
Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, pero la regla no siempre es esa. Muchos encuentran esa lealtad y compañía también en los gatos, esos seres llenos de curiosidad que por donde pasan dejan pelitos, miles de recuerdos, y en algunos casos, como en el de Bruno, también sonrisas y anécdotas difíciles de olvidar.
Brunito, como lo llaman con cariño, es un gatito de dos años y medio, vecino de San José, que acompaña a su dueño, Diego Zamora, a recorrer largas distancias a bordo de una bicicleta. Sí, así como lo leyó: Bruno va en bicicleta junto a su humano, convirtiéndose en una estampa cotidiana que despierta curiosidad y ternura en las calles.
Zamora, de 38 años, en entrevista con La Nación, contó que desde que adoptó al felino, hace dos años, supo que era especial: a Bruno no le gustaba quedarse solo en la casa y era muy consentido. Diego, diseñador gráfico de profesión, practica ciclismo todos los días, así que decidió combinar su pasión por el deporte con la compañía de su nuevo amigo.

Fue así como, desde bebé, comenzó a subir a Brunito a la bicicleta. Al principio lo llevaba dentro de un bolso especial para transportar mascotas; sin embargo, pronto se dio cuenta de que el gatito quería explorar más y apreciar mejor el panorama, por lo que lo dejó ir sobre el bolso y no dentro de él. Desde entonces, Bruno lo acompaña en todos sus recorridos, bien agarrado del bolso y luciendo camisas muy llamativas que también forman parte de su sello.
“Nosotros salimos todos los días. Recorremos en promedio 35 kilómetros. Él se siente muy estable, es como andar un bulto, él ya tiene su maña para andar y yo ya me acostumbré a llevarlo, cuando salgo sin él, me siento desequilibrado”, afirmó Zamora.
Aventuras que no se limitan a la bicicleta
Cuando Brunito quiere hacer sus necesidades se lo indica a Zamora con movimientos de cabeza, señalando el suelo para pedir que lo bajen. Diego explica que, si el sol está muy fuerte, siempre busca sombra y que nunca le falta la comida ni la hidratación del gatito. Asimismo, le aplica bloqueador solar en la nariz y orejas para proteger su piel durante los trayectos.
“Cuando ya vi que a él le gustó el ciclismo, me dije: ‘Tengo que aprovecharlo, voy a volver a pedalear el país para que él lo conozca’. La sensación es demasiado gratificante porque tener mascotas es bonito, pero que la mascota lo acompañe a uno a hacer lo que a uno le gusta, lo hace más genial”, afirmó Diego.
Al momento de la entrevista, realizada en el parque de Tibás, Brunito estuvo presente: tranquilo, curioso de su entorno, sentado en la mesa frente a su dueño y luciendo una veraniega camisa tropical que le compraron en su último viaje a Limón, en enero.
“Ya conoce las siete provincias”, comentó Zamora, quien aseguró que Brunito no solo lo acompaña cuando hace ciclismo, sino también en actividades como senderismo, camping o canopy. A donde haya aventura, ahí va su mejor amigo.
Además, el gatito no solo lo acompaña en estas aventuras, sino que también va con él al trabajo. Según Diego, tanto en su casa como en su oficina, Bruno tiene un área de juegos.

De perfil bajo a sensación en redes
Zamora cuenta que siempre ha sido un hombre de perfil bajo; sin embargo, desde que Bruno llegó a su vida y lo acompaña a todos lados en bicicleta, las miradas lo siguen a donde va. Le costó acostumbrarse a esa exposición, pero entiende que es la curiosidad que genera ver a un gato en bicicleta.
Al notar el furor que causaba Brunito a donde fuera, su sobrina Catalina le propuso abrirle redes sociales. Poco a poco, las personas lo fueron descubriendo. Ahora el gatito tiene hasta patrocinadores y suele ser invitado a eventos, donde sus seguidores pueden conocerlo e interactuar con él en persona.
“Le dejan muchos mensajes y comentarios de cariño, incluso en la calle lo reconocen”, dijo Zamora.
Pero no todo ha sido color de rosa. Diego explicó que muchas personas lo han criticado por llevar a su gatito a todos lados, sin saber que nunca lo ha maltratado.
“El fin de semana estaba en un evento y un muchacho se acercó y me dijo: ‘Te vengo a pedir una disculpa porque yo dejé una mala reseña en la página de ustedes, pero ya viendo a Bruno en vivo, entiendo que lo que dije es incorrecto, porque se ve que él está cómodo y tranquilo, y hasta se ve que le gusta estar aquí’”, recordó.
Zamora enfatizó que jamás ha maltratado a Bruno y subrayó que a un gato no se le puede obligar a hacer nada que no quiera. “Es la vida que él escogió, al punto que no me perdona si no lo saco, yo más bien digo que él me explota a mí”, afirmó entre risas.
Contó que, si no lo saca, Bruno se enoja, llora, maúlla fuerte y camina de un lado a otro, inquieto, hasta que consigue su paseo.
El ciclista relató que todos los días Bruno se levanta a las 5 a. m., come, hace sus necesidades, toma agua y se dirige a las bicicletas de Diego para escoger en cuál quiere andar ese día. “Se pone a la par de la bici que quiere usar”, afirmó Zamora.

Un lazo que también honra a su mamá
Hace un tiempo, Diego se despidió para siempre de su mamá, quien era una fiel amante de los gatos. Por eso, su lazo con Bruno también se fortalece desde ese recuerdo y desde el amor que ella le inculcó por los animales.
Fue después de bajar el cerro Chirripó por tercera vez que se le ocurrió volver a tener un gato. Con ayuda de su sobrina Catalina, dio con Brunito y, aunque originalmente se lo iba a quedar ella, la conexión entre Zamora y el gatito fue tan profunda desde el inicio que terminó adoptándolo él. “Yo le dije que se buscara otro gato y que me dejara este a mí”, recordó entre risas.
Hace 17 años, Diego tuvo otro gatito, pero se lo robaron. Estuvo todo ese tiempo sin mascotas por lo mucho que le dolió perder a su primer compañero. Con Bruno, sintió que se abría una nueva oportunidad para sanar y volver a confiar.
La relación de Brunito y Diego es tan estrecha que el hombre suele hablarle durante los trayectos. Emocionado, Zamora reveló lo que le dice con frecuencia.
“Le digo que es un ángel de cuatro patas para mí. Tenerlo a él es como sentir a mi mamá a la par, porque mi mamá era muy gatuna y todo coincidió con el tiempo, primero retomé la bicicleta y luego adopté a Bruno. Por eso para mí es muy simbólica nuestra relación”, mencionó.

‘Queremos alegrar a los demás’
Diego manifestó que, en el futuro, quiere seguir recorriendo muchos kilómetros junto a su amigo felino y llevar felicidad en medio de tantas noticias malas que se ven actualmente.
“Queremos alegrar a los demás, seguir colaborando en eventos de caridad y seguir pedaleando para llevar un mensaje bonito. Las redes de Bruno son para llevar cosas buenas”, expresó.
A quienes aún no conocen a Brunito, les recomendó seguirlo en redes sociales y, sobre todo, no juzgar sin saber. “Si en algún momento tienen la oportunidad de conocerlo, pues pueden acercarse y darse cuenta que yo lo tengo muy cuidado”, aseguró.
Además, Zamora hizo un llamado a detener el maltrato animal. “No tengan animales si no les gustan. Y si les gustan, pero no pueden tener, apoyen a refugios y personas que rescatan animales. Sean responsables”, concluyó.
Al final, la historia de Diego y Bruno es más que la anécdota de un gato cletero: es el recordatorio de que los vínculos con nuestras mascotas pueden transformar duelos, rutinas y ciudades enteras.
Cada kilómetro que recorren es una pequeña victoria contra la indiferencia: una invitación a mirar a los animales con más respeto, a buscar compañía en la naturaleza y a entender que, a veces, la mejor manera de avanzar es hacerlo acompañado de un corazón peludo sobre ruedas.






