Desde hace días, la discusión sobre cómo reformar el sistema eléctrico calienta redes sociales y divide opiniones: unos dicen que se privatizará el ICE, otros que habrá apagones y algunos que la luz se encarecerá. Salvador López Alfaro observa el debate con una mezcla de inquietud y frustración.
López, ingeniero especialista en sistemas y mercados eléctricos, dirigió durante 22 años el Centro Nacional de Control de Energía (Cence) del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y participó activamente, según relató, en la negociación del proyecto de armonización eléctrica que hoy se debate en la Asamblea Legislativa (expediente 23414).
Lo que más le preocupa, confiesa, no es tanto el texto en sí —con el que tiene acuerdos y reparos— sino la posibilidad de que cuatro años de trabajo legislativo se vayan al archivo.
“Cuatro años tirados a la basura, a mí me suena una tristeza enorme que Costa Rica haga eso”, aseguró en entrevista con La Nación el 1º. de junio.
Entre sus observaciones, él habría preferido que la energía de las plantas existentes del ICE siempre fuera la primera en ser comercializada en el sistema eléctrico nacional, no únicamente por un periodo transitorio de 10 años previsto en el proyecto.
Además, se sentiría más cómodo sin la presencia de delegados del ICE y la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) en la junta directiva de la nueva entidad que controlará la energía, en un mercado mayorista donde participen empresas públicas y privadas. Él aboga por ingenieros independientes, economistas e incluso representantes universitarios.
El costo de no decidir
No obstante, lo que más le inquieta no son las imperfecciones del texto, sino el riesgo de empezar de cero.
Recordó cómo, en la administración pasada, se creó por primera vez una Comisión Especial del Sector Energético Nacional dedicada exclusivamente a energía.
Por cuatro años, sus integrantes y otros actores negociaron un equilibrio en el plan de ley entre posiciones muy distantes: quienes querían proteger al ICE de toda apertura y quienes buscaban una liberalización más amplia.
El resultado no satisface del todo a nadie, pero existe, recalcó López.
“Estoy seguro de que llegaremos otra vez a lo mismo, porque ya ha pasado que esta negociación no avanza”, dijo sobre la posibilidad de reiniciar el proceso.
López critica al Frente Amplio y al gobierno
Salvador López señaló que la posición del Frente Amplio —en contra la reforma al modelo— vuelve casi inviable llegar a un texto de consenso diferente.
“La posición del Frente Amplio es que no hay ninguna reforma que hacer. Entonces, esto nunca va a tener ninguna posibilidad de vida”, lamentó
Al mismo tiempo, afirmó que el Poder Ejecutivo tampoco ha facilitado el diálogo. “El gobierno con ese discurso tan confrontativo tampoco facilita que aquí se logre entender, valorar y sopesar racionalmente lo que está en el texto”.
‘Es vergonzoso’ hablar de apagones
Para López Alfaro, si el proyecto se aprobara hoy, no tendría efectos inmediatos en las tarifas ni en la operación del sistema: sus transitorios prevén al menos un año para el reglamento a la ley, año y medio para la regulación y otro año para la implementación.
El horizonte real de impacto, estima, es de cuatro a cinco años.
A su juicio, eso hace que los argumentos sobre apagones inminentes —vengan de donde vengan— distorsionen el debate.
“Decir que, si hoy no se aprueba esto, habrá apagones es algo vergonzoso. Lo mismo quien diga que la energía será más barata el otro año. Pediría a todos una discusión más racional, pensando en Costa Rica hacia el futuro”, lanzó.
Mercado que no privatiza ni multiplica plantas térmicas
Una repetida objeción en diversos foros contra el proyecto es que abriría la puerta a la generación privada de origen térmico, contaminante y costosa, con combustibles fósiles.
Consultado sobre ello, López Alfaro fue directo: “La ley es absolutamente categórica. Es un mercado de generación exclusivamente renovable. No puede haber planta térmica que se pueda instalar en el marco de este mercado.”
Si en algún momento el país requiriera más energía térmica u otra fuente no renovable, solo el ICE podría desarrollarla. Ese candado está en el texto y casi no se ha divulgado en el debate, expresó. De hecho, el artículo 16 del plan así lo estipula, confirmó La Nación.
Sumar una fuente no renovable al parque de generación requeriría permiso del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), que antes deberá priorizar opciones no contaminantes. Solo se autorizaría para asegurar la demanda ante un riesgo inminente de desabastecimiento.
López también rechazó las voces que invocan la privatización del ICE u otras distribuidoras. “Las empresas quedan íntegras. Todo queda dentro del Estado”, manifestó.
Lo que cambiaría es que estas instituciones podrían comprarle energía no solo al ICE —como ocurre hoy— sino también a generadores privados que compitan entre sí.
A su modo de verlo, este cambio introduciría una señal de precio hoy inexistente: si alguien ofrece energía más barata que la del ICE, cualquier distribuidora podrá preferirla.
El consumidor residencial, en este esquema, no cambiaría de proveedor ni vería alterada la estructura de tarifas reguladas que hoy conoce y las distribuidoras mantienen su demanda cautiva por zona geográfica.
“De hecho, la discusión más importante que se dio en todo el proceso fue cómo lograr que las distribuidoras no se tocaran”, recordó.
Ecosen, la figura polarizante
La pieza más polémica del proyecto es quizás la creación del Ente Coordinador del Sistema Eléctrico Nacional (Ecosen), que asumiría funciones que hoy tiene el ICE como operador del sistema y el mercado eléctrico.
Consultado sobre la nueva entidad, el ingeniero optó por restarle drama.
“Es un grupo de 150 personas que además es uno de los grandes activos del ICE. Un activo que, puesto en valor, si acaso vale $50 millones”, afirmó.
La declaración se refiere a que, de acuerdo con el plan de ley, el Ecosen recibirá los activos, sistemas, bienes muebles e inmuebles y demás recursos con los que se opera el sistema y mercado del ICE. Todos los pasivos financieros, así como el valor en libros de los bienes a traspasar, serían asumidos por el Ecosen.
La relación laboral del personal actual del ICE a cargo de la operación del sistema eléctrico nacional también pasaría al Ecosen. Quienes no deseen trasladarse podrán acogerse al pago de sus derechos laborales, que cancelará el Instituto; según precisa el texto.
La lógica detrás del Ecosen, insistió López, es que el jugador más grande del mercado (en este caso el ICE) no sea también quien fije las reglas para el resto de empresas.
“No puede seguir uno de los participantes siendo el que decide cómo participan todos”. Para que el mercado funcione con múltiples actores —estatales, cooperativas, privados— se necesita un árbitro sin intereses en juego.
¿El resultado? Un nuevo operador del sistema eléctrico “que va a tener una independencia que ahora no tiene”, en su opinión.
Sistema dependiente de lluvia
Para el ingeniero, el debate sobre la armonización no ocurre en el vacío: el país enfrenta una prueba climática concreta en 2027.
Estimó que, si el embalse Arenal (mayor reservorio para generación hídrica) no llega al verano en condición óptima, se podría repetir —con mayor intensidad— “el susto del 2024″, cuando Costa Rica casi activa cortes de luz por falta de capacidad.
“En el 2024, estuvimos a punto de racionamientos porque no se habían incorporado plantas térmicas a tiempo”, recuerda.
Ese año, las unidades de alquiler llegaron en marzo, cuando varios embalses ya se habían agotado, comentó. Ante ello, el ICE ya planifica incorporarlas en enero, lo que elevaría el respaldo térmico disponible a 600 megavatios (MW) de potencia instalada.
Sin embargo, López señaló la brecha con Panamá —con 2.200 MW térmicos y casi 700 MW solares— y la magnitud del rezago costarricense, el cual tiene raíces históricas.
Recordó que el ICE construyó por décadas un sistema eléctrico basado en hidroeléctricas, “con logros reales en cobertura y tarifas”, anotó, pero cuando la fuente solar se volvió viable y competitiva, la entidad no se movió con la misma agilidad.
“Hay una tendencia fuerte en toda la génesis del ICE hacia las hidroeléctricas”, explicó. El resultado, dijo, es una matriz que en el papel luce renovable pero frágil estructuralmente, pues depende de la lluvia, Hoy, en un contexto de variabilidad climática creciente, no llueve como hace 70 años.
“Si hubiera ocurrido un poquito más de apertura, no sustituyendo al ICE, sino dando margen a que otros pudieran participar, muchos se habrían orientado a generación solar”, señaló.
Para él, ese rezago no es algo abstracto y, en su conclusiones, es la razón por la cual Costa Rica llegará al verano del 2027 más expuesto de lo que debería, y otra razón para no desperdiciar cuatro años de negociación sobre el modelo eléctrico.
