
El más reciente álbum de Laura Pausini se llama Yo canto 2. No queda la menor duda de que ella canta, pero además no solo canta dos; canta todas las que quiere. En Costa Rica, por ejemplo, fueron 25; entre ellas hubo muchas piezas propias y otras prestadas. Se las regaló todas al público, con excelente interpretación, entrega y carisma.
Yo canto 2 (2026) funciona como un homenaje a canciones en castellano y a clásicos del pop italiano, en dos discos diferentes. Pausini ha dicho que eligió el repertorio como “fan” y esa lógica se trasladó directamente al escenario. Justo por eso fue que su setlist en el Estadio Nacional estuvo plagado de covers. Cantó las piezas que le encantan, confiando en que también le gustarían al público y acertó.
El repertorio se sintió como una barra de buffet, pues hubo de todo. Repasó sus clásicos como Entre tú y mil mares, Amores extraños, Víveme y Se fue, mientras revisitaba temas ajenos con una mezcla de respeto y apropiación.
Pausini agradeció con Gracias a la vida, introdujo Turista de Bad Bunny con un breve rodeo narrativo y ofreció momentos particularmente efectivos en piezas como Bachata Rosa (Juan Luis Guerra), Livin’ la Vida Loca (Ricky Martin) y una delicada Hijo de la Luna (Mecano).
La fluidez del show se apoyó en varios medleys que entrelazaban repertorio propio y ajeno. Sus reversiones llegaron a calar inclusive en temas propios, como con Se fue, que sonó en la versión de bachata, que la italiana grabó con Rauw Alejandro. Más que versiones, fueron relecturas funcionales dentro de un espectáculo que priorizó el dinamismo.

Pausini sostuvo una energía constante que le permitió moverse con naturalidad entre épocas, géneros y emociones. Armó una fiesta sin perder control, apropiándose del espíritu de cada canción con una interpretación vocal consistente y segura.
El inicio recreó una atmósfera de castillo para Yo canto, mientras que más adelante aparecieron guiños setenteros durante ¿Por qué te vas?, popularizada por Jeanette. Los visuales aportaron textura e identidad con imágenes de época, composiciones dinámicas y, en varios momentos, el rostro de Pausini multiplicado en decenas de recuadros por todas las pantallas.
El vestuario también jugó su papel en esa construcción escénica. Los cambios fueron constantes, casi coreográficos.
En lo vocal, la cantante se mantuvo en un nivel alto durante toda la noche. Los agudos responden, la afinación es precisa y su capacidad para alternar idiomas suma a la experiencia.
Los juegos de luces, la pirotecnia y el humo se utilizaron sin caer en el exceso, mientras que la banda acompañante también contribuyó con la solidez y respondió a la metamorfosis constante que exigía el setlist. Aplausos especiales para Paolo Carta, guitarrista eterno de la artista —y, desde 2023, su esposo— cuya presencia en escena combina la complicidad personal con el más depurado buen gusto instrumental.

Hacia el final, la pausa entre canciones sí se sintió excesiva, cuando la artista subió a tarima a tres fans y si su conversación con ellos hubiera sido en una sala, el café se hubiera enfriado en medio de la extensa plática. No es la primera vez que Pausini se deja llevar en estos momentos, al punto de necesitar un recordatorio desde producción sobre los tiempos del recinto.
Aun así, y pese a acercarse a las tres horas de duración, el concierto se mantuvo ligero y entretenido. Laura Pausini ofreció todo lo que uno, como audiencia, querría de un show. Su presentación fue amable con los oídos y cariñosa con el corazón. Más que una diva distante, se presentó como una fan con micrófono y muchísimo talento. Es fácil entender por qué es la italiana más querida de Latinoamérica.
El concierto
Artista: Laura Pausini.
Lugar: Estadio Nacional.
Fecha: 29 de abril.
Organización: SD Concerts.