
La mañana del 22 de mayo de 2022, Ana Cristina Rojas se despertó y abrió la aplicación del Banco Popular para pagar unos recibos. En ese momento se enteró de que fue estafada a la 1:00 a.m. Mientras dormía, le dejaron la cuenta en cero.
Días después, Ana Cristina entró en una crisis de psoriasis– una enfermedad inflamatoria, autoinmune y no contagiosa, que se caracteriza por placas rojas, gruesas y escamosas en la piel– que la mantuvo durante tres meses en una cama. “No podía dar paso porque se me abrían y me sangraban las manos y los pies”, dice Ana Cristina, casi cuatro años después.
Ana Cristina dice que esto la llevó a caer en depresión. “Fue por el estrés y el shock tremendo que uno se lleva cuando es estafado”, asegura Ana Cristina.

Los efectos en la salud que sufren las personas a raíz de una estafa es un territorio poco explorado, incluso, ignorado. Un estudio de la Universidad de Cambridge reveló que las víctimas de fraude experimentan altos niveles de estrés, ansiedad y depresión debido al sentimiento de vulneración y traición asociado al miedo a sufrir más estafas.
La ansiedad interfiere con la vida diaria y afecta la calidad de vida de las víctimas, como el sueño y la concentración. Estos sentimientos aumentan cuando la pérdida financiera es significativa y afecta la capacidad de pago.
Por su parte, un estudio de 2025 de la Biblioteca Nacional de Estados Unidos reveló que las víctimas de estafas, en los meses posteriores, suelen experimentar vergüenza y humillación, agravadas por la inseguridad económica y la falta de apoyo. En casos graves, incluso pueden desencadenar pensamientos suicidas.
Revista Dominical conversó con cuatro personas que han sido víctimas de estafas y experimentaron daños en su salud. Además, desarrollaron sentimientos de traición y desconfianza en su día a día. El movimiento de Gente Estafada en los Bancos de Costa Rica tiene registros de personas que han sufrido infartos, una de ellas falleció, y otras que han sufrido depresión.
“Uno psicológicamente se siente impotente, se siente frustrado, y hasta culpable de que lo hayan estafado”, dice Ana Cristina.

Afectaciones
A Carmen Rojas le sacaron de su cuenta ₡9,7 millones en 33 minutos. En estado de shock, el 17 de mayo de 2022 hizo lo que todas las personas estafadas solían hacer: poner la denuncia en el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y luego meter el caso en el banco para recuperar el dinero.
Meses después, recibió la respuesta que reciben casi todas las personas estafadas: el banco desconoció su responsabilidad y la culpabilizó del despojo. En el proceso, Carmen recuerda un episodio que hurgó aún más en la herida: en el Banco Popular, donde tenía la cuenta que fue estafada, le pidieron que justificara los movimientos que los estafadores hicieron.
“Yo les dije que no podía justificarlos porque era la víctima”, dice Carmen, de 70 años de edad.
Sin embargo, días después su cuenta fue bloqueada. Carmen se sintió furiosa, impotente, humillada. “Pasé tres días encerrada en mi cuarto furiosa, no dormía”, recuerda Carmen.
El enojo se extendió por más de tres meses, pues fue el tiempo que no pudo recibir su pensión debido a que su cuenta fue bloqueada. Sin embargo, Carmen decidió no quedarse con los brazos cruzados y, el 2 de junio de 2022, creó la página en Facebook del “Movimiento Gente Estafada en los Bancos de Costa Rica”, que en un inicio servía como un espacio de desahogo para las víctimas.

“Me dio de todo”
“Yo vomitaba, me enfermaba”, recuerda Carmen.
No hubo cambio tiempo después. En estos casi cuatro años, desarrolló varios padecimientos: hipertensión, diabetes, problemas digestivos y herpes zóster. “Me dio de todo”, dice Carmen, quien también asegura que es sobreviviente de cáncer. “Ya ni sé cuantas pastillas me tomo a diario”, agrega.
Poco a poco, con insumos de Carmen y de otros afectados, el movimiento de personas estafadas creció de tal manera que impulsó la Ley de protección a las personas consumidoras en la custodia de su dinero administrado por entidades financieras, aprobada a inicios de marzo en la Asamblea Legislativa.

La nueva normativa busca introducir cambios relevantes en la forma en que el sistema financiero deberá gestionar los fraudes electrónicos y las transacciones no autorizadas. Entre otros puntos, con la nueva Ley, la persona estafada ya no deberá demostrar que no hizo nada incorrecto, sino que ahora le corresponderá a los bancos comprobar que cumplen con parámetros de seguridad para proteger a los clientes.
“El movimiento se convirtió en mi causa”, dice Carmen.
Durante las múltiples entrevistas que ofreció a medios sobre el tema, ella denunció que en las estafas había redes criminales involucradas. Algunos amigos se le acercaron para preguntarle si no le daba miedo, y ella respondía: “Prefiero que me maten luchando por esto a morirme en una cama por el cáncer”.

Estafas han aumentado en últimos años
El OIJ registró que las denuncias por estafa informática aumentaron más del 38% entre 2024 (7.260) y 2025 (10.059). Sin embargo, el organismo destaca una disminución global del 19,62% (-3.708 denuncias) en el período de enero y febrero de 2026 en comparación con el año pasado.
Yorkssan Carvajal, jefe de la sección especializada contra el fraude informático, dijo que las metodologías criminales no han cambiado en los últimos cuatro años. Incluso, la del “falso funcionario” –cuando un delincuente se hace pasar por un funcionario de un banco para sacar información–, había sido dejada de lado, pero ha tenido un repunte en los últimos meses.
Las estafas electrónicas suelen utilizar “cuentas destinos” o “cuentas mulas”, que son las cuentas que utilizan los estafadores para realizar las estafas, y luego enviar el dinero hacia otras cuentas. Los dueños de estas cuentas suelen ser “urbano-marginal, rural, adictos o delincuentes, que vendieron sus cuentas y no saben para qué la está utilizando el crimen organizado”.

Contrario a lo que comunmente se piensa, Yorkssan Carvajal asegura que los adultos mayores (de los 65 años a más) son los que menos son víctimas de estafas. “Los adultos mayores son menos víctimas, porque posiblemente son menos tecnológicos”, explica.
La reducción en los últimos meses de las estafas informáticas se debe mejoramiento en las operaciones de seguridad de los bancos y preventivas con las distintas instituciones financieras, según el OIJ.
Carvajal dijo que esto ha dificultado que se realicen estafas por la llamada ingeniería social, técnicas de manipulación utilizadas por ciberdelincuentes para que las personas revelen información confidencial, descarguen malware o realicen transferencias de dinero.
Según el experto, es cada vez más difícil que accedan a cuentas bancarias por candados de seguridad e inteligencia artificial (que ahora si utilizan), operativos de detención en cajeros y desarticulación de estructuras criminales.
Carvajal dijo que las estafas no solo atacan el bolsillo de las personas, sino el ego. “Muchas se preguntan: ‘¿cómo es posible que a mí me estafaron y me robaron tres o cuatro millones?’ se sienten muy avergonzados”, agregó el encargado.

La desconfianza de Damaris
Desde el día que la estafaron, Damaris Vargas Campos desconfía de todos. Ese día, luego de una llamada telefónica, la despojaron de ₡6,5 millones de su cuenta del Banco Nacional. “Se me derrumbó todo, yo me sentí violada; es una violación”, dice Damaris, a quien se le vuelve a quebrar la voz más de cinco años después.
Minutos después de sufrir la estafa, pensó en retirar todo su dinero y guardarlo en la casa, o quitar el teléfono fijo para no volver a recibir llamadas. En ese momento de confusión, llegó a cortar su tarjeta de débito por el temor.

Damaris desconfía hasta cuando va manejando su carro o al momento de conocer a una persona. Se niega a hacer trámites por internet y todas las gestiones las intenta hacer de forma presencial en las sucursales de los bancos.
“No me pasó nada físico, pero emocionalmente sí”, dice Damaris. “Debí recurrir a un psicólogo para quitar ese trauma que está en mi corazón”, añade.
Damaris, bibliotecóloga y constructora civil, dice que a raíz de la estafa fue también víctima de bullying por parte de allegados y familiares. “Me decían que yo que trabajé con tecnología toda la vida, fui a caer de forma tonta”, recuerda.
“Todos entramos en un colapso emocional”
Zamaris Jaén López, psicóloga con 34 años de experiencia, es otra víctima. Ella dice que la estafa que sufrió el 21 de noviembre de 2024 es una de las experiencias más impactantes que ha vivido.
“Todos entramos en un colapso emocional”, dice Zamaris, y explica que, desde su experiencia como psicoterapeuta, esta impresión emocional tiene repercusiones físicas. “Incluso, podemos recuperar lo económico, pero lo mental y emocional, es muy difícil recuperarlo”, enfatiza.
Para esta psicóloga, cuyos servicios se acuerdan por teléfono, la desconfianza luego de la estafa ha tenido un costo económico. “Yo no contesto números desconocidos y tampoco doy información de los servicios que ofrezco si no estoy segura de con quién estoy hablando”, explica.
No todas las personas estafadas son capaces de dar la cara o mostrarse sin vergüenzas ni culpas. Cualquiera puede entrar en una crisis –mental y emocional– luego de sufrir este despojo. Zamaris dice que, tal como están extendidos este tipo de delitos en el país, “no hay que olvidar que todos somos vulnerables a que nos toque esta ruleta rusa”.
