
Hacer ejercicio con regularidad no significa que una persona conozca todos sus factores de riesgo para la salud del corazón. En Costa Rica, la enfermedad isquémica del corazón causó 3.262 muertes durante 2024. Mauricio Obón, director del Centro de Excelencia Cardiovascular del Hospital Metropolitano, explica por qué el cuidado cardiovascular también requiere prestar atención a lo que ocurre fuera de la rutina de entrenamiento.
Lo que debe saber:
- Hacer deporte es vital, pero no elimina el impacto en el organismo de dormir poco, mantener una mala alimentación o vivir con estrés sostenido.
- Conocer la historia médica familiar y los niveles de presión arterial permite detectar amenazas que no presentan síntomas evidentes.
- Un infarto no siempre causa dolor de pecho; molestias en la mandíbula o un sudor frío repentino exigen atención médica urgente.
El ejercicio no elimina otros riesgos
Es común asumir que la actividad física frecuente compensa la falta de sueño o las jornadas de alta tensión. No obstante, el sistema cardiovascular requiere un cuidado integral para funcionar adecuadamente.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) muestran que las 3.262 defunciones por enfermedad isquémica en 2024 equivalen al 10,8 % de todas las muertes registradas en el país.
En términos sencillos, esta enfermedad ocurre cuando las arterias que llevan sangre al corazón se estrechan o se bloquean, generalmente por la acumulación de placas de grasa en sus paredes. Esto puede reducir el flujo de sangre y provocar dolor en el pecho o un infarto.
A nivel global, el panorama es similar: la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 19,8 millones de personas pierden la vida cada año por enfermedades cardiovasculares.
“Una persona puede hacer ejercicio con regularidad y aun así tener factores de riesgo cardiovascular que desconoce. Por eso, cuidar el corazón también implica prestar atención a lo que ocurre fuera de la rutina de entrenamiento y conocer el propio estado de salud”, explicó Obón.
Cuatro decisiones diarias para protegerse
El riesgo cardiovascular se controla también con las decisiones de todos los días. A partir de las recomendaciones del especialista, existen cuatro hábitos cotidianos a los que usted debe prestar atención:
- Proteja su descanso: Dormir bien ayuda a la reparación del corazón y de los vasos sanguíneos. La recomendación médica es que las personas adultas duerman entre siete y nueve horas cada noche.
- Mantenga una alimentación equilibrada: Priorice los alimentos poco procesados, con presencia habitual de frutas, verduras, fibra y fuentes variadas de proteína. Esto le ayuda a mantener un peso saludable y a controlar los niveles de colesterol y glucosa en la sangre.
- Evite excesos y sedentarismo: Es fundamental alejarse del tabaco, moderar el alcohol y reducir los periodos prolongados de inactividad física. Además, conocer sus niveles de presión arterial, glucosa y colesterol le permite detectar alteraciones a tiempo.
- Controle el estrés sostenido: La tensión constante afecta directamente el descanso y favorece las conductas poco saludables. Es necesario reconocer las causas, establecer espacios de recuperación y buscar apoyo profesional cuando la situación lo amerite.

El peso de los antecedentes familiares
El peligro cardiovascular aumenta cuando coinciden condiciones como la hipertensión, el colesterol LDL elevado, la diabetes tipo 2 y la obesidad abdominal. Cuando esto ocurre, el ejercicio regular no elimina por sí solo el efecto de dichas condiciones.
Además, la edad y los antecedentes familiares dictan la frecuencia con la que usted debe visitar al médico.
“Muchas condiciones cardiovasculares pueden avanzar sin producir síntomas evidentes. Por eso es importante conocer los antecedentes personales y familiares, realizar controles médicos periódicos y consultar oportunamente”, agregó Obón.
Alertas que exigen atención inmediata
Para prevenir complicaciones graves, resulta indispensable identificar los síntomas de un infarto. El dolor o la molestia en el centro del pecho es una de las principales señales de alarma, pero no es la única.
Si usted experimenta alguna de estas señales, debe buscar atención médica de forma inmediata:
- Dolor irradiado: Incomodidad en los brazos, el hombro izquierdo, la espalda o la mandíbula.
- Dificultad para respirar: Sensación de ahogo.
- Sudor frío y palidez.
- Náuseas.
