargada de honestidad dijo: “Yo no vengo aquí necesariamente a pedir el voto para mi partido. Vengo a pedirle a la juventud (…) que por favor reflexionen a la hora de votar. (…) Si no votan inteligentemente, vamos a perder la patria”. Fue un cierre sobrio, directo y sin adornos innecesarios; justamente por eso, destacó.
Tras ese segmento, la moderadora anunció algo inesperado: invitó a los candidatos a subir nuevamente a tarima para entonar, en conjunto, la emotiva Patriótica Costarricense.
El gesto fue inusual y, contra todo pronóstico, bastante disfrutable. Hubo algo de acto simbólico de armonía y de unión entre el grupo aspirantes presidenciales. Flor en el ojal para el cierre del debate en la casa de estudios y ya sabemos que, para quienes no resulten electos, tal vez haya futuro en formar parte de un coro.