Un accidente cerebrovascular (ACV) no es un problema exclusivo de los adultos mayores. El 55% de los casos ocurre en personas jóvenes, según Carlos Sequeira, neurólogo del Centro Médico Del Parque, parte de la red médica MediSmart. La enfermedad puede dejar secuelas graves, pero reconocer sus señales y controlar los factores de riesgo ayuda a reducir su impacto.
Lo que debe saber:
- Una de cada cuatro personas sufrirá un evento cerebrovascular a lo largo de su vida, advierte el médico.
- Memorizar el método “Camaleón” ayuda a actuar rápido frente a tres síntomas repentinos.
- Existen tratamientos que buscan recuperar el flujo sanguíneo hacia el cerebro y limitar las secuelas.
¿Qué es un accidente cerebrovascular y cuáles son sus tipos?
Un accidente cerebrovascular (ACV) ocurre cuando se produce una lesión en el cerebro que afecta funciones como el habla, la sensibilidad, la visión o la capacidad de orientarse e interactuar con el entorno.
“El evento cerebrovascular también es la segunda causa a nivel mundial de muerte y la tercera causa a nivel mundial de discapacidad. Entonces, es una enfermedad extremadamente frecuente y con un impacto severísimo”, agregó Sequeira a la vez que mencionó que una de cada cuatro personas sufrirá uno a lo largo de su vida.
Hay dos tipos principales:
- Isquémico: se da cuando se tapan las arterias que le llevan oxígeno al cerebro. Sus causas van desde placas de grasa que obstruyen el flujo, coágulos que viajan desde el corazón, hasta enfermedades en los vasos más pequeños que popularmente se conocen como “micro derrames”.
- Hemorrágico: sucede cuando los vasos sanguíneos sufren algún tipo de lesión que provoca que se rompan.
En ambos escenarios, el flujo vital se interrumpe. Los síntomas aparecen en el momento, de manera súbita, sin avisar con días u horas de anticipación.
Entre los factores de riesgo para sufrir un ACV están:
- Presión arterial elevada.
- Hipertensión arterial.
- Diabetes.
- Tabaquismo.
- Peso.
- Contaminación ambiental.
Estrategia camaleón: cómo reconocer un evento cerebrovascular en tres pasos
La estrategia Camaleón, promovida en el país con participación de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), ayuda a recordar tres señales de alerta.
- CA (Cara): observe si el rostro presenta un cambio repentino en la simetría del rostro, tiene una mueca que antes no mostraba o le cuesta sonreír.
- MA (Mano): preste atención a una debilidad repentina en las extremidades, por ejemplo, si la persona tiene dificultad para mover una mano como lo hacía normalmente, si le cuesta levantar el brazo o sostener objetos.
- LE (Lenguaje): escuche si le cuesta hablar, no logra expresarse como antes o presenta dificultades para comunicarse.
- ON (Encender el teléfono): si nota cualquiera de los tres puntos anteriores, llame de inmediato al 9-1-1 para buscar atención de emergencia.

¿Por qué es importante actuar de inmediato?
Debido a que estas manifestaciones aparecen de manera repentina, la rapidez con la que se busca atención es determinante porque, cuando se confirma un evento cerebrovascular isquémico, existen tratamientos para intentar restablecer el flujo sanguíneo e impedir que el daño cerebral sea mayor o irreversible.
Una de las opciones es la trombólisis, un medicamento que ayuda a disolver el coágulo. Otra es la trombectomía, un procedimiento para extraerlo. La elección depende de la evaluación médica y de las características de cada caso.
El objetivo es que la persona conserve su independencia y recupere la mayor funcionalidad posible.
“La meta es que la persona quede independiente, funcional, casi que como si nada hubiera pasado, y son técnicas con tanta evidencia científica y con tanto respaldo que hablamos de que de cada tres personas que lleguen con mucho compromiso por su infarto en cerebro y que le podamos brindar esa terapia, una va a recuperar como si nada hubiera pasado”, precisó Sequeira.
Por otro lado, si no se actúa a tiempo, en los casos más graves, el paciente puede fallecer. Si sobrevive, también puede quedar con una discapacidad que le impida realizar actividades cotidianas sin ayuda.
“El paciente puede quedar dependiente en sus actividades básicas, entonces es una persona que quizás no fallezca, pero queda ocupando ayuda para bañarse, ocupando ayuda para desplazarse, entonces no solo ve tremendamente afectada su calidad de vida, sino que inclusive va a comprometer la calidad de vida de toda su red de apoyo”, explicó el neurólogo.
¿Cómo reducir el riesgo?
La prevención comienza con el control de los factores de riesgo que se pueden modificar. Sequeira recomienda:
- Controlar la presión arterial.
- Vigilar el azúcar en la sangre: detectar y controlar la diabetes.
- Evitar el tabaquismo: no fumar contribuye a proteger los vasos sanguíneos.
- Mantenerse activo: incorporar actividad física a la rutina.
- Abordar la contaminación ambiental: el especialista también destaca la importancia de las políticas públicas para reducir la exposición a este factor.
Según Sequeira, actuar sobre estos factores modificables puede prevenir el 80% de los eventos cerebrovasculares.
“El evento cerebrovascular es una enfermedad con mucho impacto funcional que genera mucha discapacidad, pero que es en su mayoría prevenible”, concluyó.
