Roberto García H.. 31 agosto

Cuán lejos estábamos años atrás de reparar siquiera en la existencia de un mozalbete quien, con la bendición de su madre, abordó un día el autobús de su natal Pedregoso, decidido a dejar el sur para labrarse un norte, más allá del Cerro de la Muerte.

Una de las escenas más bellas de la película Hombre de fe, es la fotografía del paisaje generaleño. La ruta de asfalto se pierde a veces entre un mágico entorno de naturaleza pródiga, mientras identificamos, en planos alternos del filme, al carajillo lleno de sueños, y no pocos temores, mirando por la ventana del bus y aproximándose a la capital, sin sospechar en aquel momento que la decisión tomada lo llevaría a romper todos los moldes imaginables y, finalmente, a su consagración internacional.

Keylor Navas Gamboa se ha convertido en un maestro de vida para chicos y grandes, no tanto por sus extraordinarias condiciones atléticas y futbolísticas, de las que sobra reiterar conceptos, sino por las lecciones que ofrece de disciplina, resistencia, persistencia, fuerza mental y –muy importante– resciliencia, término que la psicología define como la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas.

Porque Navas cree en sí mismo, mientras tantos dudan de él; persiste con obstinado afán en su sitial de honor como guardameta del Real Madrid, mientras la lógica de otros, aconseja desistir. Asume sus logros con humildad, y encara las jornadas tristes con una fuerza interior ejemplarizante. Con ambos impostores, léase victoria y fracaso, le ha tocado lidiar en distintas ocasiones, sin traicionar sus principios. Tampoco abandona la sensatez ni sus palabras medidas, pocas, pero claras y contundentes.

Nuestro compatriota recibió el jueves el trofeo para el mejor guardameta de la Champions League 2017-2018, en la ceremonia de gala que incluyó el sorteo de la fase de grupos del certamen 2018-2019. Cabe destacar que la actividad se realizó en el Principado de Mónaco, como se denomina en realidad a ese mítico país, cuyo lema nacional, escrito en latín, es: Déo Juvante. Traducido al español, significa: “Con la ayuda de Dios”… Otro guiño del destino para nuestro hombre de fe.