
El ecuatoriano Pablo Salazar Canelos llegó a Costa Rica hace poco más de dos meses y, por ahora, parece vivir una pequeña luna de miel con el país que acaba de convertirse en su nueva casa. Economista con una maestría en Economía del Sector Público por la Universidad de York (Reino Unido), con especialización en Economía Ambiental por FLACSO Ecuador y proveniente del Fondo de Población de Naciones Unidas en Bolivia, aterrizó en San José para asumir como coordinador residente de la ONU tras la salida de Allegra Baiocchi a inicios de año.
Entre reuniones institucionales, diagnósticos sobre seguridad y desigualdad y el aterrizaje en un nuevo contexto político, Salazar habla con entusiasmo de sus mañanas de tenis, de caminatas por La Sabana y el Parque de La Paz, de los chicharrones y el chifrijo, y de una ciudad que —asegura— tiene una vida cultural más diversa de la que muchos imaginan. “Cuando uno se sube al ascensor todo el mundo dice buenos días”, repite, todavía sorprendido por la cortesía cotidiana costarricense.
Pero ese idilio empieza inevitablemente a cruzarse con el clima político y social que encuentra: el aumento de la violencia, las tensiones institucionales, el debate sobre democracia y desigualdad y la sensación de polarización que atraviesa a buena parte de América Latina.
¿Qué hace exactamente un coordinador residente de Naciones Unidas? En pocas palabras, es una figura creada hace unos nueve años que es encargada de articular el trabajo del sistema ONU en el país, coordinar agencias, tender puentes con el Gobierno y ayudar a conectar prioridades nacionales con apoyo técnico internacional. Sobre eso —y sobre el país que empieza a descubrir— conversó con Revista Dominical.
—Aunque antes no era así, ahora hay una sensación de que están ocurriendo muchas circunstancias apremiantes en Costa Rica. ¿Qué le sorprendió al llegar?
—Costa Rica siempre me ha sorprendido. Yo ya había trabajado antes temas aquí de Objetivos de Desarrollo Sostenible, población y desarrollo, pero desde siempre me ha parecido un país fascinante por su estructura demográfica, que es muy distinta a la del resto de Centroamérica y más parecida a países como Uruguay o Chile por la velocidad de sus cambios demográficos. Lo que más me sigue sorprendiendo hoy es el nivel de civilidad.
El continente está extremadamente polarizado. En casi todos los países, cuando uno pregunta por temas importantes, todo parece 50-50: a favor o en contra. Es parte del signo de los tiempos.
Sin embargo, aun cuando aquí pueda sentirse que hay mucha tensión o polarización, sigo encontrando muchísimos espacios para dialogar, acordar y conversar.
Y no hablo de figuras políticas específicas, sino de las personas, las familias, los hogares, los colegas, los amigos, la gente de a pie. Siento todavía una apertura al diálogo histórico que Costa Rica ha mantenido.
También veo un Estado de derecho con capacidad para procesar controversias, y siento que ese sigue siendo un valor persistente en la sociedad costarricense.

—Aunque al mismo tiempo existe una sensación de desgaste del Estado de derecho, como ataques a la independencia de poderes. En ese escenario, ¿cuál es su agenda?
—Nuestro rol siempre está guiado por tres grandes pilares: paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo. Yo admiro mucho algo de Costa Rica: que no haya tenido que llegar a escenarios extremos para priorizar ciertos problemas.
”Por ejemplo, en seguridad ciudadana, Costa Rica no ha tenido que esperar tasas de 70 homicidios por cada 100.000 habitantes para entender que es un tema urgente.
”Voy a usar el ejemplo de mi propio país, Ecuador. Hace poco más de diez años, Ecuador tenía alrededor de dos homicidios por cada 100.000 habitantes. Hoy estamos por encima de la media regional, con territorios de altísima violencia. Eso fue un deterioro progresivo, asociado a malas decisiones estratégicas y políticas. Si el país hubiera tomado más en serio ciertas señales hace cinco o siete años, probablemente hoy el escenario sería diferente.
”Entonces, nunca es tarde para actuar. Y me parece positivo que Costa Rica, aun estando por debajo del promedio regional, tenga hoy una alta preocupación social por la seguridad.
”Nosotros vemos la seguridad no solo desde la respuesta inmediata, sino desde los factores estructurales: empleo, movilidad social, educación, sistemas de protección social, oportunidades reales, paz...
—Pero cuando uno habla de inclusión social o paz, pareciera que esos discursos ya no le llegan a la gente. La gente quiere empleo, ingresos, sobrevivir. ¿Cómo entra usted en ese escenario, donde hablar de paz o liderazgo parece haber perdido fuerza?
—Esto no puede manejarse solo desde San José ni desde un escritorio. Nosotros tenemos presencia en cerca del 80% de los municipios del país y la gran pregunta es cómo actuar, porque la situación cambia de territorio en territorio. Las oportunidades, las trayectorias de movilidad social, las dinámicas económicas y los riesgos son distintos. Todo eso lo estudiaré.
”Hay lugares donde existen más posibilidades de ascenso social y otros donde prácticamente no existen. Eso implica romper con un imaginario que todos hemos escuchado: esta idea de que algunas personas prefieren una vida intensa en la criminalidad durante diez años, aunque sea corta, antes que una vida larga marcada por exclusión, pobreza y ausencia de movilidad social.
”Pero también implica construir alternativas. Por ejemplo, en muchos países aprender idiomas se convirtió en un mecanismo de movilidad social. Pero tampoco sirve de mucho si después no hay empleo en las comunidades.
”Voy a usar un ejemplo de Bolivia. Siempre me preguntaba por qué en El Alto —un municipio muy pobre, con fuerte población aimara y una historia ligada a la migración minera— había tanta gente hablando mandarín.
”Resulta que buena parte del comercio informal de esta feria, una de la más grandes de América Latina, funciona a partir de productos chinos. Hasta hay anécdotas muy curiosas: unas llamitas de colores que venden en aeropuertos bolivianos, típicamente asociadas al imaginario local, se fabrican en China porque no había forma rentable de producirlas localmente. Entonces aparecen brokers, diseñadores, intermediarios y cadenas económicas nuevas.

”Eso nos obligaba a pensar algo muy importante: no se puede entender el desarrollo de El Alto sin entender su relación con Asia y con los mercados transpacíficos.
”Entonces, ¿cómo se racionaliza eso? ¿Cómo se convierte en oportunidad? ¿Cómo se crean hubs logísticos, industrias de adaptación o servicios asociados?
”Y eso solo se entiende trabajando con la gente, escuchando qué quieren hacer y cuáles son sus aspiraciones. Pero no hay recetas universales.
—En Costa Rica la demografía del “rodriguismo” no suele ser muy afín al discurso de Naciones Unidas e incluso suelen ver con sospecha temas como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, muchas veces alimentados por desinformación. ¿Cuál es su estrategia para construir una relación con el Gobierno?
—La estrategia tiene que ser la misma que históricamente ha tenido Naciones Unidas: trabajar alineados con las prioridades nacionales. Entonces, el primer gran trabajo es conversar constantemente con el Ministerio de Planificación y con las instituciones del Estado sobre cuáles son las prioridades reales del país.
”Nosotros podemos tener mil buenas ideas, pero eso no significa que sean las prioridades nacionales. Pongo un ejemplo con transición energética. ¿Qué necesita Costa Rica? ¿Necesita más generación eléctrica limpia? ¿Necesita sustituir combustibles fósiles? ¿Desarrollar transporte limpio? ¿Convertirse en un hub digital con inteligencia artificial y centros de datos? Porque si ese es el objetivo, se necesitará mucha más energía y capacidad de enfriamiento.
”O quizá la prioridad está en descarbonizar el transporte o transformar residuos en biometano. Entonces, primero hay que entender hacia dónde quiere caminar el país.
”A partir de eso, nosotros podemos aportar conocimiento, experiencias comparadas y asistencia técnica.
”Lo segundo es algo importante: vengo de trabajar en contextos donde Naciones Unidas no siempre ha sido particularmente popular. Y creo que tenemos que estar abiertos a la crítica, pero también explicar mejor lo que hacemos.
”Por ejemplo, la Agenda 2030 no es una agenda “de Naciones Unidas” impuesta desde afuera. Es una agenda acordada por los Estados miembros.
”Costa Rica, junto con otros países, decidió establecer objetivos mínimos sobre desarrollo, sostenibilidad y bienestar. Ahora bien, más allá de ciertas narrativas políticas, Costa Rica sigue siendo un actor internacional importante en derechos humanos, océanos y desarrollo sostenible. Tiene incluso una candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas. Sería extraordinario tener una mujer latinoamericana liderando el sistema.
”Pero también creo que tenemos que sentarnos con quienes no están de acuerdo con nosotros. Escuchar, conversar y entender dónde están las diferencias.
”A veces son malentendidos o temas semánticos; otras veces son desacuerdos de fondo. Pero incluso ahí puede existir desacuerdo respetuoso.

—¿Le preocupa lo que está viendo en Costa Rica?
—Tengo un dicho de mi esposa: hay que ocuparse más que preocuparse. Todos los países tienen desafíos. Hay que reconocerlos, escucharlos y enfrentarlos. Por ejemplo, hemos tratado de acercarnos al Poder Judicial. Muy pronto vamos a firmar un memorando de entendimiento sobre áreas de cooperación.
”También hemos conversado con la presidencia de la Asamblea Legislativa sobre ciertas prioridades. Nos falta todavía profundizar más el diálogo con el Ejecutivo, porque llevo poco tiempo acá. Pero sí creo que existen espacios para diálogo y construcción, aunque haya desacuerdos.
”Yo espero que durante el tiempo que esté en Costa Rica podamos decir que el país mantuvo principios democráticos fundamentales: una justicia independiente, institucionalidad fuerte y autonomía de poderes.
”Ahora bien, también existen espacios de mejora. La propia Corte ha reconocido que algunos procedimientos penales requieren actualización. Probablemente hay instrumentos pensados hace 30 años que hoy ya no responden a la realidad del crimen organizado o de nuevas dinámicas sociales.
”El reto es modernizar sin sacrificar derechos fundamentales, garantías procesales o principios democráticos. Por eso también hacen falta métricas, metas y mecanismos de rendición de cuentas. Yo soy optimista sobre lo que Costa Rica puede lograr.

—Mucha gente siente que Naciones Unidas ha perdido músculo, tanto financiero como político, además de estar muy golpeada por críticas de conflictos internacionales, como Gaza. ¿Qué tan fuerte está la ONU hoy?
”Aunque muchos piensen lo contrario, la ONU está fuerte. Y se puede probar con que mantenemos presencia global.
”El sistema de coordinación residente, del que yo formo parte, tiene alrededor de 130 coordinadores desplegados en países del mundo, algunos cubriendo más de un país.
”Ahora bien, Naciones Unidas es una estructura extraordinariamente compleja y eso a veces hace difícil comprender cómo funciona. La ONU no es una sola cosa. Muchas veces se piensa que el secretario general decide unilateralmente crear agencias o cambiar prioridades, pero no funciona así. Son los Estados miembros quienes toman decisiones.
”Un país puede decidir financiar directamente una agencia, reducir fondos o aumentar aportes dependiendo de sus prioridades políticas. Entonces sí, hay agencias que pueden verse más afectadas por cambios políticos dependiendo de quién las financia. Pero no existe una sola realidad financiera uniforme para todo el sistema.
”En el caso del secretariado y las operaciones de paz, muchas veces estamos hablando de operaciones costosas, largas y complejas, porque acompañan procesos políticos, reconstrucción institucional o resolución de conflictos. Y los procesos de paz no son sencillos.
”Dicho eso, también creo que Naciones Unidas viene atravesando reformas importantes.
”Yo he estado recientemente en conversaciones con Estados miembros y la percepción sobre el sistema de coordinación residente suele ser bastante positiva: lo ven más ágil, más útil y más cercano a las prioridades nacionales.
”Las críticas existen y son razonables, especialmente alrededor de temas como gobernanza global o el funcionamiento del Consejo de Seguridad.
”Pero nuevamente: las reglas del juego no las define unilateralmente Naciones Unidas. Las definen los Estados.
”Yo siempre uso una analogía sencilla: imagínese una empresa donde hay un gerente y empleados, pero la junta directiva no quiere cambiar una política.
”El gerente puede pensar que hace falta cambiar, los empleados también, pero si la junta no toma decisiones, el margen es limitado.
”En Naciones Unidas, la junta son los Estados miembros. Entonces, si el sistema debe transformarse, son ellos quienes tienen que acordarlo. Pero más allá de todo, seguimos haciendo lo que nos corresponde con integridad.
