Salud

Geriatra llama a adultos mayores a no rendirse ahora, 'cuando en las salas de emergencia no serán prioridad’

Doctora Kattia Chinchilla creó una cadena en WhatsApp para blindar a los adultos mayores en el momento más crítico de la pandemia de coronavirus

A un paso de que colapsen los servicios de salud por la pandemia de coronavirus, la experimentada geriatra costarricense, Kattia Chinchilla Hernández, creó una cadena de WhatsApp para enviar un mensaje de apoyo a los adultos mayores.

El serio pero tierno llamado, desde el corazón de la geriatra, es a no desfallecer en estos momentos críticos. A cuidarse, a cumplir con el confinamiento y a evitar con todas las medidas el posible contagio del virus.

Este es su mensaje completo:

“Soy médico hace 25 años y entregué mi corazón profesional a los ancianos desde hace 22 años, cuando puse mis pies por primera vez en el Hospital Blanco Cervantes, como es conocido este hermoso hospital por la mayoría”.

"La única vez que había estado ahí fue para despedirme de Mamienda, mi amada abuela, que vio su último día de luz terrenal en una de esas camas, pero supe que me encantaban los ancianos como pacientes desde que hice mis primeras historias clínicas siendo estudiante en el Hospital México.

"Tengo corazón de geriatra y me encanta. He aprendido tanto, no solo de Medicina, sino de la vida.

"Los adultos mayores encierran un valor que no es visible para todos, pues no todos tienen ojos en el alma.

"Nunca me han gustado los estereotipos que promueven imágenes de lo que se supone que es un adulto mayor. Creo, firmemente, que un adulto mayor es simplemente un ser humano, que vive en un ciclo de vida, al cual ha llegado luego de atravesar un camino único, individual y diferente, lo cual los convierte precisamente en eso: seres únicos, individuales y diferentes.

"A lo largo de mi carrera recibí muchas herramientas de otras disciplinas, pues para cuidar la salud integral de los adultos mayores debes ser un poco psicólogo, nutricionista, trabajador social, abogado y hasta guía espiritual. Sin embargo, creo que ninguno de mis compañeros o profesores nos preparamos para enfrentar una enfermedad que amenazara la vida de tantos adultos mayores al mismo tiempo, y que la medida para protegerlos de ella, sería pedirles hacer por un tiempo indeterminado lo contrario a mucho de lo que les recomendamos a diario.

"Ante esto, no me ha sorprendido que los adultos mayores hayan respondido de manera única, individual y diferente, pero me atrevo a afirmar con certeza que una gran mayoría muestra algo en común: valor y adaptación.

"Ahí están, alrededor del mundo, de pie, enfrentando sus miedos, siguiendo las indicaciones, aislándose, adaptándose a una tecnología que supla los besos y los abrazos de sus seres queridos a los que han tenido que renunciar, dando ánimo a sus familias, conectándose más a la energía divina del ser superior, intentando sobrevivir.

"Tengo corazón de geriatra y ese corazón siente orgullo de los ancianos y de tantas personas que los han apoyado, asistido, cuidado y protegido todo este tiempo. A todos ellos los exhorto a no cansarse, a no aburrirse, a no rendirse. No ahora, no cuando han luchado tantos meses; no ahora, cuando han luchado tantos meses; no ahora, cuando nuestro sistema de salud está con un nivel de carga mayor al que puede manejar; no ahora, cuando en las salas de emergencia un adulto mayor no tendrá la prioridad; no ahora, cuando hasta el mismo personal está enfermando y hasta muriendo; no ahora, cuando la pandemia parece salir de control y a tantos parece no importarle.

"Mi corazón de geriatra no se cansará de levantar la voz, levántela conmigo, reenvíe este mensaje, hable con sus familiares, revise sus protocolos de higiene y distanciamiento y los de su familia. Absténgase de salir si no es necesario, no rompa las burbujas sociales, póngase siempre su mascarilla en lugares públicos y, cuando tenga contacto con los adultos mayores, no participe en reuniones sociales, no salga de su casa si está enfermo o sabe que podría estarlo.

"Es por los ancianos de Costa Rica, que son sus padres, sus abuelos, sus esposos, sus tíos, sus profesores, sus vecinos, su familia.

“Y por último a mis colegas médicos les digo, sí son Dorados, pero por el valor gigante que como seres humanos se han ganado tras tantos años de lucha, entrega y sacrificio ¡honremos ese término!”.

Juan Diego Córdoba González

Juan Diego Córdoba González

Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina de Costa Rica. Estudiante de la Maestría en Comunicación y Mercadeo. Periodista de la mesa de Sociedad y Servicios de La Nación.