Editorial

Editorial: El BCIE financia la opacidad

El Banco no debería servir de mampara para la opacidad ni promover prácticas tan alejadas de las deseables, como el gasto sin control de los fondos no reembolsables

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Los países cooperantes del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) deben preguntarse si sus buenas intenciones quedan satisfechas con la costumbre de donar $1 millón a los gobiernos del área cuando comienzan sus mandatos. Los fondos no reembolsables son bienvenidos en tanto exista el compromiso de gastarlos con la transparencia y los controles propios de toda democracia, incluidas las de los países cooperantes.

El BCIE entrega el dinero para uso discrecional. Así, invita a gastarlo en actividades que no se ven bien si aparecen en las cuentas públicas. Nuestro país y el resto de la región tienen grandes necesidades cuya solución permitiría aprovechar hasta el último céntimo de la generosa contribución de naciones como España y Corea, pero entregar el dinero sin sujeción a las buenas prácticas en el manejo de la cosa pública fomenta los vicios de donde nacen muchas de esas necesidades.

La lucha por la rendición de cuentas todavía no ha sido ganada en Costa Rica y, mucho menos, en las demás naciones de la región. Para hacer el bien, el dinero del BCIE no tiene por qué invertirse sin condiciones. Algunos gobernantes costarricenses lo han demostrado a lo largo de sus mandatos.

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