Un pedacito de hígado que un donante cadavérico anónimo le dio a Rosaura Jiménez Calderón y a Rocío Castillo Villalobos en mayo del 2018 mantiene a estas dos mujeres disfrutando de la vida, la cual estuvo a punto de escapárseles de sus manos seis años atrás, cuando Rosaura tenía 50 años y Rocío era una pequeña de dos.
Ambas tenían pocas posibilidades de conocerse pues no solo las separa una vida completa, sino que además viven muy lejos una de la otra: Rosaura es vecina de San Sebastián, en San José, mientras Rocío vivía en aquel entonces en Río Frío de Sarapiquí.
La vida las unió al convertirse en las costarricenses en recibir el primer −y hasta ahora único− trasplante hepático split simultáneo, el 23 de mayo del 2018. Rosaura y Rocío se beneficiaron de un doble trasplante con un solo injerto.
Este procedimiento fue el tercero en su tipo en el mundo después de Francia y Reino Unido. Un solo equipo quirúrgico hizo tres operaciones al mismo tiempo: la operación para extraer los segmentos de hígado del donante cadavérico y las dos cirugías de trasplante, que incluyeron la extracción de los órganos enfermos.
Un centenar de personas participó en el trasplante, entre enfermeras, anestesiólogos, equipos operativos y cirujanos hepatobiliares de los hospitales México y Nacional de Niños, quienes unieron esfuerzos y conocimientos para rescatar de la proximidad de la muerte a dos desconocidas.
El trasplante hepático split simultáneo es considerado el top de los trasplantes de hígado con donador cadavérico.
Al realizarse simultáneamente las tres cirugías fue necesario una preparación previa de varios meses y un despliegue logístico impresionante, con apoyo de la Policía de Tránsito para el traslado de cirujanos entre hospitales durante las horas en que estuvo activo el operativo aquel 23 de mayo del 2018.

Las pacientes acumulaban dos años de sufrir el deterioro de la salud ocasionado por la cirrosis. En el caso de Rocío, la enfermedad la provocó un problema congénito (de nacimiento); a Rosaura un padecimiento autoinmune que se manifestó repentinamente a sus 46 años.
La Nación conversó con Rosaura Jiménez y con la mamá de Rocío, Rosibel Villalobos, para conocer cómo están sus vidas seis años después de la cirugía. Esto fue lo que nos contaron.
Rosaura disfruta una nueva vida
Llena de energía y, sobre todo, de un profundo agradecimiento con Dios y el Centro de Cirugía Hepatobiliar del Hospital México, Rosaura Jiménez disfruta cada minuto de su vida, una que estuvo a punto de perder por una cirrosis de origen inmunitario que irrumpió sorpresivamente cuando todo parecía estar bajo control.
“Tengo que cuidarme mucho. Casi vivir como niñito recién nacido, pero tengo muchos planes por delante después de esta nueva oportunidad. Es un nuevo nacimiento para mí. Viviré con más ganas mis sueños, no como antes, que posponía todo.
“Aunque quedé con una vida delicada y me tengo que cuidar mucho mucho, vivo. ¡Vivo!”, exclamó esta experta en comercio de cosméticos de alta gama, quien está feliz porque en estos seis años pudo ver crecer a su hija, a quien vio graduarse del colegio, convertirse en adulta e ingresar a la universidad.

De un momento a otro su mundo se acabó, relató. Sucedió en el 2016.
“Empecé mal, mal, todo lo que comía lo devolvía y sufría sangrados por boca y nariz. Me tenían que ligar las várices del estómago. Fue un proceso bastante fuerte. Me refirieron al equipo de trasplante hepático del México. Ahí empecé el proceso y me dijeron que había oportunidad si salía un donante, pero si no, no había nada que hacer”, recordó.
Esperó dos años la llamada. La única que recibió fue la que le abrió una nueva oportunidad de vida. Claro que Rosaura no se imaginaba que su trasplante sería para la historia. Lo supo unos días después, cuando la cirujana Mariamalia Matamoros le contó cómo había sido todo.
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“La doctora me contó que el hígado de la persona que donó era sumamente sano y pudieron aprovecharlo para dar vida a dos personas. Después de mi trasplante me fue tan bien que una o dos horas después de salir de sala pude abrir los ojos. A los días me pude levantar y bañar. Mi proceso fue increíble. Hasta el día de hoy, mi evolución ha sido excelente”, asegura.
Un solo donante cadavérico dio vida a dos
Es el primer transplante de hígado en el cual un solo donante beneficia a dos receptores en procedimientos quirúrgicos que se realizaron al mismo tiempo
FUENTE: CIRUJANO HEPATOBILIAR EDWARD CASTRO SANTA || INFOGRAFÍA / LA NACIÓN.
Su única preocupación es el futuro del Centro de Cirugía Hepatobiliar: “Me siento triste de saber que quieren cerrarlo. Como mi persona, muchas ya podrían haber tenido la oportunidad de un procedimiento como el mío. Tengo compañeros muy graves que necesitan una oportunidad. No es justo que quieran cerrarlo”, manifestó.
Otra Rocío nació del trasplante
“Rocío está muy bien. Es una niña muy normal, juega, pelea, hace de todo. Come bien. Está en tercero de la escuela. Tiene 8 años”.
La respuesta de Rosibel Villalobos Batista cuando le preguntamos por su pequeña Rocío es la que daría cualquier madre de un niño saludable desde el nacimiento. Pero no. La menor de los cinco vástagos de Rosibel nació con un quiste en el hígado que acabó por destruirle este órgano vital y ponerla en la lista de candidatos a trasplante.
Eso pasó hace seis años, cuando Rocío apenas tenía dos y era diametralmente diferente a la niña que hoy se sube a los caballos en la finca de su papá y va a la Escuela Líder de Pocora, en Guácimo de Limón.
Rosibel la recuerda como una bebé que no hablaba. “No caminaba, vivía siempre llena de moquitos y granos. Su piel era amarilla tirando a verde. Vieras que tenía un olor muy fuerte en la orina que se le salía por los poros”, describió.

El trasplante la obliga a tomar dos pastillas dos veces al día. Una es para controlar la presión arterial y otra para bajar el sistema inmunitario y evitar que su cuerpo rechace el trocito de hígado que le implantaron en el 2018.
La operación también cambió el pronóstico de muerte que tenía si no aparecía un donante. El cirujano hepatobiliar José Pablo Garbanzo le vaticinó a doña Rosibel que su hija tendría una vida normal. ¡Y vaya que normal!
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“Rocío ha tomado tan bien ese hígado como si fuera de ella. Me dijeron que sería una niña normal, y así ha sido. Ella come lo que quiera. A veces uno pollo, un pedacito de carne, le encanta el arroz con salsa de tomate.
“Si se hace una sopita, come sopita con arroz, caldito de frijol con arroz. Le gusta el huevo picado y se lo come con arroz que ella misma hace. ¡Le queda sueltitico!”, describió la feliz y agradecida madre.

La pequeña sueña con convertirse en veterinaria. Por ahora, entrena con varios perros y unas cuantas gallinas que la familia tiene en el patio de la casa.
Rocío cumple años cada 6 de enero. Consciente de esta nueva oportunidad de vida, ya le ha dicho a su mamá que el cumpleaños también se lo tienen que celebrar cada 23 de mayo, el día que volvió a nacer.