En Buenos Aires de Puntarenas, la distancia hacia la Gran Área Metropolitana (GAM) no solo se mide en kilómetros. Son 209 km hasta San José y casi cuatro horas por carretera. Pero para muchos vecinos, la lejanía también es política: hablan de carreteras que tardan años en terminarse, de proyectos que se anuncian y no se concretan, y de políticos que prometen y luego desaparecen tras las elecciones.
Esa distancia, según dicen, también se expresó en las urnas. El 70% del electorado del cantón respaldó a la presidenta electa Laura Fernández, del Partido Pueblo Soberano (PPSO). Para muchos no fue solo una decisión política, sino una señal de cansancio y la expectativa de que, tal vez, esta vez, la periferia sea escuchada.
A las 10 a. m. del pasado 5 de febrero, el calor ya empezaba a sentirse en Buenos Aires. Desde la entrada principal del cantón destacaban las banderas turquesa de Pueblo Soberano, visibles en fachadas y postes. Durante un recorrido hecho por un equipo de La Nación no se observaron símbolos de otras agrupaciones.
Con una población de 54.782 habitantes, Buenos Aires mantiene un centro pequeño y tradicional: una iglesia frente al parque, la Municipalidad, un supermercado, bancos estatales y comercios locales. Madres y padres observan a sus hijos jugar en el parque, mientras otros esperan el autobús hacia comunidades más alejadas.
Esa escena cotidiana se repite en otros cantones donde el respaldo a Fernández también fue abrumador. Puerto Jiménez (69,9%), Guácimo (69,3%) y Osa (68%) no solo tienen porcentajes similares de votación; también, comparten realidades económicas y sociales marcadas por rezagos históricos.
Según el Índice de Desarrollo Social del 2023, del Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica (Mideplan), estos territorios periféricos se ubican entre los cantones con menor desarrollo social del país: Puerto Jiménez registra 13,02 puntos sobre 100; Buenos Aires, 15,33; Osa, 32,31; y Guácimo, 38,18.
Competitividad con rostro territorial
A unos diez minutos, en el barrio Las Guacas, las calles sin pavimentar levantan polvo frente a plantaciones de piña. Allí, en una casa adornada con banderas turquesa, sentados en una larga silla de madera, doña Ana Mari Herrera y Jafet Castellón hablan del futuro.
Ana Mari, vecina de toda la vida del cantón, desea una Costa Rica donde existan oportunidades de trabajo, salud y educación.
“Es lo que espero para un país como Costa Rica, que todos podamos vivir bien. Es lo que uno quiere para los nietos y, a como estábamos antes, ya era preocupante. Entonces, esperemos que todo esto (el gobierno de Laura Fernández) nos lleve a un balance bueno, a un país para bien”, declaró escuetamente.
En Buenos Aires, la agricultura de piña, café, granos básicos y caña de azúcar, y la ganadería constituyen una de las principales fuentes de empleo, según información del gobierno local. Sin embargo, la generación de puestos en el sector agro ha venido en descenso en Costa Rica.
De acuerdo con la Encuesta Continua de Empleo (ECE), del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la cantidad de personas ocupadas en esas actividades pasó de 244.031 a 196.874 entre el trimestre móvil octubre-diciembre de 2016 y el mismo periodo del 2025.
Esto equivale a una reducción de 47.157 empleos en la última década, es decir, una caída cercana al 19%.
Jafet Castellón, de unos 25 años, espera que “ahora sea diferente, por el bien de las próximas generaciones”. Indicó que, desde que estaba niño, ha visto demasiado “chanchullo” por parte de los gobiernos, por lo que, según sus palabras, es el momento de que el país se llene de oportunidades de cambio y desarrollo, especialmente para los jóvenes.
Esa aspiración convive con cifras que reflejan rezagos estructurales. El INEC posicionó a la región Brunca, a la que pertenece Buenos Aires, entre las zonas con mayor incidencia de la pobreza del país, con un 23,8%.
Por su parte, el Índice de Competitividad Nacional (ICN) 2025, que evalúa pilares como infraestructura, acceso a tecnologías, calidad institucional, salud y habilidades de la población, colocó a Buenos Aires en el puesto 74 de 82 cantones evaluados. Golfito aparece en el lugar 71; Guácimo, en el 72; y Osa, en el 64.
En su informe, el ICN destacó que la competitividad costarricense tiene “rostro territorial”, pues avanza en el centro del país, pero se estanca en las costas.
La baja competitividad de los cantones costeros se vincula con deficiencias en infraestructura, seguridad y acceso a la educación técnica, factores que dificultan la atracción de inversión y la generación del empleo formal en esos territorios periféricos.
Seguridad: una demanda que atraviesa la periferia
A 25 minutos del centro se encuentra el Territorio Indígena de Ujarrás. El trayecto atraviesa caminos largos y soleados donde es común ver personas caminar con cultivos a la espalda.
Allí, en un poblado de alrededor de 50 viviendas, Abelardo Estrada espera que el nuevo gobierno impulse, a través de la Asamblea Legislativa, cambios en el Poder Judicial para que quienes cometan delitos enfrenten consecuencias más severas y no anden en la calle delinquiendo.
A esa preocupación se suma Ana Mari, quien también espera que la seguridad sea una prioridad en la nueva administración. “Que las personas puedan andar de un lado a otro sin encontrar problemas. La generación que viene en camino debe ver que se puede vivir bien y dejar tanta cuestión de drogas y narcotráfico”, indicó.
Las cifras muestran que la seguridad es un tema sensible en varias de las zonas donde Laura Fernández obtuvo amplio respaldo. Según datos del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), el Partido Pueblo Soberano (PPSO) ganó en los 18 cantones con mayores niveles de violencia en el país.
Aunque en Buenos Aires se registraron tres homicidios en 2025 y bajos índices de criminalidad, en el cantón Central de Puntarenas la cifra ascendió a 49.
Otros puntos periféricos también reportaron números elevados el año pasado: el cantón Central de Limón contabilizó 82 homicidios; Matina, también en Limón, 27; Santa Cruz, en Guanacaste, 25; y Guácimo, en Limón, 23.
Identidad, invisibilización y esperanza
Buenos Aires es uno de los cantones con mayor diversidad de etnias y territorios indígenas del país. Más del 20% de su población se identifica como indígena y el territorio está dividido en nueve distritos, según datos municipales.
En ese contexto, para las vecinas del barrio Santa Cruz, Lisbeth García y Lidia Granados, el respaldo dado a la presidenta electa también tiene un componente identitario. Ambas señalaron que esperan que Laura Fernández, al conocer y entender las realidades fuera de la GAM, por ser originaria de Esparza, Puntarenas, impulse cambios reales en los cantones de la periferia.
Por su parte, la alcaldesa Margoth Mora indicó a La Nación que el apoyo recibido por Fernández en ese cantón responde a un sentimiento de invisibilización histórica. A su criterio, Buenos Aires ha estado desconectado del Gobierno Central y relegado frente a territorios con mayores índices económicos y de desarrollo.
“En Costa Rica el poder se concentra en los cantones de mayor índices económicos y los cantones de menor índice social y económico somos los más afectados y más atropellados”, aseveró.
Las cifras respaldan parte de esa percepción. De acuerdo con el Índice de Progreso Social Cantonal (IPS) 2024, el cantón de Buenos Aires figura en el nivel más bajo de desempeño general.
Dicho indicador, elaborado por el Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (Clacds) del Incae, evalúa dimensiones como Necesidades Humanas Básicas, Fundamentos del Bienestar y Oportunidades.
