Al preguntarme sobre qué tema escribir en mi décimo artículo de opinión, no pude dejar pasar la oportunidad de comentar los tres pilares que constituyen el enfoque de mi activismo: la participación ciudadana, los derechos humanos y el desarrollo sostenible.
Aparte de ser mis grandes áreas de interés, son fundamentales para el progreso tanto en nuestro país como en el resto del mundo. Primero, me referiré a la participación ciudadana.
Involucramiento de la gente
Un país no prosperará sin la incorporación de la gente en la toma de decisiones. Por ejemplo, vivimos en un país democrático. Buena parte de la población cree que democracia es nada más salir a votar para elegir a los gobernantes. No obstante, la democracia va mucho más allá de eso. Democracia no es solo el gobierno, sino también el pueblo y su involucramiento, sin exclusión, discriminación o distinción alguna, en la redacción de leyes y políticas que procuren la justicia social para el bienestar colectivo.
Los gobernantes no siempre son líderes, y los líderes no siempre son gobernantes. Se da en infinidad de ocasiones, como lastimosamente está sucediendo en nuestro país. Nuestra democracia está en riesgo por un gobernante demagogo y autocrático, que tristemente derrocha desinformación y discursos de odio para manipularnos.
Afortunadamente, no todo está perdido, pues, como dije, nosotros, los ciudadanos, dentro de nuestra democracia, tenemos el poder de evitar el declive, desde el simple hecho de estar al tanto de la situación nacional hasta movilizarnos y manifestar nuestras opiniones y ejercer el sufragio.
Por esta razón, en vez de dividir tareas y dejar en manos de unos pocos el presente y futuro de las personas, debemos desde nuestras trincheras, llámese profesión, contexto o condición, hacer nuestro aporte.
Del mismo modo, no hay participación ciudadana integral si se deja a poblaciones vulnerables u oprimidas de lado. Es sumamente importante fortalecer y crear mecanismos mediante los cuales, sin importar su situación o realidad, las personas tengan la posibilidad de opinar y ser escuchadas.
Nuestros derechos
De lo anterior se deriva mi siguiente punto: la defensa de los derechos humanos. Para el verdadero progreso, se necesita la protección, la justicia y la igualdad ante la ley.
Hay quienes hablan de los derechos a la vida, la libertad y la propiedad. No obstante, los derechos humanos son más amplios. A continuación, enumero unos cuantos que en este momento se ven afectados.
El derecho a la salud peligra a raíz de la deuda estatal con la CCSS y los problemas internos de la institución. El derecho al trabajo digno está amenazado por el proyecto de jornadas 4-3. El derecho a la educación corre grave riesgo a raíz de la poca inversión —incluso inferior al mínimo constitucional—, la improvisación y la falta de un plan educativo concreto, accesible y funcional.
El derecho a un medioambiente sano es violado por los intentos de volver a la pesca de arrastre. El derecho a vivienda, alimentación y calidad de vida se incumple, pues la pobreza extrema aumentó un 2 % este año según el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE) de la Universidad de Costa Rica (UCR).
El derecho a no ser discriminado se invalida cuando el presidente presenta datos inexactos que provocan xenofobia y racismo en contra de la comunidad migrante, o cuando tanto el Ejecutivo como algunas diputaciones profieren ataques o comentarios machistas, homófobos, clasistas, adultocéntricos y capacitistas.
La libertad de prensa ya no es la que era, lo cual se vio reflejado en el descenso en los ránquines, como el de Reporteros Sin Fronteras. El derecho a la libertad de expresión y opinión (salvo el discurso de odio, contrario a una opinión) es menoscabado cuando se tilda de mentirosa y canalla a la prensa independiente o se ataca a diputaciones de izquierda utilizando mal el término comunistas, degradando el derecho a la opinión.
Desarrollo sostenible
La lista de derechos continúa, y siento que se plasman en las siguientes palabras: desarrollo sostenible. El término ha aumentado su presencia en los últimos años, desde el establecimiento de la Agenda 2030 y los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), aprobados por los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas en el 2015.
De acuerdo con la ONU, la agenda es un llamamiento universal a la acción por el desarrollo de la totalidad de las personas, según sus necesidades, sin comprometer el futuro del mundo. Esto es, precisamente, el desarrollo sostenible. El atender nuestras propias necesidades actuales sin comprometer nuestro futuro con vistas al mantenimiento del bienestar general, incluidas generaciones adultas, jóvenes como yo y las que vendrán.
Imperan bastantes mitos perpetrados por sectores poderosos que intentan hacer ver la Agenda como una “agenda de la ONU”. Lo que sucede es que esto no es así; es una agenda de todo el mundo, para todo el mundo.
Los 17 objetivos de la Agenda funcionan de manera interconectada, a pesar de dirigirse hacia áreas específicas, y poseen un enfoque multilateral e integral entre naciones desarrolladas y subdesarrolladas que promueve el rol de cada país con miras a un progreso para no dejar a nadie atrás.
Si usted desea conocer más, ingrese al sitio web de las Naciones Unidas y ahí encontrará las 69 metas de la Agenda, distribuidas por objetivo. Cada año, se realiza un reporte de desarrollo sostenible (Sustainable Development Report), del cual se extraen datos para mirar el progreso de nuestro país en torno a la temática.
Si vemos los indicadores, Costa Rica no está bien posicionada. Ocupa el puesto 47 con una calificación de 73,8 (3,4 puntos menos que el promedio regional latinoamericano). Solo presentamos estadísticas positivas y números verdes en la totalidad de apenas un objetivo: el número 7, en relación con la energía limpia y accesible.
En otros, estamos estancados, como sucede con el objetivo 4, sobre la educación, y el objetivo 10, relativo a la reducción de las desigualdades. Nos quedan siete años para el cumplimiento de la agenda y, por ende, el mejoramiento de nuestro mundo.
Nuestro reto
Acciones para alcanzar los ODS no son exclusivas de los gobiernos, son extensivas a cada persona, desde acciones mínimas hasta exponenciales.
Les invito a ustedes, mis lectores, a conocer un poco más sobre los objetivos. De hecho, les propongo un reto: encuentren su objetivo favorito y, al hacerlo, me encantaría que, por medio de mi correo electrónico, me lo compartieran y comentaran cómo creen ustedes que podemos hacer una o varias acciones para progresar hacia la concreción de esa meta.
Al final cada uno tiene un papel en nuestro desarrollo sostenible, que consecuentemente es posible a través de la protección de los derechos humanos y la participación ciudadana.
Estos tres son pilares de mi activismo y creo fielmente que es necesario que no se limiten a mí o un grupo, sino que se observen constantemente dentro de nuestro país.
Los únicos perjudicados a causa de la inacción somos nosotros mismos. Necesitamos una mejor Costa Rica y un mejor mundo. Esto lo lograremos procurando el desarrollo integral y sostenible para todos, incluido el avance en materia de derechos humanos. ¿Dónde comenzamos? Con la fundamental participación ciudadana.
Por eso, les invito a iniciar con nuestra acción, a partir de plantearse pequeñas metas al día, a la semana o por el período que elijan. Porque nuestro grano de arena es esencial para nuestro verdadero progreso como sociedad.
La autora es activista cívica de 17 años.
