
Dormir mal no siempre es el problema de fondo. Para muchas personas que pasan noches en vela, el insomnio es solo la punta del iceberg de algo más profundo: la ansiedad. Aunque suplementos como la melatonina se han popularizado como una “solución rápida” para conciliar el sueño, su efectividad puede verse seriamente limitada cuando detrás hay un trastorno ansioso no tratado.
Así lo explica el psiquiatra y neuropsiquiatra Jefry Castro, del Hospital Metropolitano, quien explica que el insomnio no es una enfermedad por sí sola, sino un síntoma común de múltiples condiciones médicas, neurológicas y psiquiátricas.
Lo que debe saber:
- El insomnio suele ser un síntoma, no una enfermedad independiente.
- La melatonina no es un sedante ni un ansiolítico.
- Tratar solo el sueño puede enmascarar un trastorno de ansiedad de fondo.
Cuando la ansiedad no deja dormir
En personas con trastornos ansiosos, el cuerpo se mantiene en un estado constante de alerta: hay mayor activación cerebral, niveles elevados de cortisol y dificultad para “bajar revoluciones” al final del día.
Esto se puede manifestar de distintas formas:
- Algunas personas experimentan síntomas físicos como palpitaciones, tensión muscular o malestar gastrointestinal.
- Otras lidian con pensamientos rumiativos que aparecen justo cuando se acuestan y no les permiten desconectarse.
En ese contexto, recurrir a suplementos para dormir puede resultar insuficiente. El especialista advierte que si una persona tiene un trastorno de ansiedad y toma melatonina, es posible que no logre conciliar el sueño, porque la causa principal del insomnio -la ansiedad- sigue ahí.
¿Qué es realmente la melatonina y cómo funciona?
La melatonina es una neurohormona que el cuerpo produce de manera natural, principalmente en ausencia de luz. Su función principal no es inducir el sueño de forma directa, sino regular el ritmo circadiano, es decir, actuar como un reloj biológico que le indica al organismo cuándo es momento de dormir y cuándo de estar despierto.
“La melatonina no pertenece ni a un grupo de hipnóticos ni de sedantes. Es decir, por sí sola la melatonina no produce sueño en realidad”, recalca Castro.
Por eso, tomar más dosis no significa dormir mejor. De hecho, el exceso puede aumentar el riesgo de efectos secundarios sin aportar beneficios adicionales.
La evidencia científica respalda su uso en situaciones muy específicas:
- Jet lag.
- Turnos laborales nocturnos.
- Desajustes del ciclo sueño-vigilia en adultos mayores.
- Personas con rutinas irregulares.
Sin embargo, incluso en estos casos, sus beneficios son limitados.
Automedicación y falsas expectativas
Uno de los errores más comunes es asumir que la melatonina “apaga” la ansiedad o induce un sueño profundo por sí sola.
“La melatonina, el efecto que tiene de ansiolítico es básicamente inexistente”, explica el neuropsiquiatra.
Además, el uso indiscriminado de suplementos —no solo melatonina, sino también valeriana, pasiflora o CBD— puede enmascarar el problema real, es decir, no están actuando sobre la base del trastorno que genera el insomnio. Eso favorece que la condición se cronifique.
En personas con ansiedad, incluso algunos efectos secundarios leves —como sensación de taquicardia— pueden interpretarse como una amenaza, aumentar la preocupación y empeorar el ciclo de insomnio.

Dormir mejor empieza por tratar la ansiedad
Cuando el insomnio está asociado a un trastorno ansioso, el abordaje debe ser integral. Esto puede incluir psicoterapia, tratamiento farmacológico indicado por un médico y cambios en los hábitos diarios.
En muchos casos, añade el especialista, el tratamiento de la ansiedad mejora de forma significativa la calidad del sueño.
A esto se suma la importancia de una buena higiene del sueño:
- Evitar pantallas antes de dormir.
- Reducir la exposición a la luz.
- Mantener horarios regulares.
- Usar el dormitorio solo para dormir o descansar.
- Establecer rituales previos al descanso que ayuden al cerebro a interpretar que es momento de desconectarse, como hacer una oración o ponerse una pijama.
Aunque muchas personas dicen “no dormí nada”, en realidad suelen dormir fragmentado o sin lograr un sueño reparador, pero normalizar ese cansancio constante no es la solución.
Por eso, si el insomnio persiste y se acompaña de ansiedad, lo mejor es consultar con un profesional y evitar la automedicación como única estrategia.
