Imagínese que usted entrena intensamente para su primera maratón, está en su mejor forma física y, de pronto, recibe un diagnóstico que paraliza a cualquiera: cáncer de mama. Esta es la historia de Lorena López, ingeniera y madre de mellizos. Un año después, tras recibir tratamiento y someterse a una mastectomía, cruzó la meta de una carrera de 5 kilómetros.
Su regreso al ejercicio ocurrió en medio de las sesiones de quimioterapia, con autorización médica y un entrenamiento adaptado a sus posibilidades. ¿Qué pasó en el proceso? En este artículo compartimos su historia.
Lo que debe saber:
- Un bulto que desaparece y vuelve a aparecer también merece atención, especialmente si crece.
- El tratamiento puede incluir quimioterapia, mastectomía, radioterapia y medicación posterior. Cada historia es distinta.
- Volver a hacer ejercicio durante un tratamiento oncológico requiere valorar cada caso con el equipo médico.
La primera señal del cáncer de mama en Lorena
Antes de noviembre de 2023, Lorena equilibraba su trabajo en la industria médica, la crianza de sus hijos de cinco años, su vida familiar y sus cinco o seis entrenamientos semanales. Sin embargo, un bulto en su pecho derecho comenzó a aparecer y desaparecer con los meses.
Al perder peso por el fuerte ejercicio, la masa se hizo evidente y dejó de ocultarse. Tras acudir al médico y someterse a una biopsia, el resultado confirmó su temor.
“Cuando me llegó a mí el examen, tal vez en esa parte con tanto desconocimiento, al leer carcinoma, realmente se me cayó el corazón”, recuerda.
En ese momento, su mayor angustia no era su propio destino, sino el de su familia.
“Veía a mis hijos, veía a mi esposo, veía a mi mamá, y yo no sabía si iba a durar semanas, días, meses, o si iba a lograr salir adelante en esto”, recordó, al contar que el resultado le llegó cuando estaba en un restaurante con sus hijos, por lo que tuvo que contener sus emociones para no llorar frente a ellos.
Entonces, las noches se convirtieron en su momento para llorar y procesar el miedo.
“Trataba de desahogar todo lo que pudiera. No dormía, pero a la mañana siguiente estaba ahí con ellos, alistándolos y llevándolos a la escuela para que estudiaran”.
El diagnóstico se confirmó el 14 de noviembre de 2023, y el 29 de diciembre recibió la primera quimioterapia.
Cómo las pelucas de colores le ayudaron a hablar con sus hijos
Si usted tiene hijos, seguramente entenderá el temor de Lorena al pensar en cómo la enfermedad los afectaría emocionalmente. Pero, en lugar de esconder los duros efectos de la quimioterapia, ella optó por ser transparente desde el amor y compró pelucas de distintos tonos.
Un día llegaba a casa con el cabello largo y gris; otro, con el pelo corto y café. También usaba pelucas moradas o rosadas.

Según contó, los niños se divertían probándoselas y posando con ella para las fotografías. Así, una experiencia difícil se convirtió también en un espacio para jugar y mantenerse unidos.
“A veces ellos me decían, ‘no, quiero que me des tu peluca y yo voy a usar esa’. Entonces, igual me veían sin cabello calva y definitivamente fue algo que me permitió estar unidos a ellos”, contó.
La mastectomía cambió el plan a un día de la operación
Al principio, sus médicos consideraron retirar únicamente la zona donde estaba el tumor. Pero penas 24 horas antes de ir al quirófano, los especialistas encontraron tres secciones afectadas en su pecho, obligando a cambiar el plan inicial por una mastectomía completa.
“Doctora, si necesita retirarlo (el pecho) para que yo siga con vida, retire completo lo que necesite”, fue su respuesta.
Después de la cirugía, enfrentó otro impacto al ver su cuerpo y la cicatriz.
Aun así, tenía presente una razón para continuar: “Yo sabía que eso podía garantizarme más años con mi familia”, relató.
¿Cómo volvió a correr en medio de la quimioterapia?
El tratamiento exigió cuatro quimioterapias “rojas” fuertes, seguidas de 12 quimioterapias “blancas”. Aunque los efectos fueron diferentes, siguió trabajando desde casa, estudiando y caminando cuando se sentía con fuerzas.
En la segunda etapa, Lorena se sorprendió al sentirse con energía, por lo que le consultó al oncólogo Dionisio Flores, del Hospital Metropolitano, sobre la posibilidad de volver a entrenar. Tras revisar su situación, bajo estricta guía médica y el cuidado de su entrenador, volvió a ejercitarse y correr.
En noviembre de 2024, a un año de su diagnóstico y ya con una mastectomía completa, logró una meta impensable: corrió una carrera de cinco kilómetros.
“El saber que tenía una meta también fue algo que lo cambia todo”, agregó.
El proceso incluyó apoyo nutricional, terapia y seguimiento médico. Lorena destacó que sus médicos se comunicaban con ella después de las sesiones para preguntar cómo se sentía.
Tras superar la cirugía y la radioterapia, el 1 de agosto de 2024 llegó su gran día.
“Toqué la campana con una emoción y con una felicidad, pusieron mi canción favorita, vinieron flores, vinieron todas las felicitaciones de todo el equipo médico, es algo que yo no voy a olvidar y realmente atesoro mi corazón”, contó.
Lorena sigue en etapa de reconstrucción física y toma medicación preventiva, ya que en su caso, explicó, el cáncer estaba relacionado con sus hormonas y debe seguir un tratamiento prolongado.
‘Que cada quien escriba su propia historia’
Hoy, ella comparte su experiencia con otras mujeres jóvenes que atraviesan un diagnóstico similar. Su mensaje no es que todas vivirán el mismo proceso, sino que no deben asumir que tendrán las mismas experiencias de otras pacientes.
“Su historia es diferente a las demás. Viva su historia. Escríbala”, aconsejó.
También recomienda prestar atención a los cambios del cuerpo y buscar valoración profesional si una alteración persiste.
“Y, sobre todo, va a sonar feo, pero que se toquen, sospechen. Tóquese todos los días, axila, pecho, costillas. Algo que usted percibe que no va a ser malo, pueda que sí lo vaya a ser. Entonces, solo un profesional de la salud es quien puede decir: ‘esto va a llevar un tratamiento’ o ‘no te preocupes, vamos a tener un control’”, concluyó.
