Uno de cada tres adultos en Costa Rica (32,3%) tiene obesidad. Y otro 42,3% tiene sobrepeso. En otras palabras, tres de cada cuatro (74,6%) están en esta condición (tiene sobrepeso y obesidad).
Las personas con un peso adecuado llegan apenas al 23,3%, si se toma en cuenta que un 1,1% más bien tiene un bajo peso.
El número de personas con un peso que puede poner en riesgo su salud va en aumento desde 2010.
Todos estos datos se desprenden de la más reciente Encuesta de Factores de Riesgo Cardiovascular de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), que tomó en cuenta 4.638 personas mayores de 19 años de todo el país y es la más completa a la fecha, dado que la última Encuesta Nacional de Nutrición se presentó en 2009.
La CCSS ha realizado este estudio con la misma metodología en 2010, 2014, 2018 y 2024, lo que permite comparar la evolución de todas las condiciones de salud.
Esta condición de salud merece una especial atención. No solo fue declarada una enfermedad crónica de importancia para la salud pública, sino que esta es la puerta de entrada para otras enfermedades crónicas, pues aumenta el riesgo de diabetes, hipertensión, dislipidemia (niveles alterados de colesterol y triglicéridos), infarto, accidentes cerebrovasculares (popularmente llamados “derrames cerebrales”) y de 13 tipos de cáncer.
En 2010, la encuesta arrojó que el 26% de los adultos era obeso; 14 años después, era el 32,3%, un incremento del 24,23%.
El ritmo de crecimiento de la obesidad es todavía mayor que el del sobrepeso, que pasó de 36,1% al 42,3%, un aumento del 17,17%.
“En eso tenemos que poner especial atención, lo recalco, porque tenemos que ver que a pesar de que ya se definió por ley que es una enfermedad, todavía no hay mucha conciencia sobre esto y los hábitos que deben modificarse”, manifestó Roy Wong McClure, epidemiólogo de la Subárea de Vigilancia Epidemiológica de la CCSS.
¿Qué es la obesidad?
Georgina Gómez Salas, nutricionista especialista en bioquímica e investigadora de la Universidad de Costa Rica (UCR), recordó que la obesidad es una alteración metabólica que se produce por exceso de grasa.
En términos generales, se define a partir de una relación entre el peso y la estatura de cada persona. A esto se le conoce como índice de masa corporal (IMC).
Se divide el peso entre la estatura en metros, elevada al cuadrado. Si el resultado es mayor de 30, se considera que hay obesidad según los estándares actuales.
Esta es la definición utilizada en la encuesta de la CCSS, que también utiliza un rango entre 25 y 29 para establecer el sobrepeso.
Sin embargo, hay otros factores que deben tomarse en cuenta, como la medida de la circunferencia de la cintura y la cantidad de grasa corporal y visceral.
“Altera el metabolismo y eso hace que sea una enfermedad per se y un riesgo para otras. Desarrolla un proceso de inflamación crónica; se producen compuestos que dañan células dentro de los órganos”, detalló.
No es igual en todas las personas
La prevalencia de obesidad no es igual en todos los grupos de la población. La encuesta señala que es mucho más común en las mujeres.
El 38,4% de las mujeres son obesas, contra un 26,7% en los hombres.
Esto se debe a una combinación de factores. Las mujeres tienen más grasa corporal, pero también su composición hormonal puede favorecer el aumento y la retención de peso más que en los hombres.
Si se ve por edades, la prevalencia es mayor entre los 40 y los 64 años, con un 37,4%, y menor entre los 20 y los 39, con 29,8%.
También hay personas que, por genética, tienen mayor predisposición al aumento de peso.
Buscando soluciones

Lo primero que las personas afrontan cuando quieren bajar de peso son regímenes alimentarios y de ejercicio. Estos pueden estar bien para algunas personas, pero no serán suficientes para muchas.
Habrá quienes requieran algún medicamento o cirugía para controlarlo.
En los últimos años, diferentes medicamentos conocidos como péptidos o agonistas de la GLP-1 han revolucionado el combate a la obesidad. Estos medicamentos, que en un inicio se vislumbraron para la diabetes, también son exitosos para bajar de peso.
El agonista GLP-1 más conocido es la semaglutida, principio activo de nombres comerciales como Ozempic, Wegovy y Rybelsus. También hay otros agonistas GLP-1, como la dulaglutida (Trulicity), la exanatida (Byetta), la liraglutida (Victoza y Saxenda), la tirzepadida (Mounjaro) y la Lixisenatida (Adlyxin).
En su mayoría, estos medicamentos son inyectables y se asemejan a un bolígrafo o lapicero, pero también hay versiones de medicamento oral.
Se aplican en diferentes dosis, según la necesidad del paciente.
Estos medicamentos no están exentos de riesgos, por lo que requieren vigilancia médica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló, en 2025, las condiciones bajo las cuales recomienda su uso.
- Pueden usarse en adultos, pero no en embarazadas.
- La eficacia de estos tratamientos sí es evidente, pero la recomendación es condicional, porque todavía no hay evidencia suficiente de eficacia y seguridad a largo plazo, riesgo de descontinuación de productos (especialmente en algunos países), cuán preparados estén los sistemas de salud de los países, los costos, y posibles inequidades en el acceso.
- Las personas con estos tratamientos médicos también deben acompañarse de una alimentación saludable y actividad física.
- Los sistemas de salud deben crear ambientes que promuevan políticas públicas para prevenir la obesidad.
- Los países deben proteger a los individuos en riesgo de desarrollar obesidad a través de tamizaje e intervenciones tempranas de alimentación y ejercicio.
- Los sistemas nacionales deben asegurar el acceso a tratamiento centrado en la persona, de por vida, de ser necesario.
Los especialistas coinciden en que no son para todas las personas.
“Desde siempre hemos tenido personas haciendo lo que sea solo por perder dos kilos de más”, puntualizó Gómez. “Los nuevos productos son súper útiles, y también tienen componentes cardioprotectores y neuroprotectores, pero no son para todo el mundo, y por eso debemos tener mucho cuidado. Deben usarse de la mano de profesionales”.
A esto se le añade que hay productos falsificados o vendidos a través de Internet que pueden tener consecuencias para las personas. Entre las consecuencias pueden estar el que simplemente no tengan efecto alguno, hasta causar intoxicaciones que pongan en riesgo la vida.
Independientemente de si se utilizan fármacos, hábitos como una buena alimentación, actividad física y dormir bien siguen siendo necesarios.
“No son una licencia para hacer lo que me da la gana. Son un complemento”, dijo Gómez.
