Conflictos

Ofensiva rusa en Donbás es un ‘infierno’, según Ucrania

Luego de su intento fallido de conquistar la capital, Kiev, Rusia centró sus ataques en el sur y el este de Ucrania, arrasando pueblos y aldeas

Kiev. La renovada ofensiva rusa en el Donbás convirtió a esa región del este de Ucrania en un “infierno”, declaró el presidente Volodímir Zelenski, después de que Estados Unidos aprobara un paquete de ayudas de $40.000 millones para el país.

Tras su intento fallido de conquistar la capital, Kiev, Rusia centró sus ataques en el sur y el este de Ucrania, arrasando pueblos y aldeas. Las fuerzas rusas intentan apoderarse totalmente del Donbás (este), una zona de habla rusa que está parcialmente controlada por separatistas pro-Kremlin desde el 2014.

“En el Donbás, los ocupantes están intentando aumentar la presión”, dijo Zelenski durante un discurso el jueves por la noche. “Es un infierno y no es una exageración”, destacó. El Ministerio ucraniano de Defensa dijo el jueves que las fuerzas rusas estaban impidiendo a los civiles salir del Donbás hacia zonas controladas por el Gobierno ucraniano.

Al menos 12 personas murieron y otras 40 resultaron heridas en un bombardeo en la ciudad de Severodonetsk (este), sobre la cual las tropas rusas tratan de cerrar el cerco, informó el gobernador regional.

Las fuerzas rusas están rodeando esa ciudad y la vecina Lysychansk, separada de Severodonetsk por un río que marca el frente de la guerra. Juntas representan el último reducto de resistencia ucraniana en la zona.

Los habitantes que quedan en Severodonetsk, una ciudad fantasma, tienen miedo de poner un pie en la calle. “No sé cuánto podremos aguantar”, comentó Nella Kashkhina (65 años), refugiada en el sótano de su edificio, quejándose de que “no quedan medicinas”.

Los aliados de Ucrania, liderados por Estados Unidos y la Unión Europea, aportaron miles de millones de dólares en asistencia —incluyendo equipamiento militar— a Kiev desde que Rusia inició su invasión, el 24 de febrero.

El presidente estadounidense, Joe Biden, presentó la guerra en Ucrania como parte de un combate, liderado por Washington, a favor de la democracia y contra el autoritarismo. El jueves, el mandatario ofreció “apoyo total y completo” a Finlandia y Suecia en su campaña para ingresar en la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN).

Históricamente, esos dos países se mantuvieron al margen de la Alianza Militar, pero la invasión rusa los empujo a acercarse a ella. Por su parte, Turquía se opone a estas adhesiones, pues acusa a los dos países nórdicos de acoger a extremistas separatistas del Kurdistán, en conflicto desde hace décadas con Ankara.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo que la alianza atenderá las “preocupaciones” expresadas por Turquía y el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, se mostró “confiado” en que el proceso de adhesión salga adelante y en que se logre un “fuerte consenso”.

Al menos 1.730 soldados ucranianos se rindieron esta semana y salieron de la acería Azovsta de Mariúpol, en el sur, en cuyos túneles estaban atrincherados, indicaron las autoridades rusas el jueves. El Ministerio ruso de Defensa difundió un video en el que se ve a soldados saliendo de la planta, algunos con muletas, tras semanas de asedio.

Según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), había “cientos de prisioneros de guerra ucranianos” de la planta de Mariúpol, una ciudad a orillas del mar de Azov, arrasada por los bombardeos rusos. Ucrania desea intercambiar soldados de Azovstal por prisioneros rusos, pero las autoridades prorrusas de la región de Donetsk afirmaron que algunos de ellos podrían ser juzgados.

Ucrania ya empezó a juzgar a militares rusos capturados por supuestos crímenes de guerra y los fiscales detallaron 12.595 cargos, incluyendo el bombardeo contra una unidad de maternidad de Mariúpol. El primer soldado ruso juzgado en Ucrania por crímenes de guerra pidió “perdón” ante un tribunal de Kiev al detallar cómo mató a un civil al inicio de la invasión rusa.

“Sé que no podrá perdonarme, pero de todos modos pido perdón”, dijo el sargento de 21 años Vadim Shishimarin a la esposa del hombre de 62 años al que admitió haber matado en el noreste de Ucrania el 28 de febrero.

El conflicto está teniendo consecuencias en la economía global, sobre todo en los mercados de energía y de alimentos. Rusia y Ucrania producen el 30% de las exportaciones globales de trigo y la guerra ha hecho que los precios se disparen. Rusia también es un importante exportador de fertilizantes.

El jueves, Estados Unidos y Rusia se acusaron mutuamente de agravar la inseguridad alimentaria. Washington pidió a Moscú que permita las exportaciones de cereales ucranianos bloqueados en los puertos del mar Negro.

Pero Dmitri Medvedev, expresidente de Rusia y alto funcionario en la actualidad, dijo el jueves que los países occidentales no deberían esperar que Moscú continúe suministrando alimentos. “Por un lado, se imponen unas sanciones irracionales contra nosotros y, por otro, nos piden suministros de comida. Las cosas no funcionan así, no somos idiotas”, declaró en Telegram.

“Los países que importen nuestro trigo y otros productos alimentarios lo pasarán mal sin los suministros de Rusia. Y en los campos europeos y de otras zonas, sin nuestros fertilizantes, no crecerán más que malas hierbas”, agregó.

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