
Álvaro Ramos no ocupa un cargo formal en la estructura del Partido Liberación Nacional (PLN), pero busca posicionarse como la figura con mayor poder de influencia y peso político en las decisiones que definirán el futuro de la agrupación.
Ramos ya ejerce una autoridad importante sobre la fracción legislativa de 17 diputados, de los cuales 14 fueron seleccionados por él. Ahora pretende extender ese poder a la estructura partidaria y tener una voz decisiva sobre quiénes conducirán Liberación Nacional y cuál será el rumbo de la agrupación.
El excandidato presidencial anunció que presentará una nómina para los siete puestos del Comité Ejecutivo Superior Nacional. También se pronunció en contra de que Ricardo Sancho y Miguel Guillén continúen en la presidencia y secretaría general del partido, respectivamente.
“Yo ya tengo un par de nombres”, afirmó Ramos el pasado 22 de agosto, durante la Asamblea Nacional del PLN. Más adelante precisó que todavía se encontraba “terminando de construir a los siete del Comité”.

Sin poder formal
Ramos busca convertirse en el principal referente político, una pretensión sustentada, principalmente, en el resultado que obtuvo como candidato presidencial el 1.° de febrero. El PLN obtuvo el 33,6% del total de los votos válidos, quedando en segundo lugar.
Esa interpretación no es compartida por el politólogo Daniel Calvo. A su juicio, Ramos confunde el respaldo que obtuvo en las urnas con un apoyo personal a su liderazgo dentro del PLN.
Calvo sostiene que la mayoría de los electores se inclinó por Laura Fernández y que, entre quienes buscaban una alternativa a la continuidad del proyecto político de Rodrigo Chaves, muchos optaron por Ramos mediante el llamado voto útil, al considerarlo el candidato de oposición con mayores posibilidades de disputar la Presidencia. Sin embargo, esa apuesta no logró su objetivo: Fernández ganó las elecciones.
Por su parte, el politólogo Sergio Araya interpreta la pretensión de Ramos como un intento de llevar la renovación del PLN hasta sus últimas consecuencias. Según su lectura, el excandidato busca que el Comité Ejecutivo quede integrado por personas de su círculo de confianza y que, además, no formen parte de los dirigentes que han dominado históricamente el partido.

¿Vacío de poder?
El problema para Ramos es que Liberación Nacional, la fuerza política de mayor tradición en el país, sigue siendo un partido en el que conviven distintos grupos de poder y cuya estructura dificulta la imposición vertical de decisiones.
Araya atribuye parte de las actuales tensiones a la ausencia de liderazgos capaces de ordenar las diferencias internas. Figuras que en otros momentos cumplieron ese papel, como los expresidentes Óscar Arias o José María Figueres, se han ido alejando o han sido hechas a un lado, desprendiéndose de esa función de árbitro o referente de la agrupación.
Ese vacío ayuda a explicar por qué Ramos y el grupo que lo respalda pueden percibirse ahora como quienes están llamados a ocupar ese espacio. Pero también explica la resistencia que podría generar su pretensión.
Durante la campaña electoral ya quedaron expuestas diferencias entre Ramos y dirigentes tradicionales. El excandidato se desmarcó de Antonio Álvarez, excandidato presidencial y exdiputado, y de Johnny Araya, exalcalde de San José; ambos terminaron manteniendo una posición crítica y sus discrepancias con la conducción de la campaña trascendieron públicamente.
Para Calvo, esa forma de conducir la disputa tampoco ha favorecido a Ramos. Considera que el excandidato “no ha cuidado las formas” y que se ha ganado resentimientos que podrían pasarle factura cuando llegue el momento de definir la nueva estructura partidaria.

Señales contradictorias
La discusión adquiere además una dimensión paradójica. Sancho ha calificado como caudillistas las prácticas de Ramos, bajo el argumento de que Liberación Nacional ya había dejado atrás la concentración del poder alrededor de una sola figura.
Por su parte, Calvo pone el foco en otra dimensión de la disputa: ¿cómo un partido que reivindica la existencia de voces distintas y la defensa de lademocracia puedee incurrir en una contradicción si intenta acallar o desplazar a quienes discrepan de la corriente que actualmente representa Ramos?
El pulso, por tanto, también pone sobre la mesa una discusión sobre el modelo de liderazgo que adoptará el PLN después de la campaña electoral.
El costo de seguir mirando hacia adentro
Otro problema es que la disputa ocurre mientras el PLN debería concentrarse en su siguiente desafío electoral: las elecciones municipales de 2028.
Mientras otras agrupaciones, entre ellas el Partido Pueblo Soberano (PPSO) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), avanzan en tareas relacionadas con la organización de ese proceso, Liberación Nacional continúa consumiendo tiempo y energía en su pugna por el control de la estructura.
La disputa se prolongará hasta octubre, cuando la Asamblea Nacional deberá definir las nuevas autoridades del partido.
Ese calendario podría generar incertidumbre entre alcaldes que aspiran a la reelección y entre dirigentes territoriales que necesitan saber cuál será el rumbo de la agrupación y qué respaldo tendrán para enfrentar el próximo proceso electoral.
Araya advierte de que mientras más tiempo permanezca el PLN en medio de esas tensiones, mayor será el riesgo de que figuras con posibilidades electorales concluyan que el partido no está suficientemente enfocado en las municipales y busquen otras alternativas.
A esto se suma que una estructura partidaria debilitada también puede afectar la capacidad del PLN para negociar con otras agrupaciones.
Una reforma que queda condicionada
El propio PLN aprobó recientemente una reforma estatutaria que le permitirá explorar coaliciones con otros partidos y establecer alianzas con organizaciones sociales de cara a las elecciones municipales de 2028. Pero esas negociaciones corresponden a la Secretaría General y al Comité Ejecutivo.
Por eso, mientras no esté definida la integración de esos órganos, cualquier conversación política sobre eventuales alianzas queda condicionada por la batalla interna.
Un partido que proyecte cohesión, claridad estratégica y capacidad para tomar decisiones llegará con mayor peso a esa mesa. Uno que todavía esté concentrado en resolver quién controla su estructura interna llegará en una posición más débil.
Dos escenarios para Ramos y para el PLN
El desenlace de la disputa interna puede, por eso, producir dos resultados muy distintos.
El primero sería la consolidación de Ramos como referente político del PLN. Si consigue que el próximo Comité Ejecutivo quede integrado mayoritariamente por personas afines a su proyecto, habrá logrado transformar la legitimidad que reclama por el resultado electoral en poder efectivo dentro de la estructura.
El segundo sería una derrota interna. Si los sectores tradicionales consiguen impedir que Ramos imponga su propuesta para el Comité Ejecutivo, quedaría demostrado que los grupos que históricamente han ejercido influencia en Liberación Nacional conservan una cuota importante de poder.
En cualquiera de los dos casos, la elección de la próxima cúpula tendrá consecuencias que irán mucho más allá de los nombres que ocupen esos cargos. Lo que está en disputa es quién tendrá la capacidad de ordenar al PLN, definir su estrategia y representar al partido en los próximos procesos electorales.
