Esta columna aparecerá en este periódico una vez más, el lunes 24 de junio y luego se descontinuará su publicación. Agradezco a La Nación que hayan sido sus anfitriones. Reconozco todos los esfuerzos de jefes de la sección en la cual se publica, de los correctores de estilo que deben haber corregido muchos de mis errores y de otros cuyas funciones son logísticas. Valoro el ambiente de respeto mutuo y libertad en el cual hemos convivido. Nunca una restricción, nunca una insinuación, nunca una cortapisa. Considero de justicia mencionar que fue gracias a la invitación y al entusiasmo inicial de la señora Marcela Angulo, que me vi en medio de esta fecunda experiencia.
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Tal vez a los lectores les interese saber por qué escribo esta columna. He dedicado a la docencia universitaria más de 30 años. Mi trabajo en las empresas como consultor por 40 años ha estado enfocado en diseño estratégico, trabajo en equipo, gestión del cambio, desarrollo de personas, gestión de acuerdos. He compartido este esfuerzo con peones y capataces bananeros en una empresa multinacional, en procura de mejorar la calidad; y con grupos gerenciales en un banco estatal, acompañándolos a diseñar la primera estrategia que tuvo esa institución.
