
Desde que nació, la vida de Franco Céspedes ha estado rodeada de arte y creatividad. Su talento lo ha llevado a trabajar para MAX, Netflix, IDW y, recientemente, Teletica.
Mientras su arte se plasma en la pantalla chica costarricense con su personaje humorístico Standaperro, siente que todo lo que crea está amorosamente cuidado por un ángel del que tuvo que despedirse en 2024.
A sus 41 años, rodeado de piezas que rebosan imaginación, este ilustrador y diseñador, oriundo de Santa Bárbara de Heredia, reconoce que su arte se lo debe a su padre, José Francisco Céspedes, quien lo guio en el mundo de la ilustración desde que era apenas un niño.
Las pinceladas y trazos se convirtieron poco a poco en su normalidad; aún recuerda cómo en la escuela le sorprendía escuchar a otros niños decir que no sabían o no disfrutaban dibujar, porque para él esa forma de expresión era tan natural como una necesidad básica.
“Desde niño sabía que esto era lo que quería, veía a mis hermanos dedicarse a lo mismo, entonces sin duda alguna sabía que quería dedicarme a eso”, explicó Céspedes.
Así fue como decidió estudiar Bellas Artes con énfasis en pintura al óleo, y luego, a través de Internet, se formó en animación, abriéndose camino en un universo creativo cada vez más amplio.
Historietas y leyendas de Costa Rica para el mundo
La ilustración nunca se fue de su vida y, junto a su padre, creó la novela gráfica El hallazgo, que cuenta la historia del descubrimiento de la Virgen de los Ángeles, uno de los relatos más significativos de la historia costarricense. De esta forma nació una de sus colaboraciones más importantes: un proyecto en el que maestro e hijo unieron talentos y emociones en cada página.
El hallazgo se convirtió en 2014 en la primera novela gráfica editada por la Editorial de Costa Rica, marcando un hito en la producción de cómic nacional.
De la mano de esa experiencia resurgió su novela gráfica Asusto, que nació en 2005 como un cortometraje animado realizado junto a su hermano. En 2012, Franco la adaptó a novela gráfica y, con la mirada puesta en publicar su obra en Estados Unidos, buscó editoriales en ese país, abriendo un camino en un mercado altamente competitivo.
Tras enviar decenas de correos sin respuesta y cuando estaba a punto de rendirse, en 2014 recibió una llamada de la compañía Creative Impulse, interesada en publicar Asusto, una historia inspirada en personajes del folclor costarricense.
Así, Asusto se publicó en la plataforma Comixology, que luego fue absorbida por Amazon, por lo que su trabajo se encuentra disponible en amazon.com y ha seguido creciendo con ediciones físicas recientes.
También en 2014 trabajó en la historieta Star Mage, un proyecto de IDW, una de las casas editoriales de cómics más importantes de Estados Unidos. Desde entonces, su nombre empezó a aparecer en producciones internacionales que combinan humor, acción y narrativa visual de alto nivel.
Entre los proyectos en los que ha participado destacan Momma Named Me Sheriff, de Cartoon Network; The Harper House, de Paramount+; Battleworld, de Marvel; Q-Force, de Netflix; y God With Us, de Herald Entertainment.
Sus trazos también han dado vida a campañas y personajes para marcas y entidades como Mattel, Bavaria, Dos Pinos, Tropical, Jack’s, Bolitico, Palí, Cosevi, Comisión Nacional de Emergencias (CNE), Coocique, Zertex Comics, Virtual Inks INC y 10 Worlds Studio, entre otras.
Fátima, el ángel de Franco Céspedes
Pese a su amplia trayectoria y a los muchos logros que ha cosechado, hay un hito que supera a todos los demás: convertirse en papá.
En 2019, Franco y su esposa, María José Miranda, se convirtieron en padres de una niña a la que llamaron Fátima.
El paso de Fátima por este plano fue efímero: falleció en 2024, con apenas cuatro años, producto de una enfermedad neurodegenerativa.
La recuerdan como un pequeño rayo de luz que iluminaba todos sus días, y tanto Franco como su esposa reconocen que, aunque fue una etapa corta, ha sido lo mejor que les ha pasado en la vida.
“Los cuatro años que estuvo con nosotros fueron más que inspiradores. En ese ratito que la tuvimos nos terminó de dar ese coraje que uno necesita para la vida y nos ayudó a entender que la vida es un instante, es un suspiro”, aseguró Céspedes.
La partida de la pequeña los llevó a replantear y resignificar su manera de vivir: más allá de quedarse atrapados en el dolor, buscaron convertirlo en impulso creativo.
“Siempre me he refugiado en el arte. Entonces, en el momento que ella partió, es un dolor tan agudo, tan intenso, tan difícil de digerir que recordé que mi única salida es el arte”, manifestó.
Tras el fallecimiento de Fátima, Céspedes dejó de ofrecer servicios por tres meses, pero eso no significó que se detuviera: por el contrario, canalizó su duelo en nuevos proyectos que se convirtieron en refugio y homenaje, como Bruja Maruja y Mati Mogo, somos diferentes.
Este último libro infantil, que estrenó junto a su esposa en 2020, combina el talento pedagógico de María José, maestra de preescolar y escritora infantil, con los trazos llenos de emoción y sensibilidad de Franco.
Cada proyecto en familia se ha convertido en una forma de mantener viva la presencia de Fátima en sus vidas, como una huella luminosa que acompaña cada página.

El nacimiento de Standaperro
El 18 de noviembre de 2024, el mismo día de su cumpleaños y apenas unos meses después de una despedida tan difícil, Franco presentó al mundo a Standaperro, un perrito animado sin raza definida, pero con un sentido del humor digno de un comediante de grandes ligas.
Este personaje se convirtió en el nuevo integrante de El Chinamo de Teletica.
Según el animador, la idea surgió en 2023, cuando pensaba en lo curiosa que sonaba la palabra “standaperos” (personas que hacen stand-up comedy) y, de tanto repetirla, apareció en su mente un “standaperro”: un comediante, pero perro.
Anotó la idea en una libreta, lo diseñó y lo guardó hasta que, un año después, decidió lanzarlo al público, crearle redes sociales y presentarlo como un influencer más.
La propuesta de Standaperro llegó a Teletica cuando Franco la presentó a la producción, que se enamoró de la idea, muy al estilo de la icónica película ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, donde se rompen las fronteras entre la animación y la realidad.
No es la primera vez que Franco trabaja con Canal 7: hace 15 años también colaboró en El Chinamo con Choticos, un proyecto que desarrolló junto con unos amigos y que también fue recibido por la televisora.
Además de animar a Standaperro, Céspedes también le da voz al curioso comediante: “Es un zaguatito, es callejero y su forma de ser se ha ido formando debido a sus experiencias (...). Ha tenido diversos dueños. Él cree que se llama ‘Standa’ porque el primer dueño que lo adoptó era un norteamericano, entonces le decía ‘stand up (levántese)’, entonces él creía que se llamaba así”, relató.
Según Céspedes, el perrito descubrió que tenía talento para la comedia cuando, un día en un turno, se subió a una mesa, molesto, para despotricar contra los perritos vestidos y humanizados; su enojo hizo gracia y desde entonces no se detuvo.
En pantalla, Standaperro es un personaje entrometido, intenso y encantador, empeñado en colarse en El Chinamo y convertirse en su comediante estrella.
Para hacer realidad a este personaje, Franco ha contado con la invaluable ayuda de su esposa, quien le colabora con los guiones y algunas partes de la animación. A su lado también está su familia y, de una forma muy especial, Fátima, cuyo recuerdo y amor sienten como parte esencial de la energía que impulsa este proyecto.
“El perrito siempre va a estar en redes sociales, me gustaría generar proyectos en conjunto con otros influencers, hacer cada vez cosas más locas y creativas”, afirmó Céspedes, dejando claro que Standaperro apenas está comenzando su camino.
IA, ¿amiga o enemiga?
Al ser consultado sobre si la Inteligencia Artificial (IA) representa una amenaza para los artistas, Céspedes considera que es un riesgo para muchos ámbitos, no solo para el arte; sin embargo, reconoce que, usada con criterio, puede convertirse en una herramienta muy ventajosa.
Para él, la tecnología ha acelerado profundamente los cambios en la forma de vivir y crear, y la IA actúa como un acelerador exponencial de esos procesos. Por eso recomienda entender, abrazar y conocer estos avances.
“Muchos artistas por ese miedo le huyen a la IA, la tratan mal, incluso como si fuera un ser humano, pero no debería ser así, todo lo contrario. A veces al enemigo hay que conocerlo de cerca para entenderlo”, añadió.
Desde su punto de vista, la IA es una herramienta que permite a los artistas generar productos más rápidos e inmediatos, siempre que no sacrifiquen su esencia creativa.
Reconoce que, si bien se pueden perder trabajos, este avance tecnológico también facilitará una evolución profunda de aquello que hoy se considera tradicional.
Asimismo, está convencido de que en Costa Rica sí existe apoyo para el artista, aunque de manera relativa, ya que el impacto de la IA puede desmotivar a muchos, haciéndoles sentir que su trabajo ha perdido valor frente a lo automático.
“El artista está para crear, independientemente de lo que sea. Es decir, si yo puedo crear arte y que me paguen y vivir de eso, pues fabuloso. Pero el artista crea porque tiene necesidad de hacerlo, el artista necesita crear”, manifestó.
Céspedes, quien también es profesor universitario, reconoce que muchas de sus obras nacieron sin pensar en el dinero y terminaron funcionando porque lograron impactar de alguna manera a las personas.
A sus estudiantes y a quienes sienten miedo de mostrar su talento, les repite siempre el mismo consejo. “Hagan las cosas, termínenlas, ejecútenlas, sean creativos, denle vuelta creativa a todo, sin enfocarse solamente en que se necesita un empleador”.
El arte de creérsela
De acuerdo con Céspedes, un gran ejemplo de arriesgarse es el del artista costarricense Dan Mora, quien empezó publicando su arte en redes sociales y, gracias a la calidad de su trabajo, grandes compañías terminaron buscándolo.
“El valor de todo esto está en creérsela, en hacer las cosas, en seguir adelante. Las críticas se escuchan las que valgan la pena y dependiendo de quién vienen (...) hay que tomarlas siempre de la gente que de pronto sí te puede dar un consejo correcto”, agregó.
Mientras mira hacia el futuro, Franco se imagina siguiendo con sus servicios de ilustrador y animador, pero también trabajando en sus propios proyectos, dando vida a la carpeta de su computadora llamada “ideas originales” y, junto a María José, abriendo su propia editorial el próximo año.
