Cuando escuchó la palabra Costa Rica, Auxilio creyó que había entendido mal. Llevaba seis días detenida por las autoridades migratorias de Estados Unidos (ICE) y avisada de que sería una de las personas deportadas por la administración de Donald Trump. Lo que pasa es que no sabía adónde y su vida corría riesgo en caso de regresar a su país.
Desde el centro de detención escuchaba que gente detenida salía en aviones con destino a distintos países, pero nadie le decía qué ocurriría con ella. Tampoco cuánto tiempo permanecería encerrada.
“Escuchábamos sobre vuelos para Colombia, pero el nuestro nunca salía. No nos decían nada. De un momento a otro dijeron que era un vuelo para Costa Rica. Unos decían una cosa, otros otra. Fue hasta que me subí al avión que supe que venía para acá”, recuerda Auxilio sobre el 4 de junio, el día que aterrizó en San José sin haber elegido ese destino.
Su historia forma parte de una operación migratoria inédita en Costa Rica. El pasado 23 de marzo, el gobierno del entonces presidente Rodrigo Chaves suscribió un Memorando de Entendimiento con Estados Unidos para recibir temporalmente a personas extranjeras deportadas por ese país que no son ciudadanos estadounidenses.
Bajo ese acuerdo, Costa Rica funciona como un país de tránsito mientras las personas deciden entre regresar voluntariamente a sus países de origen o solicitar protección internacional. Según conoció Revista Dominical, Estados Unidos financia toda la operación y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) gestiona su estadía y alimentación en dos hoteles en San José.
Por seguridad, Revista Dominical identificará a esta mujer con el nombre ficticio de Auxilio. Es originaria de un país sudamericano y asegura que regresar no es una opción. “Mi caso es por amenazas. No quiero volver a mi país. Uno evita regresar porque sabe que pueden atentar contra la vida de uno. Estoy mirando a ver qué se hace. Uno busca un empleo aquí, pero no tengo permiso. Ando buscando rumbo”, asegura.
Auxilio dice que la llegada a Costa Rica marcó un contraste inmediato con los días que pasó bajo custodia en Estados Unidos.
“La atención ha sido buena, la comida también. Cuando llegué me atendieron porque venía enferma del estómago. Me dieron antibióticos y por el momento estoy bien”.
Sin embargo, la tranquilidad tiene fecha de vencimiento (seis meses en Costa Rica, según detalló Migración). Aunque se le otorgó un permiso temporal para permanecer en Costa Rica, todavía no logra encontrar trabajo.
“Uno entra en desesperación porque ¿de qué sirve estar aquí si no tiene cómo trabajar y ayudarse? Salgo a buscar empleo, pero piden documentos, manipulación de alimentos y otros requisitos. Entonces se hace muy difícil. Aquí, desde el hotel, uno está intentando ver cómo solucionar".
Por tanto, dice que está próxima a solicitar refugio en Costa Rica, ya que quienes solicitan protección internacional pueden acceder al permiso de trabajo. Este detalle, asegura, lo entendió en una reunión en los últimos días porque anteriormente no había comprendido toda la información.
“Voy a pedir refugio porque mi problema sigue siendo el mismo: no puedo volver a mi país. No había entendido lo que podía hacer porque estaba abrumada”, cuenta.
Denuncia sobre ICE
Antes de llegar a Costa Rica, Auxilio pasó un año y cinco meses viviendo en McAllen, Texas. Dice que cruzó la frontera impulsada por dos razones: escapar de la violencia que sufría en su país y buscar una oportunidad económica en Estados Unidos.
Todo terminó cuando fue detenida por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). Lo que recuerda de esos quince días son las condiciones en las que asegura haber permanecido. “No se me respetaron los derechos para nada. Fue un trato inhumano”, dice, mientras se le quiebra la voz.
Auxilio relata que compartía un cuarto pequeño con más de 30 personas. “Dormíamos todos en el piso. Pasábamos días sin bañarnos. Nunca apagaban la luz, entonces uno no sabía si era de día o de noche, ni cuándo era hora de dormir. No nos decían nada de nada”.
“La gente era muy grosera, muy déspota. A uno lo veían por una ventanita de vidrio. Cuando estaban de buen genio le daban una llamada de tres minutos”.
Cuenta que durante toda la detención utilizó la misma ropa que le entregaron al ingresar. “La ropa era usada. Esa era la que uno tenía. Y prácticamente todo era aguantar hambre, sobrevivir”.
“Nos daban unas espinacas crudas con jamón crudo y un taco frío. Ni siquiera lo pasaban por la plancha. Le ponían una salsa, una botellita de agua pequeña y eso era todo”.
En las mañanas, asegura, recibían una hamburguesa “cruda”, acompañada de un huevo “como hecho en microondas”. En la noche era similar, todo en porciones pequeñas. “Todo el día aguantaba hambre”. Auxilio afirma incluso haber encontrado gusanos en algunas barras de avena que les entregaban. “Me enfermé del estómago por esa comida y por la gusanera”, dice.
Ella asegura que, al llegar a Costa Rica, recibió atención médica y antibióticos, y que desde entonces se ha recuperado, pero también cuenta que escuchó denuncias de otras personas detenidas sobre presuntos robos de pertenencias durante la custodia.
“Tengo personas que conocí durante el trayecto, cruzando por Monterrey. A varias les devolvieron el pasaporte, pero dicen que les desaparecieron las cadenas, los aretes, los teléfonos y otras pertenencias. Varia gente cuenta lo mismo”.
Revista Dominical consultó a la Embajada de Estados Unidos sobre estas denuncias y los mecanismos para investigar eventuales abusos cometidos durante la detención migratoria, a lo que contestaron que “las naciones soberanas tienen derecho a controlar sus fronteras. Las personas que han ingresado de manera ilegal a nuestro país y han infringido nuestras leyes, no tienen derecho a permanecer en Estados Unidos. Por norma general, no hacemos comentarios sobre los detalles de nuestras comunicaciones diplomáticas privadas con otros gobiernos”.
De igual manera, se contactó a la embajada del país de esta persona sobre la situación de sus ciudadanos trasladados a Costa Rica y la asistencia consular que les ha brindado. Tampoco se recibió respuesta.
¿Retornos voluntarios?
Una fuente que ha estado inmersa en el proceso cuestiona que el programa de Retorno Voluntario Asistido, ejecutado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), garantice que las decisiones de regresar al país de origen sean plenamente informadas y por ende, sea realmente voluntario.
Según la fuente, muchas de las personas trasladadas a Costa Rica desconocen que pueden solicitar refugio, o reciben esa información de forma insuficiente y en idiomas que no dominan. Inclusive, señala de un posible sesgo por parte de la organización.
“El problema es que, para muchas personas, ese retorno no representa una decisión completamente libre porque no conocen todas las alternativas que tienen”, sostiene.
“Las personas no comprenden plenamente qué significa solicitar refugio, cuáles serían sus derechos ni cuáles serían las consecuencias jurídicas de esa decisión”, afirma.
La fuente asegura haber conocido casos de personas que manifestaron temor de regresar a sus países de origen, pero que aun así no entendían con claridad cuáles eran las alternativas legales disponibles.
Revista Dominical consultó a la OIM sobre estos señalamientos, a lo que contestaron que “la OIM brinda retorno voluntario asistido a solicitud del migrante, con consentimiento libre e informado. La OIM siempre se asegura de que las personas estén plenamente informadas de sus opciones, y de que los retornos sean voluntarios. Si no puede garantizarse el consentimiento debido a falta de acceso, coacción o barreras de comunicación, la asistencia de la OIM no puede proceder”. Además, la embajada del país de la persona deportada tampoco dio respuesta al cierre de edición.
Por su parte, Omer Badilla, director de Migración y Extranjería, detalló a Revista Dominical que OIM se encarga de conseguir traductores, médicos, psicólogos, trabajadores sociales y de coordinar traslados y elegir los hoteles.
“Con el tema de traductores le digo: garantizado totalmente que hay traductores de todos los idiomas. Manejamos esto con cinco días de anticipación, esperando que todo salga de la mejor manera”, afirmó. La OIM también asegura que hay traductores en las lenguas maternas de los migrantes.
Pero aún así, hay una parte del viaje que no aparece en los comunicados oficiales ni en las estadísticas de vuelos. Es el tiempo suspendido entre la deportación y la decisión. Ahí transcurre, hoy, la vida de cientos de personas que llegaron a Costa Rica sin haberla buscado.
Puede leer la investigación completa aquí.
También se solicitó una entrevista a la Presidencia de la República, pero no hubo respuesta.