
En Costa Rica, todo anuncio de un nuevo evento masivo despierta suspicacia. No es raro, pues con frecuencia nuestras buenas intenciones tropiezan con presupuestos estrechos, gusto dudoso y organización errática. Por ello, cuando la Municipalidad de Montes de Oca anunció la fiesta Fin de Año Hispanidad para recibir el 2026, las redes se llenaron de dudas y críticas de antemano.
¿Por qué los temores? Bueno, porque a veces las fiestas masivas se nos salen de control. Que lo diga el pueblo palmareño, que bajó el volumen a su propia fiesta porque había llegado a una hinchazón insoportable para la pequeña ciudad. Historias de terror del Festival de la Luz abundan desde el inicio pese a su éxito y belleza. Zapote tiene sus propios problemas que también habría que examinar, así como alternativas que han ido surgiendo, sobre todo pospandemia.
Pero por ahora, la novedad exige la pregunta: ¿funcionó el evento de fin de año en la Fuente de la Hispanidad? ¿Debe repetirse? Y si eso ocurre, ¿qué podría mejorarse? Aquí, un balance personal, que usted puede complementar con sus apreciaciones en la sección de comentarios.

¿Qué fue Fin de Año Hispanidad?
Para el cierre del 2024, la gestión municipal actual empezó con un tropezón memorable al acoger el Tope Nacional que San José había declinado recibir. Dos caballos muertos, la suciedad obvia, escaso público, drama político... En fin, que aquello no se repetiría parecía obvio desde el día siguiente al desfile equino.
Así que este año, el gobierno local optó por plantear un evento con puestos de comida a lo largo del bulevar de Los Yoses y una tarima junto a la Fuente de la Hispanidad, epicentro de celebraciones espontáneas desde finales de los años 90. Casi parecía natural que un fin de año se recibiera allí, pero esta fue la primera vez.
Fin de Año Hispanidad se celebró el 31 de diciembre de 2 p. m. a 1 a. m. La entrada fue gratuita, con inscripción previa vía web, aunque había una sección “VIP” con un tiquete de ¢24.182.
El cartel musical anunciado: DJ Johel, DJ Crisss, Ramzi, Marfil, Mario Quirós, Buena Calle y Los Ajenos. Una decena de puestos de comida, una carrera de maletas y algunos espacios de esparcimiento complementaron la actividad.

Lo positivo de Fin de Año Hispanidad
Para entrar en materia de una vez: el evento fue bueno. En pocas palabras, encontré una fiesta ordenada, con un ambiente sobre todo familiar y ninguno de los tumultos que se hubieran esperado. Las entradas estaban bien ubicadas y espaciadas, con buena seguridad y ágil ingreso, sin que ello repercutiera en el ingreso masivo de objetos o sustancias no permitidas. Por aquí y por allá alguien fumando, pero es inevitable.
Es cierto que hasta cerca de las 7 p. m. el público parecía escaso. Incluso las sillas dispuestas frente a la tarima, reservadas para vecinos del cantón, seguían desiertas a esa hora, así como las tarimas “VIP”. Pero poco a poco se fue llenando hasta una medianoche animada, no apretujada, pero sí llena de gente y, sobre todo, familias. Muchos niños, pero con espacio suficiente para que corretearan por la calle.
Con respecto a la comida, la oferta era balanceada, desde pinchos baratos hasta paella y hamburguesas; siempre se extraña más diversidad en estos menús, pero ya eso es cuestión de gusto personal. No hubo filas particularmente extensas, ni para comer, ni para ingresar al baño (que solo se podía pagar con tarjeta, a ¢500).
El patrocinio de Imperial restringió las bebidas alcohólicas a esa oferta, pero el precio no estaba desorbitado, relativo a las condiciones del evento: ¢2.000 por lata de Pilsen o Imperial (o una botella de agua), ¢2.500 por una Smirnoff o una Heineken. O sea, lo que uno esperaría.
Con respecto a la atracción principal, la música se lució con un sonido adecuado y claro, con pantallas de buen tamaño y un diseño del espacio apropiado para apreciar a los músicos. Fue relativamente puntual, también, lo cual permitió llegar a la medianoche sin premura ni precipitadamente: se llegó en un momento feliz, con el encuentro entre Los Ajenos y el invitado sorpresa, Toledo. Ya con el ánimo alto, solo quedaba disfrutar de los fuegos artificiales... que son controversiales por sí solos y que no resolveremos aquí.
En resumen:
- Un evento familiar, ordenado y seguro, con pocos tumultos y adecuados espacios de ingreso y salida
- Músicos talentosos, muy buen sonido y tarima y pantallas adecuadas en el escenario principal
- Oferta de comida y bebida breve pero de calidad, con filas manejables
- Batería de baños extensa y apartada de las comidas, con tránsito fluido
- Respeto al cronograma y buen cierre, con fuegos artificiales vistosos y música alegre

¿Qué puede mejorar en Fin de Año Hispanidad?
El principal aspecto por pulir es la oferta musical. De los artistas presentes, ninguno defraudó: entretienen con su repertorio habitual de fiestas y actúan con profesionalismo y calidad. Nadie la pasó mal. El problema fue que, considerando la naturaleza de estos eventos, algunos tocaron versiones de las mismas canciones populares... con unos minutos de distancia.
Asimismo, como no eran tantos artistas en escena, se generaron lapsos de baja energía, a la que no ayudó la reiteración de géneros, ritmos y canciones. ¿Cómo mejorarlo? Pues con bandas de distintos géneros que puedan además atender a otros públicos.
Me pregunto, por ejemplo, si esas sillas para vecinos y adultos mayores no se habrían llenado más temprano con salsa, bolero, merengue y otros géneros tropicales, incluso con algún momento y espacio para bailar en parejas. En suma, diversidad de géneros y de “momentos” diferenciados a lo largo de la jornada.

Por otro lado, debe considerarse que si el evento se llena más en una próxima edición, se requerirían más pantallas hacia el oeste, de manera que las personas más lejos de la tarima puedan apreciar bien el espectáculo. Eso también tiene que ver con la disposición de las tarimas “VIP”, que interrumpían la visibilidad y estrechaban el espacio para bailar o moverse por el sector. ¿Tiene sentido hablar de espacios “VIP” en este contexto? Espero que las comillas dejen claro lo que pienso.
Ahora bien, otro aspecto por considerar es el aprovechamiento del espacio y el entretenimiento a lo largo del día. Si desean iniciar temprano, habría que contemplar darle a la gente, sobre todo a los niños, más actividades. Tampoco es convertir aquello en feria, pero algunos juegos, inflables, luces, pintacaritas, algo que llene el espacio más extenso entre Subway y Pequeño Mundo, y la entrada oeste del evento, ubicada cerca del antiguo bar Río.
Allí podrían ubicarse mesas largas para comer y descansar, en una zona que debe iluminarse mejor. Finalmente, una señalización clara y atractiva ayudaría a la circulación de los asistentes por los diferentes sectores: cómo llegar a los baños, dónde está la comida, áreas libres. ¿Y será ese el mejor sitio para lanzar los fuegos artificiales?
Dicho eso, si la Municipalidad de Montes de Oca decide continuar con el evento, tiene un buen antecedente, y desde mi punto de vista, las mejoras son fruto del “aprendimos esta primera vez” y no del tipo “esto fue un desastre”. Si el 2027 lo recibimos allí de nuevo, será fácil sanar esos pequeños baches, y ahora que las personas disfrutaron de ese espacio ordenado y familiar, sabrán que pueden llegar desde más temprano y animar más la fiesta.

