
La migraña se convirtió en una compañía silenciosa para muchas personas. No es “solo un dolor de cabeza”: puede durar horas —incluso días—, limitar la vida diaria y venir acompañada de náuseas, vómitos, sensibilidad extrema a la luz, a los sonidos y al contacto.
Ante crisis que no siempre ceden con fármacos, en redes sociales circulan remedios caseros con frecuencia. Pero ¿cuáles funcionan realmente y por qué? Carlos Sequeira, neurólogo de la Clínica Pro Age (parte de la red médica Medismart), explica los mecanismos detrás de estos alivios y recalca que la migraña es una condición que requiere seguimiento profesional.
Lo que debe saber:
- La migraña no es un dolor de cabeza común y requiere seguimiento médico.
- Los recursos caseros ayudan a aliviar una crisis, pero no previenen ni curan la enfermedad.
- Identificar detonantes como la deshidratación, el estrés y la falta de sueño es vital.
¿Qué remedios caseros sí funcionan para aliviar la migraña?
Según el especialista, existen tratamientos no farmacológicos con evidencia para mitigar el dolor, siempre como complemento del tratamiento médico, cuando hay una crisis:
- Aceites de menta: Aplicados en la sien o el puente de la nariz, funcionan como “terapia de rescate” para disminuir la intensidad.
- Aplicación de frío, como un cubo de hielo, en la zona frontal de la cabeza.
- Sumergir los pies en agua caliente, una técnica viral que tiene sustento biológico.
Sobre este último punto, Sequeira aclara que no se trata de “desviar la sangre” hacia los pies, como usualmente se cree. La clave está en dos mecanismos: la teoría de la compuerta, donde un estímulo nuevo (como el agua caliente en los pies) distrae al cerebro del dolor, y la estimulación del sistema nervioso vagal, que ayuda a modular la respuesta del sistema nervioso autónomo.
“Cuando yo expongo al cuerpo a altas temperaturas, estoy estimulando la parte vagal”, explica el neurólogo.
Lo mismo ocurre con el frío o la acupuntura, que utiliza agujas finas en puntos estratégicos para modular la señal de dolor.
Eso sí, el especialista recomienda todos estos tratamientos como apoyo, no como sustitución, ya que no evita futuras crisis ni reemplaza el tratamiento médico.
Qué es la migraña y por qué ocurre
Desde el punto de vista médico, la migraña es una cefalea primaria.
Sequeira detalla que, a diferencia de lo que se creía antes, el origen no es cuánto flujo sanguíneo llega al cerebro, sino un proceso de inflamación neurovascular.
En este proceso, el nervio trigémino —encargado de la sensibilidad del rostro— interactúa con los vasos sanguíneos y libera sustancias inflamatorias que alteran su funcionamiento.

El síntoma más característico es un dolor pulsátil que suele afectar un solo lado de la cabeza (izquierda, derecha, adelante o atrás), empeora con la actividad física y puede estar acompañado de fotofobia (molestia a la luz), fonofobia (molestia a los sonidos), náuseas y vómitos.
En algunos casos aparece la migraña con aura, que puede provocar alteraciones visuales, hormigueos, dificultad para hablar o, en situaciones más raras, debilidad en un lado del cuerpo.
“Usualmente esos episodios de dolor de cabeza van a durar entre 20 minutos a 4 horas. Ciertos episodios inclusive digamos que uno lo puede extender hasta máximo 72 horas", explicó Sequeira.
Cómo prevenir las crisis
Más allá del alivio puntual, el control de la migraña pasa por detonantes en el día a día.
Uno de los más importantes es la hidratación. “Las personas con migraña, por condición, tienden a estar más deshidratadas”, explica Sequeira.
Dormir bien, manejar el estrés y prestar atención a la alimentación también marcan la diferencia.
Debido a que no hay una lista universal de alimentos prohibidos (el chocolate o los lácteos afectan de forma distinta a cada paciente), el neurólogo recomienda llevar un “diario de migraña”. Registrar comidas, horas de sueño y niveles de estrés permite identificar patrones personales.
Al igual que otras enfermedades crónicas, la migraña requiere control médico, un plan de tratamiento claro y recursos de rescate definidos.
Los remedios caseros pueden ser aliados valiosos, pero siempre dentro de una estrategia integral que combine el seguimiento médico con hábitos saludables y recursos de rescate efectivos.
