Lucía Astorga. 7 abril
El dispensario sufre de serio deterioro por la falta de mantenimiento. Foto: Albert Marín.
El dispensario sufre de serio deterioro por la falta de mantenimiento. Foto: Albert Marín.

Los viejos edificios construidos durante los 117 años que operó la cárcel de la isla San Lucas, en Puntarenas, corren el riesgo de desaparecer y de que sus espacios sean nuevamente reclamados por la naturaleza.

La falta de mantenimiento de las estructuras es notable. Una de las edificaciones en peores condiciones es el dispensario médico que, poco a poco, ha perdido las tablas de madera que forman sus paredes.

De no tomar acciones rápidas, este inmueble podría correr la suerte de otras construcciones icónicas de la isla, que ahora solo viven en libros, fotografías y recuerdos de quienes las conocieron.

El dispensario médico es una de las primeras estructuras que observan los visitantes cuando inician su recorrido por la isla. Foto: Albert Marín.
El dispensario médico es una de las primeras estructuras que observan los visitantes cuando inician su recorrido por la isla. Foto: Albert Marín.

En igual estado de abandono están las casas que formaban el barrio Las Jachas, donde se encontraban los reclusos de confianza y en las cuales podían recibir la visita de sus familiares. Es poco lo que queda del lugar.

O la comandancia, que funcionó como plantel administrativo de la cárcel desde su creación, en 1927, hasta que fue consumida por un incendio, la madrugada del sábado 25 de noviembre del 2017.

Era un edificio de 300 metros cuadrados de construcción, de tres niveles; el primero de concreto armado con partes en bahareque francés, y los otros dos, de madera.

Una nueva historia
A la izquierda, una imagen de cómo se ven en la actualidad los restos de la comisaría, mientras que a la derecha se puede apreciar cómo era la edificación antes del incendio de noviembre de 2017. Fotos: Albert Marín y Fabián Hernández
A la izquierda, una imagen de cómo se ven en la actualidad los restos de la comisaría, mientras que a la derecha se puede apreciar cómo era la edificación antes del incendio de noviembre de 2017. Fotos: Albert Marín y Fabián Hernández

La necesidad de intervenir las estructuras fue reconocida por el Gobierno de la República este viernes, durante la presentación de un proyecto para reactivar el turismo a la isla y como una de las acciones a corto plazo que se efectuarían.

Inicialmente se tiene prevista una inversión de ¢1.500 millones que serán aportados por el Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico (Incop), el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica (Mideplán) y el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).

La idea es que San Lucas tenga para Costa Rica la misma relevancia que otros sitios turísticos con antecedentes parecidos, como Alcatraz, en la bahía de San Francisco, Estados Unidos, y Coiba, en el golfo de Chiriquí, Panamá.

El presidio operó entre 1873 y 1991; sus edificaciones constituyen un patrimonio nacional. Por su parte, la isla goza de la categoría de Refugio de Vida Silvestre.

Trabajos por realizar
El Centro de Patrimonio quiere reconstruir el antiguo comisariato de la isla San Lucas, para comprender mejor la historia del centro penal que ahí operó durante 117 años. Foto: Albert Marín.
El Centro de Patrimonio quiere reconstruir el antiguo comisariato de la isla San Lucas, para comprender mejor la historia del centro penal que ahí operó durante 117 años. Foto: Albert Marín.

La primera medida por tomar sería evitar que lo que existe “se llegue a desmoronar”, indicó Diego Meléndez, director del Centro de Patrimonio.

“Pero de una forma muy respetuosa, para que el edificio no colapse, pero que no pierda todas sus características, eso es lo más importante”, dijo.

Meléndez destacó la “urgencia de que se haga una intervención”, porque de continuar por la misma ruta, llegará “el momento en el que no va a quedar nada”.

“Las inclemencias del clima son fuertes y, en 10 años, una estructura desaparece completamente, la naturaleza la recupera”, advirtió.

Si bien la idea es que estos trabajos de intervención se integren a toda la estrategia que impulsa el Gobierno para reactivar el turismo en San Lucas, para Meléndez la situación del dispensario es crítica.

“Doña Claudia tiene clarísimo que, sin un plan maestro, no tiene sentido invertir dinero. Pero, por ejemplo, ya hoy quedó claro que el antiguo dispensario requiere una intervención inmediata, porque si lo dejamos como está, va a desaparecer”, indicó.

Los techos de los pabellones donde eran recluidos los presos, también requieren intervención. Foto: Albert Marín.
Los techos de los pabellones donde eran recluidos los presos, también requieren intervención. Foto: Albert Marín.

Otros pasos por seguir son la intervención de los techos de las celdas y también la reconstrucción de la comisaría.

A criterio de Meléndez, quien también es arquitecto, para comprender cómo era el penal, el edificio de la comandancia es muy importante, “porque era básicamente el corazón del penal, y el corazón se perdió”.

“Gracias a Dios, Juan Ramón (Rivera), presidente del Incop, nos dice que hay fondos disponibles y que se podría hacer una intervención a un corto plazo, tal vez unos tres o cuatro meses”, adelantó.

Algunas de las ventajas que tendría el Centro de Patrimonio para esta tarea, es que cuenta con información de cómo era exactamente la estructura y que aún queda mucho de su tejido histórico.

Si las paredes hablaran...
Alrededor de la isla se pueden observar restos de las edificaciones que han desaparecido con el tiempo ante la falta de mantenimiento. Foto: Albert Marín.
Alrededor de la isla se pueden observar restos de las edificaciones que han desaparecido con el tiempo ante la falta de mantenimiento. Foto: Albert Marín.

Cada edificación guarda su propia relevancia, particularmente si se considera que la historia de la isla cuenta con dos momentos clave en cuanto a las construcciones que alberga.

Por ejemplo, la calzada que los visitantes recorren al ingresar por el muelle data de 1890, mientras que la iglesia, la comandancia y los pabellones son de 1927.

El dispensario y Las Jachas son de 1960, cuando el lugar se convierte en una colonia agrícola penal, marcando así un giro para lo que, en aquella época, se consideraba la regeneración de los reos.

“Las construcciones no son aleatorias, sino que se dan en el marco de una discusión nacional de cómo tratar a las personas”, indicó Gabriela Villalobos, historiadora del Museo Nacional.