Sergio Salazar. 26 julio

Primero que todo, debo decir que amo a mi abuela con todo mi corazón, ella es una de las persona más importantes en mi vida. Y fue justamente por esa razón que decidí ayudarle a comprender cómo funcionan las redes sociales.

La idea surgió durante una de las tantas conversaciones luego de la cena, cuando ella nos dijo: “Yo también quiero estar en eso que ustedes están, eso que tanto ven en el teléfono”.

Cuando le pregunté a qué se refería me aclaró entre risas: “Eso, donde pasan hablando, riéndose y viendo retratos. Yo quiero usarlo, aunque varias amigas ya están muertas, es para ver si me distraigo un rato”.

Mi abuela, Dora Coto, ahora tiene menos miedo a acceder a las redes, a utilizar su Facebook para conectarse con parientes lejanos y viejas amistades. Fuente: Sergio Salazar para LN
Mi abuela, Dora Coto, ahora tiene menos miedo a acceder a las redes, a utilizar su Facebook para conectarse con parientes lejanos y viejas amistades. Fuente: Sergio Salazar para LN

Entendí que a sus 87 años ella deseaba ser parte de ese mundo que llamamos “redes sociales”, un mundo que para nosotros es común, pero para ella es un todo universo por descubrir.

A partir de ese momento emprendí una búsqueda de recomendaciones para ayudarle a comprender la responsabilidad que significa tener un perfil en una red social y cómo utilizarla de la mejor manera.

Esta fue mi experiencia, se las comparto por si quieren hacer algo parecido con sus adultos mayores.

Encontrar la fuente de motivación

Lo primero y más importante, es buscar un “algo” llamativo, que los incentive a participar. En nuestro caso fue su disposición a entrar a una red, a enfrentarse a un ambiente desconocido para estar más cerca de nosotros, poder compartir y descubrir lo que hacemos cada día.

Teniendo ese punto claro, el siguiente paso es armarse de paciencia y amor. También es vital abrir la mente y recibir todo lo que en el proceso ellos también podrán enseñarnos. ¡Su experiencia de vida, vale oro!

Puede que no todo sea sencillo y se haga necesario devolverse varias veces para explicar los procedimientos y aclararles conceptos. Incluso, podrían desanimarse por no entender tan rápido, pero es nuestra labor estar a su lado cuando eso suceda para impulsarlos a continuar. Elogie cada logro.

Eso sí, nunca debemos obligarlos, todo esto debe ser un proceso voluntario. Si un día no quieren sentarse a “navegar”, está bien. Si a los cinco minutos se quieren levantar a hacer otra cosa, hay que dejarlos, la idea es que aprendan a su propio ritmo y sobretodo, que lo disfruten.

En la red

Ahora sí, una vez que conseguimos la motivación suficiente, llegará el momento de empezar a navegar.

Según mi experiencia y lo que pregunté a expertos, lo ideal es acompañarlos durante el proceso de creación del perfil. Para ello, seleccione el nombre con el que el adulto mayor se sienta cómodo al igual que la imagen o foto con que se identificará ante el mundo.

En la mayoría de los casos es necesario poseer una cuenta de correo para acceder a una red social. Ayúdelos a crear una y recuerde apuntar las claves de acceso y los correos en algún lugar seguro.

En nuestro caso, ya algún familiar se había encargado de crearle una cuenta a mi abuela, entonces no fue necesario sentarse con ella a formar los perfiles.

Luego de este paso, el que sigue es mostrarle a la persona cómo funciona el smartphone y el Internet. También hay que instruirle en cómo acceder a la aplicación de Facebook desde su celular. El aprendizaje incluye explicarles dónde hacer clic y cómo volver a las páginas anteriores en caso de que toque algo por equivocación.

Un técnica que me funcionó fue utilizar mi teléfono y mi perfil al mismo tiempo que ella usaba el suyo.

De igual manera, fue clave mostrarle que, en caso que de estuviera perdida y no supiera qué hacer, con el botón central (botón de home), volvería a la pantalla principal de su teléfono.

El apoyarse en tutoriales (videos) puede ser muy útil.

Una excelente alternativa es buscar un celular que se ajuste a las necesidades de los adultos mayores, para que les resulte más sencillo utilizarlo. Foto Jeffrey Zamora
Una excelente alternativa es buscar un celular que se ajuste a las necesidades de los adultos mayores, para que les resulte más sencillo utilizarlo. Foto Jeffrey Zamora
Seguridad ante todo

Algo que no podemos dejar de lado es que los adultos mayores comprendan bien las reglas de seguridad y de privacidad de las redes sociales.

Deben entender que no pueden compartir información personal y privada, como números de cuenta o direcciones de habitación y que no todas las invitaciones que van a recibir son de personas conocidas o que quieren ser sociales. Es fundamental que se manejen con precaución y que no acepten a “todo el mundo” en sus redes.

Una vez que “las reglas del juego” están establecidas, hay que comenzar a detallar paso a paso cada una de las herramientas que ofrece la red social.

Debemos aclararles muy bien la diferencia entre un comentario y un mensaje, que sepan que los comentarios son públicos y los puede ver cualquier persona, mientras que los mensajes son privados y son vistos solo por quienes mantienen la conversación.

También hay que mostrarles en qué consiste una notificación, cómo revisarla y qué se puede hacer con ella.

Durante el proceso, de igual manera, deben aprender a compartir un estado, una foto o un video, cómo realizar un comentario, buscar a sus amigos, familiares o conocidos para agregarlos y ponerse en contacto con ellos. Si lo desean, luego pueden mostrarles cómo funcionan otras redes y tecnologías como Twitter, Instagram o Skype.

Recuerde lo que dijimos al principio, aunque muchos aprenderán muy rápido, a otros les tomará más días, semanas o meses. Sin embargo, la recompensa será grande.

Mi abuela aún no es experta en usar su cuenta de Facebook, es más, constantemente se confunde y en ocasiones se desespera, pero es un hecho que ha logrado perderle el miedo a ese mundo digital, tan diferente al que ella estaba acostumbrada. Además, el tiempo que hemos compartido, no lo cambio por nada.