Luego de casi dos años, se sigue tomando temperatura para entrar a establecimientos y ofrecen alcohol en gel, pero pocos se preocupan por la ventilación o por medir niveles de CO2
¿Recuerdan cuando comenzó la pandemia? ¿Recuerdan que se sabía tan poco que había todo tipo de prácticas de prevención? Hice un sondeo rápido entre amigos y mencionaron estas: lavar y hasta desinfectar las compras (y las bolsas en las que las llevábamos), bañarse y cambiarse de ropa al llegar a la casa y poner a lavar las prendas.
Uno de ellos me contó que dejaba sus zapatos en agua con jabón durante un par de horas y a una amiga microbióloga incluso le consultaron si había un producto especial para lavar los platos... y ella los mandó a comprar el lavaplatos de siempre.
También al inicio de la pandemia, se colocaron lavamanos en los establecimientos, aunque algunos carecían de toallas para secarse y, en algunas ocasiones, hasta faltaba jabón. Asimismo, se instalaron estaciones de alcohol en gel y toma de temperatura.
A la fecha, muchos comercios conservan alfombras con desinfectante y termómetros, no siempre bien calibrados (ya más de uno me ha marcado que estoy por debajo de los 30 º C, algo técnicamente imposible para que una Homo sapiens ande caminando como si nada).
El problema es que aunque tengan todas esas medidas, las ventanas están cerradas y ninguno se ha ocupado por revisar la calidad del aire en muchos cerrados.
¿Qué hemos aprendido, qué nos negamos a desaprender y qué debemos adoptar para prevenir, en serio? Acompáñenme a repasarlo en esta edición de Reporteras de Covid.