
El Día Internacional de la Mujer, que se conmemora este 8 de marzo, es un potente recordatorio de la lucha histórica por la igualdad de derechos, la justicia y el reconocimiento en cada estrato de la sociedad. Esta conmemoración nos invita a mirar hacia atrás con gratitud por las conquistas alcanzadas —desde el sufragio hasta la autonomía profesional—, pero también nos obliga a confrontar las brechas que aún persisten.
Para profundizar en esta realidad desde el corazón de la cultura costarricense, conversamos con tres mujeres excepcionales que han roto moldes en sus respectivas disciplinas.
Se trata de Vanessa González, destacada cantante nacional que ha navegado con firmeza los retos de la industria musical; Lucía Jiménez, bailarina profesional, figura de televisión y 12 veces campeona mundial, quien aporta una visión de disciplina y autoaceptación; y Patricia Velásquez, cineasta y directora de gran trayectoria, cuya mirada crítica desmenuza los roles sociales y la maternidad en el ámbito profesional.
Aunque sus áreas de acción son distintas, sus historias convergen en puntos fundamentales: la importancia de la sororidad y la necesidad de redes de apoyo.
Entre el orgullo y la memoria
Más allá de una fecha en el calendario, el 8 de marzo se convierte para estas artistas en un espejo de sus propias trayectorias: un espacio donde el orgullo de ser mujer choca con la memoria de las luchas heredadas.
En ese sentido, para González esta particular fecha es “una oportunidad de mostrar lo que hemos logrado durante todos estos años. Es buscar la igualdad en las condiciones de trabajo, tener una voz propia, poder decir lo que sentimos y hasta vestirnos como nos dé la gana”, explicó.
También explica que es un momento para “conmemorar a las mujeres exitosas que han sobresalido en diferentes ámbitos”, situación que la cineasta, recientemente nominada a los premios Goya, Patricia Velásquez, secunda y aplaude.

Sin embargo, Velásquez agrega que la fecha “es un recordatorio de que seguimos sufriendo discriminación; nuestro trabajo no se reconoce igual y, en muchos sentidos, se nos sigue tratando como ciudadanas de segunda categoría. Todas, de una u otra forma, tenemos que trabajar el doble o el triple para ser reconocidas en lo laboral, lo salarial y hasta en el ámbito privado”, afirmó.
Esos datos se han convertido en luchas que ahora ellas mismas comandan desde sus trincheras.
Los retos de la industria y sus historias
Con respecto al mercado laboral, muchas mujeres tienen una historia que contar. De hecho, González relata que posicionarse en ambientes masculinos fue su mayor reto.
“Lo principal ha sido posicionarme en un ambiente donde la mayoría son hombres. Lastimosamente, existe el prejuicio de que, por ser cantante y estar en un escenario donde hay fiesta y licor, la gente se siente con el derecho de faltarte al respeto”, explicó.
Además, dio a conocer que tuvo que aprender a poner límites: “Esto es mi trabajo; si usted se pone irrespetuoso, yo me voy... He tenido que detener eventos porque alguien creía que, por pagar, tenía derecho a tocarme”, afirmó.
Lucía Jiménez, por otro lado, señaló una lucha biológica que a menudo se ignora: el ciclo menstrual en el alto rendimiento. “A veces te tumba, pero el show debe continuar. Mantener la disciplina y el nivel físico en esos días es una lucha real”.
Mientras tanto, Velásquez fue más crítica y expuso una realidad silenciosa. “Si un hombre hace el 20% de lo que hace una mujer, es alabado. En nosotras, es lo mínimo que se espera. Existe un estándar social mucho más crítico y negativo hacia nosotras”.
La destacada cineasta contó que en algún momento lidió con comentarios despectivos relacionados con dedicarle tiempo a su carrera profesional, sobre todo cuando ya era madre. “Existe un mecanismo cultural de culpa: siempre intentan hacernos sentir que no somos lo suficientemente buenas mamás, ni lo suficientemente bonitas, ni lo suficientemente profesionales”, dijo.
De todas maneras, esta tres mujeres han logrado atravesar obstáculos y colocarse a sí mismas en los lugares que aman para inspirar y derribar barreras.

Un mensaje conjunto de red
Las tres mujeres coinciden en que la salida a estos desafíos es colectiva. González apuesta por los grupos de apoyo: “Ahora hay más sororidad. Veo a mujeres apoyándose entre sí y entendiendo que no son las únicas pasando por situaciones difíciles”.
Jiménez, por su parte, refuerza esta idea desde la motivación: “Dios no nos pone pruebas de las que no podamos salir. Estamos hechas para brillar”.
Finalmente, Velásquez hace un llamado a buscar alianzas en las amigas, la familia y las mentoras: “Hay una gran sabiduría en otras mujeres. Ellas son las que mejor nos pueden aconsejar desde un lugar de cariño y experiencia compartida”.
A pesar de provenir de disciplinas distintas, las voces de Vanessa, Lucía y Patricia convergen en un punto fundamental: ser mujer en la industria actual no es solo una cuestión de talento, sino de resistencia. Sus historias nos recuerdan que, aunque el camino ha sido labrado por quienes nos precedieron, la lucha por espacios libres de acoso, por la corresponsabilidad en el hogar y por el reconocimiento sin etiquetas sigue vigente.
El mensaje final de estas tres protagonistas es claro: la soledad no es una opción. Ya sea a través de la sororidad en un concierto, la disciplina en una academia de baile o la mentoría en un set de filmación, la clave reside en la colectividad.
Sanar, hablar y apoyarse en otras mujeres no solo alivia la carga, sino que construye el puente para que las próximas generaciones de artistas y profesionales no tengan que dar “el doble” para ser escuchadas.

