
Una canción tarda tres minutos en sonar, pero puede tardar décadas en escribirse. Así piensa Tapón, uno de los artistas costarricenses que obtiene regalías por parte de la Asociación de Compositores y Autores Musicales de Costa Rica (ACAM), que en las últimas semanas ha recibido críticas hacia su estructura y operación.
Y aunque revela que las regalías distan mucho de un salario fijo, porque muchas de estas transacciones no alcanzan los seis dígitos, Tapón observa con extrañeza que la discusión se concentre en cuánto paga un comercio y no en quién creó la música.
“Es muy circunstancial. No vivís con esto”, explica el artista con un catálogo de más de 500 canciones. “Lo difícil es que hoy ya no vivimos de vender discos, sino de las reproducciones”.
En Revista Dominical, puede leer el reportaje completo donde analizamos cómo funciona ACAM, cuáles son las mayores críticas que recibe y qué pasaría si el país no cobra estos derechos de reproducción.
Artistas ticos recibieron ¢225 millones en 2025
Con el dinero recolectado con las licencias que deben pagar los locales (como bares, sodas y gimnasios), ACAM distribuye los fondos en distintas partidas: 34% a los derechos conexos y 66% a los derechos de autor.
De la categoría de derechos de autor, 10% se dirige al Fondo Social y Cultural -que gestiona actividades y programas para estimular la composición de obras musicales y producción discográfica-, 30% a los gastos operativos y 60% a la distribución de los titulares del derecho de autor.
Ahora bien, ese 60% de distribución es el que más críticas ha recibido, ya que se divide en 95% para músicos internacionales (que incluye las remesas efectivas y el impuesto sobre la renta) y 5% para artistas nacionales. Estos rubros se fijan mediante un monitoreo de las canciones en las plataformas digitales, la radio, la televisión y los conciertos; es decir, entre más se escuchen las obras, más dinero recibirán sus autores.
De acuerdo con Edín Solís, expresidente de ACAM y vocal, ACAM repartió ¢225 millones a 1.407 artistas costarricenses en 2025. Cada asociado recibe el dinero semestralmente. Ese mismo año, ¢1.314 millones se dirigieron a 123 sociedades del extranjero y otros ¢250 millones fueron asignados al Fondo Social y Cultural.
Los artistas reciben sus regalías semestralmente.
Por su parte, el cantautor Luis Montalbert admite aunque este dinero “no le cambia la vida” por la cantidad, sí “le cambia el porqué me lo pagan. Ese porqué incentiva a que yo quiera seguir haciendo música”.
Incluso, cuenta Montalbert, temas como el que la banda grabó para la Selección Nacional incrementan las regalías cuando La Sele atraviesa un buen momento deportivo. “Cuando la Sele no clasifica, perdemos todos”, comenta entre risas.

¿Cómo recada ACAM el dinero?
Jimmy Bolaños, director general de ACAM, explicó que el tarifario de las licencias se basa en el modelo mexicano Unidad de Derecho de Autor (UDA), el cual establece distintas variables en relación al uso de la música: no es lo mismo su reproducción en un concierto, un bar o en una soda.
De esta manera, se categoriza su uso como “indispensable”, “necesario” o “accesorio” para el comercio. Por ejemplo, una cafetería con capacidad para 16 personas debe pagar ¢5.200 mensuales a ACAM por el uso “accesorio” de la música. La cifra va subiendo según las condiciones del local: si vende licor, si cobra entrada y si tiene capacidad para más de 100 personas.
Un gimnasio donde asistan más de 51 personas tiene una licencia de ¢41.500; una discoteca para 160 personas debe pagar ¢62.200; y un balneario de cinco piscinas, ¢75.200. La licencia más alta le corresponde a los hoteles de siete estrellas con más de 151 habitaciones, fijada en ¢663.700.
ACAM brinda tarifas diferenciadas de menor costo a las micro, pequeñas y medianas empresas o agrupaciones gremiales anexas, como la Cámara De Restaurantes (Cacore) y la Cámara de Hoteles (CCH).
Para el diputado José Miguel Villalobos -quien inició los cuestionamientos hacia ACAM en el plenario- este tarifario “es totalmente arbitrario, sin ninguna base lógica ni racional”, ya que, a su juicio, no tiene cómo contemplar el tiempo que la música se escucha en un local.
“Póngase con que alguien tiene en la pared del restaurante una reproducción de un cuadro de un pintor residente. Viene el pintor residente y dice ‘como hay una reproducción de la obra mía y está puesta en la pared del restaurante, y con esa obra están atrayendo clientes, entonces me tienen que pagar por exhibir la reproducción de mi pintura’. Es lo mismo, absurdo totalmente. Desde el momento que un músico o un compositor creó con su intelecto y con su capacidad una obra y la colocó en el mercado, ya cobró por eso”, indicó a RD.
Más allá del dinero, Montalbert lamenta que el debate alrededor de ACAM haya evidenciado, a su juicio, una falta de comprensión sobre el valor del trabajo artístico.
“Me parece triste que algunas municipalidades hayan tomado esa actitud. Como país nos ha faltado educarnos sobre la importancia de los artistas. Hace falta apoyo del Estado. No veo un buen futuro económico para nuestros artistas. Esto no es una ocurrencia de unos maecillos. Es un movimiento mundial que tiene mucho sentido.”


