Fiorella Masís. 16 octubre

Hace aproximadamente seis años, cuando Mathew Bolaños García apenas terminaba la escuela, el técnico Luis Diego Arnáez lo invitó a entrenar con Jacó Rays, en ese momento equipo de la Liga de Ascenso.

Era un niño, no tenía posibilidad de jugar en el torneo, pero su técnica con la pierna zurda llamó tanto la atención del entrenador nacional que, pensó, podía ayudarle en las prácticas.

Mathew (azul) y su hermano, Jefferson, en una cancha en Jacó. Foto: Cortesía Alba García
Mathew (azul) y su hermano, Jefferson, en una cancha en Jacó. Foto: Cortesía Alba García

“Él iba a entrenar con el equipo del comité de deportes y Arnáez después entrenaba con segunda y lo vio”, cuenta el papá de Mathew, Gersan Bolaños.

Poco importó su edad, recuerda Arnáez, pues cumplía muy bien. Las diferencias se notaban solamente cuando tocaba ir al cuerpo, pero en ese aspecto se encargó de proteger al puntarenense.

“Ya uno veía que técnicamente era sobresaliente. Cuando hacía falta algún jugador me ayudaba bastante porque era muy bueno. Lo poníamos y era uno más. No es algo normal (que entrene un niño en segunda), pero él pasaba muy bien el balón, pases precisos...”

Gersan Bolaños y su esposa, Alba García, concuerdan en algo: su hijo traía el talento, pero la experiencia al lado de diferentes técnicos fueron puliendo las habilidades que hoy lo tienen con el primer equipo de Saprissa.

Mathew Bolaños García durante un entrenamiento con el Saprissa. Foto: Facebook Saprissa
Mathew Bolaños García durante un entrenamiento con el Saprissa. Foto: Facebook Saprissa

Mathew, hoy de 18 años, debutó el domingo anterior en la derrota de los tibaseños 1-0 ante Limón. Ingresó de cambió y disfrutó de sus primeros minutos en la máxima categoría.

Era el momento más esperado para él y su familia desde que tomó la decisión de ser un jugador profesional. Eso sucedió a los 14 años, cuando Saprissa mostró interés.

Antes de que Manuel “Puro” Ureña y Enrique Rivers, de la S, también fueran captados por las destrezas de Bolaños, su proceso llevó varios etapas.

A los cuatro años sus papás lo llevaron a una escuela dirigida por Luis Fernando Fallas, quien les dijo que todavía no era un buen momento, pero después regresó y estuvo hasta los siete, aproximadamente.

También tuvo los consejos de Enrique Quique Vásquez, en otro proyecto privado; en el Comité de Deportes de Parrita estuvo al mando de Ronald Carraco Chávez, después compartió con Arnáez y Federico Sandí (entrenador en su escuela).

Con este último llegó la oportunidad de participar en el programa de selecciones regionales de la Fedefútbol. En una eliminatoria en el Lito Pérez lo vieron Ureña y Rivers.

“Nos buscaron y nos dijeron: ‘ya tenemos referencia de Mathew’”, asegura su mamá, Alba Mejía.

Quien había dado parte de esas referencias fue Luis Roberto Sibaja, en ese entonces coordinador de selecciones regionales.

“Es un jugador de muchas condiciones. Es muy interesante, con buena técnica, con gran actitud para entrenar y jugar. En la visoria nacional destacó tanto que Saprissa lo fichó”, recuerda Sibaja.

Al mismo tiempo fue construyendo su historial en selecciones nacionales. Empezó con la Sub-15, estuvo en la Sub-17 y ahora forma parte de la Sub-20.

Bolaños aparece en el equipo morado en una posición difícil de encontrar: lateral izquierdo, pero en realidad el puntarenense ha pasado por muchos lugares en la cancha.

Mathew Bolaños tras finalizar un torneo de Uncaf Sub-18 en el Estadio Rafael Bolaños. Foto: Cortesía
Mathew Bolaños tras finalizar un torneo de Uncaf Sub-18 en el Estadio Rafael Bolaños. Foto: Cortesía

Hace algunos años jugó de volante, “lo manejaron como un 10, 8, extremo, después Cristian Salomón (su técnico en Sub-17) lo puso de central”, mencionó su progenitor.

Se mantuvo en ese puesto, hasta noviembre del 2019, cuando Vladimir Quesada (DT de la Sub-20) lo envió a la banda.

“Le dijo que necesitaba probarlo de lateral porque estaban cortos en esa posición. Yo le digo a él, si le ofrece de lateral, métale con ganas, entre más polifuncional sea, mejor”, comenta su mamá.

Finalmente, esa terminó siendo la puerta hacia el primer equipo morado. Al lesionarse Wálter Cortés, el otro lateral morado, apareció su oportunidad.

La técnica no ha sido la única virtud, también influye seguir los consejos de sus padres.

Cuando Saprissa mostró interés en reclutarlo, don Gersan y doña Alba le hablaron claro: si quiere esto, necesita ser muy disciplinado y eso no solo incluye fútbol.

Le dijeron que el estudio es también una prioridad. Actualmente Bolaños cursa su segundo año de Administración de Empresas en la Universidad Hispanoamericana, gracias a un convenio de la institución tibaseña.

Alejarse de la playa a la que disfrutaba ir con sus amigos, dejar a sus papás en Jacó y empezar una nueva vida, primero en casa de un amigo en Alajuela, y ahora solo en Tibás, están valiendo la pena.

Mathew todavía es una promesa para uno de los puestos más buscados en Saprissa y el fútbol nacional. Sin embargo, ya llegó al escalón que todos sueñan.