Tobías Ovares. 25 octubre, 2019
Edipo Rey es una coproducción del Teatro Nacional, el Ministerio de Educación Pública y el Teatro Universitario. Fotografía: John Durán
Edipo Rey es una coproducción del Teatro Nacional, el Ministerio de Educación Pública y el Teatro Universitario. Fotografía: John Durán

El Teatro Nacional, el Ministerio de Educación Pública y el Teatro Universitario de la UCR unieron recursos, en el marco del programa “Érase una vez”, a fin de llevar a escena Edipo Rey, una de las más reconocibles tragedias del periodo clásico griego. El público primario del proyecto lo conforman estudiantes de segunda enseñanza por lo cual solo se habilitaron cinco funciones para audiencias generales.

En esta versión –dirigida por Luis Carlos Vásquez– la dramaturgia fue adaptada para reducir las participaciones del coro y los parlamentos extensos de Edipo. La estrategia mantiene los principales núcleos de acción, además de la anécdota, pero diluye la riqueza y densidad del texto original. Las tareas narrativas, rituales y mediadoras del coro no llegaron a alcanzar el peso y la presencia que anticipa la escritura de Sófocles.

Como es usual en las propuestas de Vásquez, hay un trabajo cuidadoso en el diseño de vestuarios y en la creación de atmósferas visuales y sonoras. Sin embargo, la plástica se devaluó a causa de una escenografía acartonada a la que no pudieron rescatar las imágenes de video mapping. Las máscaras –esencia y carácter de los personajes trágicos– fueron relegadas al ámbito del coro, con el agravante de que su factura las transformó en algo menos que inexpresivas barbas postizas.

Más allá de las disonancias formales, el principal problema del espectáculo fue que, para su fecha de estreno, no estaba del todo resuelto en el plano actoral. El abismo entre los estilos interpretativos de Ether Porras (Edipo) y Ana Istarú (Yocasta) debilitó sus interacciones comunes e hizo que ambos acortaran distancia a fuerza de sobreactuar en los pasajes de mayor intensidad dramática.

El coro fue reimaginado para esta adaptación del clásico de Sófocles. Fotografía: John Durán
El coro fue reimaginado para esta adaptación del clásico de Sófocles. Fotografía: John Durán

En el caso específico de Porras, fue evidente su angustiosa lucha por apropiarse de su personaje. Corporalidades forzadas, modulaciones antojadizas de la voz, fraseos imprecisos del texto, pifias y búsquedas sobre la marcha hicieron que su Edipo no terminara de comparecer. Cuando un actor tan capaz como Ether Porras va un paso detrás de su personaje, se entiende que el problema es de planificación y no de pericia.

No es aceptable que un proyecto acuerpado por instituciones de alto nivel y con un presupuesto millonario, se exhiba incompleto. En este punto, debo aclarar que todo montaje profundiza sus objetivos estéticos e ideológicos en el transcurso de sus respectivas temporadas, pero eso es muy distinto que llegar al estreno con algunos deberes “casi” resueltos.

Después de veinticinco siglos, en el meollo de Edipo Rey, las preguntas sobre el origen y el destino de la condición humana mantienen su vigencia. Enunciar pobremente dichos interrogantes no se puede disimular –y menos compensar– con teatralidades suntuosas. Si a lo interno de estos emprendimientos nadie alza la voz para corregir el rumbo, el público seguirá pagando por ver ensayos y no propuestas maduras.

Llevar a escena dramaturgias clásicas exige diálogos inteligentes y creativos entre contextos culturales y temporales distantes. Si las contrapartes de este lado no desean asumir el reto, sería más honesto y pedagógico dejar que el texto guíe. Lo peor que puede sucederle, hoy, a Edipo de Tebas es que su tragedia se acople, con docilidad, a los gustos de una época que parece demandar mucha forma y poco fondo.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección general: Luis Carlos Vásquez

Dramaturgia: Sófocles

Adaptación y asesor literario: Bernal Herrera

Actuación: Ether Porras (Edipo), Ana Istarú (Yocasta), Roberto Bautista (Layo / Creonte), José Víquez (Tiresias / Mensajero), Raúl Arias (Sacerdote / Servidor), Carlos Villalobos (Corifeo), Carlos Rodríguez (Coro / Paje), Iván Álvarez (Coro), Jeremy Arias (Coro), Luis Miguel Sánchez (Coro), Marco Rodríguez (Coro), Patrick Baltodano (Coro), Uriel Morera (Coro), Libia Bravo (Sacerdotisa / Figurante), María Antillón (Esfinge / Figurante), Noelia Cruz (Antígona / Figurante), Mercedes Gazel (Ismene / Figurante), Adrián Campos (Figurante), Allan Fabricio Pérez (Figurante), Alondra Elizondo (Figurante), Luis Ernesto Solís (Figurante), Mari Murakami (Figurante), Michelle Almendares (Figurante), Steven Garita (Figurante), Denis Quirós (Edipo / Figurante)

Asistencia de dirección: Karla Calderón

Asistente de dirección 2: Allan Fabricio Pérez

Acting Coach: Elvia Amador

Diseño de escenografía y utilería: Fedra Brenes

Asistentes de construcción de escenografía: Daniel Chaves Brenes, Miguel Jiménez Ramírez, Osvaldo Torres Quirós, Víctor Cambronero Morales, Eduardo Hidalgo Rojas

Confección de utilería: Pablo Obando Calderón

Diseño de vestuario: Luis Carlos Vásquez

Asesoría y realización de vestuario: Francisco Alpízar

Encargada de vestuario: Karla Calderón

Costureras: Flora Hernández, Glenda Silva, Laura Morales

Diseño y realización de vestuario adicional: Rolando Trejos

Música original: Carlos Escalante Macaya

Músicos: Erasmo Solerti (arpa, violines, violas), Marianela Cordero (violonchelo), Jesús Drever (flautas), Mariano Arroyo (corno), Juan Rafael Chacón (Percusión), Isabel Guzmán (voz)

Diseño de iluminación: Jody Steiger

Vídeo mapping: Norman “Tito” Fuentes

Maquillaje y tocados: Priscilla McGuinness

Ilustración: Fabiana Obando, Luis Carlos Vásquez

Filóloga: Natalia Salas

Producción general: Sofía Rodríguez Montero

Espacio: Teatro Nacional

Fecha: 19 de octubre del 2019

Programa “Érase una vez”