Carlos Manuel Blanco Odio. 9 mayo

Uno de los principales desafíos de la política económica es mantener una inflación baja y estable con el menor costo en términos de desempleo.

Un análisis de las cifras nacionales apuntan a una relación inversa temporal entre inflación y desempleo. Cuando las políticas económicas son expansivas, la producción y los precios tienden a aumentar, y disminuye el desempleo. Cuando las políticas son contractivas, baja la producción y los precios, y sube el desempleo.

En los últimos 30 años, cuando la inflación fue superior al 10 %, la tasa de desempleo se mantuvo muy baja, entre un 4 % y un 7 %, inferior a su tasa natural del 7,3 %, calculada con el promedio de ese período.

Cuando la inflación se situó por debajo del 5 %, el desempleo aumentó progresivamente y sobrepasó la tasa natural hasta llegar incluso al 24 % a mediados del 2020. Luego descendió al 19 % a principios de este año.

Tanto la inflación como el desempleo implican costos para la sociedad. Si bien la inflación erosiona el poder de compra de las personas, el desempleo cercena completamente el ingreso de los que lo padecen.

Si se diera a escoger, seguramente la mayoría estará dispuesta a tolerar algún grado de inflación a cambio de mantener su empleo. En lo personal, no tener trabajo es devastador. Además de perder su ingreso y deteriorar su nivel de vida, el desempleado sufre psicológicamente, como baja autoestima, sentimiento de inutilidad y desubicación en la sociedad.

Algunos pierden el seguro médico cuando proviene del patrono y las relaciones familiares se tensan cuando el sostén pierde su trabajo.

Corresponde a diferentes instancias gubernamentales promover la estabilidad económica y generar oportunidades para crear el mayor número de empleos posibles.

No puede exigírsele al Banco Central que vele por la estabilidad del colón y, a la vez, que mantenga altas tasas de empleo.

Lo segundo no está dentro de su ley ni competencias, pues las herramientas de que dispone son apenas suficientes para conseguir una tasa de inflación baja y estable e impulsar una política monetaria favorable para el orden financiero y, principalmente, que promueva las condiciones para el crecimiento ordenado de la producción.

Índice económico-social. Un índice de pérdida social, como el propuesto por el economista estadounidense Arthur Okun, podría ser muy útil para dar seguimiento al comportamiento de estos indicadores, particularmente como termómetro intuitivo del malestar socioeconómico.

El índice representa una función de pérdida para la sociedad de diferentes combinaciones de inflación y desempleo, y el resultado es la suma de sus respectivas tasas.

Lo ideal es que esa suma sea lo más baja posible (digamos entre un 10 % y un 15 %, según nuestra realidad), pues ello significa que una mayoría de las personas mantendrán parte de su poder de compra por baja o moderada inflación y, a la vez, tendrán posibilidades de asegurar su medio de vida, por un desempleo relativamente bajo.

Así, por ejemplo, un valor del 10 % se daría al sumar una inflación similar al límite inferior de la meta actual del Banco Central (el 2 %) con un desempleo del 8 %, ligeramente superior a la tasa natural de desempleo (un 7,3 %). Un valor del 15 % resultaría de combinar una inflación igual al límite superior de la meta (un 4 %) y un desempleo del 11 %, relativamente moderado para nuestra economía.

En términos generales, el menor costo social se logrará cuando se produzca un equilibrio cooperativo y eficiente entre las instancias gubernamentales encargadas de las políticas macroeconómicas.

Mayor esfuerzo. En el presente, ese óptimo se hace difícil de alcanzar, pues el gobierno está imposibilitado de expandir sus gastos, especialmente en infraestructura, debido a la situación fiscal que atraviesa.

Por su parte, el Banco Central no ha logrado que su política monetaria expansiva impacte la demanda, la producción y los precios como se desea, a pesar de las sucesivas bajas en las tasas de interés y la inyección de liquidez en los mercados financieros.

Se requiere un esfuerzo mayor para que la inflación, actualmente inferior al 1 %, se sitúe, ojalá, más cerca del límite superior de la meta (un 4 %). Sin embargo, en tanto la brecha del producto se mantenga negativa, sobre todo por efectos de la pandemia y el país carezca de un plan definido y ordenado de reactivación, será difícil disminuir el desempleo y minimizar el costo social.

El autor es economista.