
Para el 16 de mayo del 2024, cuando aparecieron sus restos dentro de una refrigeradora en una casa en San Pablo de Heredia, Nadia Peraza llevaba casi tres meses desaparecida.
Este jueves por la tarde, durante la sétima jornada del juicio que busca esclarecer su muerte, una agente del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), de apellido Campos, relató la escena que encontró en esa casa y detalló cómo llegó hasta ahí.
En esa vivienda residía el único sospechoso de asesinar a la joven, Jeremy Buzano Paisano, a quien el Ministerio Público le atribuye 21 delitos, entre ellos femicidio y suplantación de identidad.
Para ese día de mayo, ya Campos había conversado con los compañeros de trabajo de Nadia, con el jefe de Jeremy y con otros allegados al caso para intentar encontrar a la joven. Por último, entrevistó a un hombre de apellido Vargas, hijo del dueño de la casa donde se ubicó la refrigeradora.
Vargas contó que accedió a darle posada a Jeremy desde inicios de abril, luego de que este se mudó de la vivienda en la que residía con Nadia, en Bajo Los Molinos, en San Rafael.

Jeremy no llevó mucho consigo. Arribó a esa casa con una refrigeradora blanca, una lavadora y una canasta con algunas de sus pertenencias. Vargas le manifestó a la agente que esa nevera, en particular, emanaba un olor muy desagradable y apuntó que Buzano tenía una cortada muy profunda e infectada en la palma de su mano izquierda.
Jeremy le dijo a este sujeto que se lastimó en un accidente laboral en una construcción. Fue entonces cuando la agente terminó de atar algunos cabos y notó severas contradicciones por parte del joven, pues otros testigos manifestaron que la lesión habría sido producto de un intento de asalto.
“Nos elevó las alertas de que algo estaba pasando. Se estaba contradiciendo (…) Es parte de eso por lo que nos trasladamos a la vivienda de María Auxiliadora (San Pablo)”, narró.
Caía la tarde el 16 de mayo del 2024. Ya había acabado su turno laboral, pero la urgencia la llevó a tocar la puerta de esta vivienda de verjas negras y, efectivamente, había una nevera en el patio frontal, visible incluso desde la acera.
“Teníamos una desaparición, no teníamos cuerpo y estábamos investigando un posible homicidio”, dijo.
Jeremy no estaba a la hora de la visita y tampoco Vargas, pero salieron su padre y un ayudante, de apellido Rayo, a atender a la agente. Ella se presentó y se refirió de inmediato a la nevera. Los dos hombres le indicaron que no tenían idea de qué almacenaba Jeremy allí, pero sí desprendía un olor molesto. En varias ocasiones antes, contaron, le pidieron a Jeremy que limpiara y, cuando lo hacía, el mal olor disminuía, pero pronto regresaba.

El ayudante, de apellido Rayo, fue quien intentó abrir la nevera a solicitud de la agente, pero las puertas estaban amarradas con un mecate, tan ajustado que solo fue posible removerlo con un cuchillo. Ella, dice, trabajó en Medicatura Forense y de inmediato identificó el olor.
Frente al tribunal, la agente describió que una vez que abrieron las puertas de la nevera, Rayo incluso se descompuso. “Le tuvimos que hablar, reanimarlo, porque nosotros estábamos del otro lado del portón grabando: ‘tranquilícese, respire’”, recuerda que le dijeron.
De inmediato, dice, se comunicó con la fiscal que estaba bajo la dirección funcional y mantuvieron custodia de la escena, al tiempo que solicitaron el allanamiento. La mañana del 17 de mayo, una comitiva de expertos ingresó a esa vivienda y simultáneamente a la casa en la que vivió Nadia, en el Bajo Los Molinos.
Dentro de la nevera, Campos describió una escena desgarradora. Los restos estaban desmembrados; huesos y tejidos blandos almacenados en envases de Suavitel y mayonesa, en loncheras y bolsos, entre prendas de la joven e incluso dentro de una cobija.
En la parte trasera de la vivienda, donde se sitúa un patio y el apartamento en el que dormía Jeremy, los agentes encontraron una caja con documentos de Nadia y un libro titulado: “Cómo dibujar el cuerpo humano”.

En un cafetal del Bajo Los Molinos, apareció una bolsa negra con restos, a aproximadamente 80 metros de la vivienda de la víctima.
José Francisco Herrera, abogado de Buzano Paisano, afirmó a este medio, al finalizar la audiencia, que su cliente es inocente. Herrera afirma que el sujeto desconocía lo que había dentro de la nevera. Sostuvo ese argumento también cuando se le consultó sobre el hecho de que él mismo la limpiaba.
Por su parte, Joseph Herrera, abogado de la familia de Nadia, reiteró lo que ha venido diciendo desde que inició el debate el 18 de febrero: Nadia fue víctima de Buzano, de un ciclo de violencia y agresión del que no alcanzó a salir con vida.
