Patricia Leitón. 24 abril
Una de las metas del Plan de Descarbonización es que al 2035, el 70% de los buses y taxis sean cero emisiones, lo cual implicaría un menor uso de combustibles fósiles cuyos impuestos son los terceros en importancia para el Gobierno. Foto: Carlos González
Una de las metas del Plan de Descarbonización es que al 2035, el 70% de los buses y taxis sean cero emisiones, lo cual implicaría un menor uso de combustibles fósiles cuyos impuestos son los terceros en importancia para el Gobierno. Foto: Carlos González

El 24 de febrero pasado el presidente de la República, Carlos Alvarado, lanzó el Plan Nacional de Descarbonización, que pretende que al 2050, Costa Rica no tenga emisiones de carbono, sobre todo en forma de dióxido de carbono.

Implementar dicho plan implicará desarrollar una “política fiscal verde”, lo cual significa hacer cambios en los impuestos, los subsidios y las exoneraciones fiscales con el fin de castigar la contaminación e incentivar la producción y el consumo limpios.

No obstante, tal giro no será fácil pues el Gobierno atraviesa un fuerte exceso de gastos sobre ingresos que procura sanar y los impuestos a los combustibles, por ejemplo, son los terceros más importantes en la recaudación.

¿Cómo hacer entonces para avanzar en el plan de descarbonización y a sus vez continuar el proceso de sanear las finanzas públicas?

Para Carlos Manuel Rodríguez, ministro del Ambiente, Costa Rica ya tiene pequeñas experiencias en materia de finanzas públicas y ambiente, como el impuesto por contaminar los ríos con las aguas negras y jabonosas, o el proyecto de ley para crear impuestos para el plástico de un solo uso.
Entidades dan los primeros pasos

El Ministerio de Hacienda, el de Ambiente y el Banco Central están comenzando a valorar opciones para lograr ambos objetivos.

Nogui Acosta, viceministro de Hacienda, encargado de ingresos, explicó que actualmente están haciendo un mapeo de aquellos impuestos que buscan un cambio en el comportamiento del consumidor.

Añadió que trabajan con la ayuda de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en un cálculo preliminar que esperan tener listo en el primer trimestre de este año.

Por su parte, Carlos Manuel Rodríguez, ministro del Ambiente, añadió que su cartera iniciará un proyecto con Naciones Unidas para establecer la hoja de ruta con el fin de poder definir las acciones que se tomarán, el cual estimó se tardará un año.

Se han dado algunos pasos. Rodríguez comentó que ya Costa Rica tiene pequeñas experiencias como la norma ambiental para vertidos en el agua (impuesto por contaminar los ríos con las aguas negras y jabonosas) o en la Asamblea Legislativa hay un proyecto de ley para crear impuestos para el plástico de un solo uso (proyecto Ley para solucionar la contaminación de residuos plásticos, expediente No. 21159).

En el Banco Central han analizado, por medio de las cuentas ambientales, posibles escenarios. Por ejemplo, ¿qué pasaría si se aumenta el impuesto a las actividades económicas que más contribuyen a las emisiones de dióxido de carbono, o si se aumenta el impuesto a los productos más contaminantes? O bien, ¿qué pasa si hay una sustitución tecnológica en el transporte y se usa menos combustibles?

Pese a lo interior, los resultados de dichos estudios todavía no son oficiales, según explicó la economista del Banco Central, Mónica Rodríguez.

Ella explicó estos escenarios en el conversatorio Hacia una Matriz Fiscal Verde. Desafíos y Oportunidades para una Matriz Fiscal Verde en Costa Rica, organizado por Ojo al Clima y la Embajada de Canadá, y que se efectuó a mediados de marzo anterior.

Además, el sábado 13 de abril, Costa Rica se adhirió a la Coalición de Ministros de Finanzas para la Acción Climática, un nuevo grupo integrado por cerca de 20 países comprometidos con acciones nacionales para el combate del cambio climático, sobre todo por medio de la política fiscal y el uso de las finanzas públicas.

Algunas ideas

Aunque todavía no hay propuestas concretas, autoridades y especialistas comienzan a delinear algunas acciones que Costa Rica podría tomar.

El ministro del Ambiente considera que si se quiere elevar los impuestos a las actividades y bienes que contaminan y degradan el ambiente se debería también pensar en bajar los de aquellas actividades positivas que ayudan al crecimiento económico, como el impuesto al salario, por ejemplo.

Johanna Arlinghauss, economista en temas de política ambiental y fiscal y exasesora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), compartió que Costa Rica tiene una brecha grande entre el impuesto sobre la gasolina y el impuesto sobre el diésel. El tributo del diésel es más bajo pese a ser más contaminante, por lo tanto, existe ahí un espacio para hacer un ajuste.

Arlinghauss participó en el conversatorio y también concedió una entrevista a este medio, en la cual se refirió a los retos que enfrentan los países que toman este camino; entre ellos, que la base de los impuestos tiende a desaparecer en el tiempo, pues el objetivo es desestimular ese producto o actividad, y la pérdida de competitividad que pueden afrontar los productores que deben pagar tributos ambientales frente a los de otros países que no lo hacen.

El exviceministro de Hacienda, Fernando Rodríguez, también señaló algunas ideas. Planteó que para acercar el tema tributario a la descarbonización hay que revisar el impuesto a la propiedad de vehículos, pensar en cobrar a los vehículos según la emisión de dióxido de carbono y reflejar el valor presente del marchamo que pagan camiones, buses y taxis (actualmente se cobran ¢8.000).

Otras ideas que señaló Rodríguez son: igualar el impuesto al búnker, y el diésel al de las gasolinas, sustituir la independencia del impuesto a los combustibles en los ingresos públicos, eliminar la exoneración del diésel para la pesca artesanal y sustituirlo por un subsidio directo al pescador.

Entrevista.
Johanna Arlinghauss: “Los impuestos ambientales te obligan a ser más innovador”
13/03/2019. Hotel Jade, San Pedro, San José. Entrevista con Johanna Arlinghauss, economista que se centra en las interacciones entre la política fiscal y la política ambiental. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal.
13/03/2019. Hotel Jade, San Pedro, San José. Entrevista con Johanna Arlinghauss, economista que se centra en las interacciones entre la política fiscal y la política ambiental. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal.

Johanna Arlinghauss, economista especialista en temas de política ambiental y la política fiscal, y exasesora de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), compartió algunos aspectos que puede tomar en cuenta Costa Rica al plantear su “política fiscal verde”.

Arlinghauss estuvo en en el país, en marzo pasado, para participar en el conversatorio Hacia una Matriz Fiscal Verde. Desafíos y Oportunidades para una Matriz Fiscal Verde en Costa Rica, organizado por Ojo al Clima y la Embajada de Canadá.

En seguida, un resumen de la conversación.

– ¿Cree que Costa Rica tiene que resolver primero su problema fiscal antes de comenzar a tratar políticas fiscales ambientales?

– En general, los impuestos ambientales y los objetivos de la política fiscal para aumentar los ingresos y alcanzar los objetivos de la política ambiental no se oponen, necesariamente.

”Los impuestos ambientales también pueden ayudar a aumentar los ingresos”.

– Hay algunos impuestos ambientales que desaparecen en el tiempo porque el objetivo es desestimular esa actividad, entonces la recaudación bajaría en lugar de aumentar.

– La tributación ambiental, en realidad, como usted dice, se usa para intentar cambiar el comportamiento, por lo que desea desincentivar la actividad. Y así, en ese marco, es cierto que los ingresos provenientes de los impuestos ambientales realmente quieren que la base tributaria desaparezca como usted lo dice, por ejemplo, los impuestos a la energía y los impuestos a las emisiones de carbono, y estos ya se utilizan en Costa Rica.

”Sí, es muy arriesgado usar estos impuestos porque los ingresos ambientales se erosionarán, pero ¿qué puede hacer para planificar esto?, porque se sabe que ocurrirá. Una opción es aumentar la tasa impositiva a lo largo del tiempo, por lo que eso significaría que usted, mientras esta base impositiva se está reduciendo, lo compensa aumentando la tasa impositiva

“Ahora mismo (Costa Rica), tiene una brecha bastante grande entre el impuesto sobre la gasolina y el impuesto sobre el diésel, así que también podría tratar de aumentar el impuesto sobre el diésel y, por lo tanto, aumentar los ingresos allí”.

– ¿Qué lecciones cree usted que podemos aprender los costarricenses de los países desarrollados, de políticas ambientales que ellos han implementado en este campo?

– Creo que un buen ejemplo de los impuestos ambientales son los países del norte de Europa.

"Los ejemplos que tiene aquí son Suecia, Finlandia y Dinamarca, que realmente han realizado reformas fiscales ambientales realmente agradables en los años 90.

"Algunos han utilizado los ingresos adicionales para reducir otros impuestos, como los laborales y a la seguridad.

“Así que, por un lado, han intentado mantener el equilibrio y hacen que el sistema tributario sea más favorable al crecimiento y al empleo, lo que significa que estos dos objetivos pueden ir de la mano”.

– Usted ha trabajado el tema de los impuestos ambientales y la competitividad. Al poner un impuesto ambiental puede ser que los productores de ese país queden en desventaja respecto a los de otro país que no tienen el impuesto. ¿Cómo han resuelto otros países esa pérdida de competitividad?

– Sí, existe este temor de que aumente la tributación ambiental que reduce la competitividad de las industrias nacionales.

"Este es un argumento muy popular que las industrias utilizan a menudo para contrarrestar la implementación de impuestos ambientales y también aumentos de impuestos.

"En realidad es un argumento bastante a corto plazo, así que quiero decir que sí, a corto plazo, este tipo de impuestos, que a menudo son impuestos a la energía, aumentan los costos operativos, por lo que temes que parte de la producción, las fábricas, se vuelven más caras, y esto podría perjudicar, por supuesto, a las industrias domésticas.

“Lo que realmente debería tener el país es una perspectiva a más largo plazo, en realidad, si los costos de la energía aumentan, se crea una transformación en la economía. Eso incentivaría a los productores a utilizar combustibles menos intensivos en carbono y encontrar nuevas formas de producir. Entonces, los impuestos ambientales te obligan a ser más innovador y buscar nuevas tecnologías, nuevos procesos”.