
En noviembre del 2025, agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) ingresaron a una vivienda en San Pablo de Heredia en busca de un cargamento de cocaína y el objetivo se cumplió.
Encontraron 100 kilos, pero el impacto ocurrió después, cuando descubrieron 51 kilos de metanfetamina y 280 frascos de ketamina.
La cantidad de metanfetamina constituye el cargamento más grande de este producto hallado en Costa Rica. También había documentos con fórmulas.
El hallazgo “disparó las alarmas”, recordó el subdirector de la Policía Judicial, Vladimir Muñoz. Lo dice consciente de que persisten dudas sobre qué hacía esa mercadería en el país, de dónde vino y por qué estaba en polvo.

Según Muñoz, antes de aquel decomiso era usual encontrar cinco, diez y hasta 3.000 pastillas (en casos extremos), pero nunca antes en polvo y en estado tan puro.
De esa cantidad de droga, explicó, habrían podido salir millones de dosis y el mercado costarricense, aunque estaría cada vez más atraído por las drogas sintéticas, no parece tener una demanda para ese volumen.
El conteo final de esa incautación fue de 51 kilos y 10 gramos, valorados en alrededor de $3 millones.
A ese decomiso se suman más de 80 kilos incautados por oficiales del Ministerio de Seguridad Pública a lo largo del año.
En abril fueron decomisados 20 kilos de metanfetamina en las cercanías de plaza González Víquez, en San José, y en mayo 48 kilos en un vehículo que viajaba por Circunvalación Norte.

Para Muñoz, las incautaciones del 2025 fueron reveladoras. Evidenciaron que organizaciones dedicadas al tráfico internacional de cocaína y marihuana también tienen en su posesión gran cantidad de sustancias sintéticas.
“El fenómeno definitivamente ha cambiado mucho. El mercado existe”, dijo.
Cambio en puntos de venta y consumo
Drogas como la ketamina, la metanfetamina y el éxtasis se concentraban en sitios turísticos costeros, eventos de música electrónica o entre personas con mayor capacidad adquisitiva.
Ahora la Policía encuentra con más frecuencia sustancias de este tipo en sitios como María Reina, en Hatillo, descrito por el fiscal adjunto Mauricio Boraschi como “el mall de las drogas”. Desde ese sitio se abastece de sustancias al resto del país.

“No lo hemos visto en todos los puntos de venta de droga, en algunos más que otros; el caso de María Reina es uno de ellos. Ahí, en distintas operaciones, tanto incursiones que ha hecho Control de Drogas como el OIJ, ya es normal encontrar cocaína, crack, marihuana y pastillas”, dijo Muñoz.
“Eso nos ha llamado mucho la atención; quiere decir que el mercado ha crecido, que probablemente ya no es tan cara (esa droga sintética) como antes”, agregó.
El hallazgo de drogas sintéticas también se ha extendido a la provincia de Cartago y esto sugeriría que el consumo no estaría ya concentrado en las costas o en la capital.
Dudas y falta de continuidad
Aunque Costa Rica no escapa al fenómeno de las sustancias sintéticas, para las autoridades continúa siendo una incógnita la cantidad de droga decomisada en el 2025, sobre todo porque en enero de este año no se reportó ni una sola incautación y tampoco hay continuidad; es decir, no se decomisan ni 10 kilos cada mes.
Por el momento, dice Muñoz, no hay una explicación clara para ello. Afirma que es evidente que hay demanda, pero elementos como estos vuelven el panorama incierto y llevan a pensar que el mercado, aunque crece, aún no es tan grande.
‘Mezcladores’ a cargo de producción
Hasta el momento tampoco se acredita la existencia de laboratorios clandestinos y solo se presume que la droga incautada quizás provenía de México, uno de los mayores productores de estas sustancias en el mundo.
Sin embargo, el hallazgo de una libreta con fórmulas en la vivienda de Heredia llevó a las autoridades a considerar la posibilidad de que ya existe gente en Costa Rica con el conocimiento para producir metanfetaminas. Esa hipótesis no es concluyente al día de hoy.
Hasta ahora, las investigaciones solo han revelado la existencia de “mezcladores”: sujetos que se dedican a combinar drogas sintéticas con otras sustancias.
Por ejemplo, en junio del año anterior, el OIJ informó sobre el primer arresto de un mixer, un aparente miembro de una banda que distribuía “cocaína rosada”.
“Los decomisos de ese tipo de drogas siguen siendo pocos (en comparación con el resto de sustancias), pero creo que ya la puerta se abrió, nos envió una señal de que este panorama que tenemos hoy puede cambiar tal vez en los próximos 3 a 5 años”, dijo Muñoz.

Las dosis son pequeñas, lo que facilita su trasiego. Además, son más fáciles de producir que la cocaína o el crack, pues solo es necesario contar con un espacio y conocimientos químicos que, de acuerdo con Muñoz, hoy se adquieren en Internet.
Esto, aunado a que son muy adictivas, las vuelve llamativas tanto para el traficante como para el consumidor.
Muñoz no descarta que eventualmente los grupos criminales produzcan drogas sintéticas en Costa Rica para su exportación. “El crimen organizado se mueve donde encuentre nichos para hacer dinero y, si eso es un nicho, estamos seguros de que lo van a hacer”, agregó.
Consumidores jóvenes
Pequeñas dosis de este tipo de drogas pueden tener efectos muy potentes y generar liberaciones masivas de dopamina.
Los niveles son tan altos que ningún estímulo natural puede alcanzarlos y por eso son altamente adictivas.
Así lo explicó el doctor Pedro Acuña, médico del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) desde hace 20 años.
Según detalló Acuña, estas sustancias resultan muy atractivas, aunque su precio sea mucho más alto que el de la cocaína, el crack, la marihuana o el tabaco.
Explica que, aunque una dosis de alguna sustancia sintética puede superar los ¢10.000, una persona con adicción severa al crack puede consumir hasta 50 dosis en un solo día, cada una a ¢1.000.
En ese escenario, la búsqueda de efectos más intensos y duraderos la podría llevar, eventualmente, a gastar menos dinero por una experiencia más potente. Sin garantía de que migre finalmente a esa droga.

A su consulta llegan adultos con problemas severos de consumo y desde hace 10 años, afirma, ha notado un aumento en el uso de sustancias sintéticas como la metanfetamina, el éxtasis y la ketamina, especialmente entre jóvenes de 18 a 35 años.
“Tenemos ya un grupo importante de personas jóvenes que están utilizando este tipo de sustancias”, señaló, a la vez que aclaró que esta población aún es menor en comparación con quienes consumen cocaína, crack o marihuana.
“Uno podría asumir que eventualmente vamos a empezar a ver más gente joven llegando a los servicios de atención y consultando por el uso de estas sustancias (artificiales)”, afirmó.
