Esteban Valverde. 12 diciembre, 2019
Ariel Santana en un viaje a Nueva York con los veteranos del Saprissa. Fotografía: Cortesía
Ariel Santana en un viaje a Nueva York con los veteranos del Saprissa. Fotografía: Cortesía

Ariel Santana tiene 31 años, pero a los 27 decidió colgar los botines. Sin duda el apellido de este jugador está totalmente ligado a la historia del Saprissa, porque es el de su padre Carlos Santana, histórico futbolista de los 70′s y 80′s de la S.

No obstante, Ariel, contrario a su padre, sintió a temprana edad que su desarrollo integral estaba fuera de los campos de juego.

Ariel no tuvo que esperar a tener más de tres décadas o una carrera larga para entender qué quería para su vida, tampoco vivió angustias porque asegura que siempre disfrutó de buena remuneración, simplemente desde el día uno de su carrera entendió que la vida no giraba en torno al balompié y debía de prepararse más allá del fútbol.

Él contó que fue testigo de cómo las becas deportivas que tienen diferentes equipos con universidades privadas se perdían, ya que la mayoría de jugadores las desaprovechan o prefieren no incluirlas en sus contratos, porque consideran que el estudio no es necesario.

El exdelantero no dejó ir su chance; por el contrario, cada vez que tuvo la oportunidad de incluir en sus ofertas a la universidad, no dudó en hacerlo.

“Muchos no aprovechan, pero los equipos tienen convenios de becas bastantes buenos. Yo aproveché el estudio, desde Saprissa me lo dieron y casi toda mi carrera profesional la saqué con becas, yo tuve que pagar muy poco. Un 90% de mi carrera me la dio el fútbol, solo cuando estuve en Belén y en el exterior no me pagaban la U. Tardé cinco años estudiando, por el deporte”, recordó.

El consejo de su padre siempre fue estudie, no juegue, empero cuando se consolidó en la Primera División, él le prometió a don Carlos que haría ambas cosas y al final no lo defraudó.

“Mi papá jugó toda su vida, Esteban (Santana) también, ellos se dedicaron a la parte deportiva y buscaron luego que yo priorizara el estudio, por ejemplo mi papá me decía: ‘No juegue, estudie, yo le voy a dar todo’. Yo más bien le decía: ‘No pa, yo voy a estudiar y a jugar’, al final lo logré. Yo siempre tuve claro que tenía que tener una carrera profesional, al final me comprometí”, mencionó.

De hecho, el ahora administrador de empresas recuerda muy bien que fue en 2013 cuando consiguió graduarse y todo gracias a que vino del exterior, después de una experiencia en Tailandia, con la clara meta de cerrar ese capítulo.

Santana es claro que conforme se fue adentrando en el fútbol profesional, también llegó a entender que el deportista no cuenta con ventajas que tienen los trabajadores normales, tales como aguinaldo, vacaciones y otras facilidades. Ante esto, él prefirió buscar estos beneficios y no depender del deporte.

“Con 27 años me retiré. El fútbol es lo más lindo que hay en el mundo, pero por lo menos a nivel nacional no genera la estabilidad que yo buscaba, a mí me iba bien, no me podía quejar, pero hay condiciones que este deporte no da, condiciones que para usted o para mí ahora son normales, cuando saqué la carrera universitaria decidí buscar eso que el fútbol no da como los aguinaldos, las vacaciones... ese tipo de cosas”, declaró.

En ocasiones extraña el fútbol, no esconde que le hace falta hacer el deporte, pero tampoco es que se desvive por volver. Así hace una semana decidió rechazar una oferta de un equipo de la Liga de Ascenso para regresar.

Santana Jr., como le dicen algunos, cuenta que de vez en cuando juega con los veteranos del Saprissa o el equipo del Banco Davivienda, donde trabaja.

“Ya hace cuatro años me retiré, tomé la decisión en ese momento y ahora me dedico al trabajo bancario. En abril cumplo cuatro años de estar en Davivienda, la verdad es que ha sido un cambio radical porque es algo distinto, pero ya estamos acá y estoy muy agradecido con Dios y con la institución. Tengo puesto de jefatura y me sirvieron mis estudios en Administración. Yo estudié mientras jugaba, me gradué en 2013 después de jugar en Tailandia. Yo siempre jugué y estudié, busqué ese balance, aunque sé que no es algo común en el futbolista”, recalcó.

Cerrar la puerta del fútbol no fue sencillo, aún así no se arrepiente de la decisión tomada.

"Sí pensé mucho el retiro, me hace falta. Mi papá me dijo que no dejara de jugar, pero yo sabía que para mis objetivos de vida este era un paso que debía dar. Al inicio pensaron que era mejor no dejarlo por temas salariales, pero al final en mi familia me apoyaron", recordó.

Sobre su carrera deportiva, el exgoleador de cuadros como Belén, entre otros, dijo sentirse feliz, aunque es claro que al inicio tuvo inconvenientes para manejar lo que significa ser futbolista del Saprissa.

“Me siento bendecido con Dios, lo que quise lo logré: jugar con Saprissa, ser campeón, salir al exterior, yo no me puedo quejar. Lo único es que si hubiese regresado el tiempo, habría cambiado muchas cosas, habría sido más exigente, pero me siento feliz y agradecido con Dios por lo que me dio”.

"Cuando inicié me fue muy bien, fui mejor novato, pero las luces distorsionaron otras cosas. La madurez te limita a seguir creciendo y querer más y más. Me limité de querer más y creí que todo iba a ser igual y no trabajé como debía, como cuando estaba en liga menor, las luces de Saprissa no las aproveché como debí", agregó.

Ariel nunca le temió al apellido que llevaba en la espalda cuando jugaba.

“Fue la mejor sombra que pude tener, porque mi papá dejó huella. Siempre tuve que vivir con temas comparativos, viví por mi nada más, no para igualar o mejorar. Nunca tuve comparación con él porque no lo hay, él fue y será en Saprissa y yo pues me dediqué a lo mío. Los temas comparativos siempre se dan pero siempre lo agarre para vacilar, yo dije: ‘él si era bueno, yo no’”, finalizó.

Ariel Santana se retiró a los 27 años. El hijo de una leyenda morada que priorizó una carrera profesional sobre una trayectoria deportiva.

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